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Artículos - marzo 2008

Que ladren, que ladren contra la Monarquía, que Nosotros seguimos cabalgando y con gran éxito, por cierto, en la misma Cataluña donde unos republicanos separatistas vuelven a las andadas arrancando placas de calles del barrio de Gracia dedicadas a mi padre, el Rey,  y a Mí mismo.

Mientras unos nos buscan las vueltas aireando asuntos privados o presuntos conflictos familiares, otros se pasan en la adulación. Me acuerdo ahora de esa fotografía que publicó la revista Hola! de un gesto de los Reyes captado al día siguiente de las recientes elecciones, durante el acto de botadura del Juan Carlos I, en Ferrol.

A esa publicación, que sabe que mis Augustos Padres nunca se han prodigado en caricias, primero porque se salen del protocolo y segundo porque no, le faltó tiempo para presentar como un cariñoso beso de la Reina lo que posiblemente fuera un comentario discreto, para que no lo oyeran los demás, pero que debido a la incipiente sordera de Su Majestad en algunos casos obliga a aproximar la boca a la oreja.

Pues eso, que junto a los que describen situaciones idílicas están quienes, como esa asociación joven de Barcelona, practican la afrenta.

¿Será lo de las placas una respuesta a la brillantísima y oportunísima intervención de la Princesa, el otro día, en la entrega de premios de la Fundació Internacional de la Dona Emprendedora? Nadie esperaba sus tres largos párrafos pronunciados en fluido catalán, resultando especialmente cercanas al auditorio sus últimas palabras en dicha lengua refiriéndose a Mí: "Ell aprecia i valora la vostra tasca. M'ha dit que us faci arribar la seva enhorabona".

Claro, que no ha sido ese discurso el único merecedor de aplauso. Han pasado más desapercibidas, porque las pronunció en español, sus atinadas y bien enlazadas palabras en la entrega de los premios de literatura infantil de la Fundación SM.

Y para quienes gustan de fiscalizar sus intervenciones públicas, con peor intención de los que comentan sus cambios de vestuario, les aviso que en breve aportará otro de sus granitos de arena durante un encuentro internacional sobre idiomas y medios de comunicación en la cuna del castellano, en San Millán de la Cogolla.

Se ha organizado cierto revuelo por la publicación de un libro que incluye diez cartas de mi Augusto Padre que recibí ¡hace más de veinte años! durante el curso que estudié en Canadá.

Se han desatado las especulaciones sobre quién ha filtrado dicha correspondencia, asunto éste que no me preocupa por su contenido sino porque puede ser la primera de futuras filtraciones sobre asuntos particulares de la Familia Real.

Esta semana, sin ir más lejos, se han divulgado los detalles de ese pelotazo inmobiliario que dió un primo mío a cuenta de la venta del chalé de Villa Giralda, la residencia de mi Abuelo (q.e.p.d.) en Madrid. Una operación comercial que al final se ve envuelta en una actuación judicial por estafa de los compradores. Vaya por Dios.

Y para completar este capítulo de filtraciones, ahí están las crónicas publicadas en El Mundo y las imágenes en televisión sobre algo tan privado como la presencia de Su Majestad en la celebración del 90 cumpleaños de Sabino Fernández Campo, antiguo jefe de la primer.

Conociendo de qué pie cojea Sabino, no extraña su dudoso gusto de juntar en su onomástica al Rey con periodistas del corazón que no han mantenido la boca sellada, incluso le fotografiaron en la fiesta con la complicidad sabiniana.

Vuelvo a lo de las cartas en el libro El Príncipe y el Rey firmado por José Gª Abad. Son diez misivas que recibí durante mi estancia en Lakefield College desde finales de 1984 a mediados de 1985, aunque el elemento más morboso en el que se apoya la promoción del libro es un comentario sarcástico del Rey contra mi Amada Esposa atribuido de una manera muy poco rigurosa: ni está claro que esas palabras salieran de la boca de mi Augusto Padre ni que se refiriera a quien pretende el autor del libro.

Es esa frase "Mira, ésta que es muy lista, pero que muy lista, hará durar la monarquía por la cuenta que le tiene, aunque sólo sea para conservar el empleo". Para empezar, el autor está declarando que fue testigo directo del comentario, pero en el libro dice que fue pronunciado en un corrillo "de devotos" entre los que no se incluye.

Además no deja claro a qué persona se refería y sitúa esa manifestación en el 12 de octubre de 2003, antes de que se anunciara nuestro compromiso matrimonial y cuando ningún corrillo de devotos conocía nuestra relación.

Siempre hay caldo de cultivo para hablar de malas relaciones de Su Majestad y la Princesa. Parece como si hubiera una conspiración, más por intereses comerciales que políticos, para conseguir un enfrentamiento entre ambos, para arrojar carnaza a la opinión pública.

En cuanto a la filtración de las cartas, por ser yo su responsable como destinatario, puedo decir cuatro cosas, siempre guiado por la prudencia a la que me obliga mi alta posición:

1.- No es correspondencia personal y manuscrita que el Rey me mandaba directamente. Son cartas escritas a máquina y, como cualquiera entiende, no se ponía Su Majestad al teclado.

2.- Pasaban por diferentes manos antes de ser enviadas y antes de que Yo las recibiera, pues era el teniente coronel ayudante José Antonio Alcina quien me controlaba en Canadá.

3.- Leyéndolas se comprueba que no contienen ninguna intimidad ni secreto, sino buenos y sabios consejos de Rey a Príncipe, redactados con una riqueza de lenguaje y calidad sintáctica que hacen pensar en que algún asesor inspiraba a mi Augusto Padre.

4.- ¿Origen de la filtración? Esas cartas ya circularon antes de que el citado Alcina publicara, en la editorial de Pedro J. Ramírez, Felipe VI. Así se formó el Príncipe heredero. Curiosamente, ha sido el diario El Mundo, también de la empresa de Pedro J. que preside mi antigua tutora Carmen Iglesias, el que ha dado la primicia del libro con las cartas...

No quiero seguir con las coincidencias o casualidades que se ciernen en torno a El Príncipe y el Rey, ni especular sobre el filtrador de las cartas. Eso lo sabe el autor y, quizás, algunos de los interlocutores de los que se ha servido para escribir un libro muy poco amable hacia mi Persona y hacia Su Majestad, como Sabino Fernández Campo, Luis María Ansón o José Antonio Alcina.

Y me queda una pregunta sin respuesta: ¿habrá algún desaprensivo que se haya lucrado filtrando una corresponencia particular?

Estos días de descanso pensaba que serían ocasión de comentar con mi Augusto Padre y mi Amada Esposa el futuro político una vez celebradas las elecciones. Pero no ha sido el único tema. Noticias recientes me han llevado a interesarme por algo que parece anacrónico pero  como Heredero no debo perder de vista

Me refiero a una serie de movimientos en torno a las Órdenes Militares y Órdenes de Caballería aún existentes. Y, sobre todo, a lo que la prensa de todo el mundo ha calificado nada menos que como resurrección de la Orden de los Caballeros Templarios que, por cierto, dispone de su propia web.

En plena Semana Santa el periódico The Daily Telegraph ha publicado un anuncio a toda página que, bajo el titular La Antigua y Noble Orden de los Caballeros Templarios, da a conocer un proceso de organización con el fin de solicitar al Papa Benedicto XVI su restauración "con los deberes, derechos y privilegios" propios del siglo XXI.

Habrá quien tenga noticia de los templarios sólo por El Código da Vinci, pero ese anuncio de prensa se apoya en dos realidades: en el otoño pasado el Vaticano levantó el secreto sobre el Folio de Chinon, un documento que prueba que la disolución de los templarios por herejes, en 1312, y la muerte en la hoguera de su Gran Maestre obedecieron a oscuros intereses del francés Felipe IV contra el criterio de la Iglesia.

La segunda realidad es que en Gran Bretaña existe desde 2003 una organización benéfica que lleva el nombre de Caballeros Templarios, cuyas actividades públicas se han limitado a patrocinar pruebas deportivas, y cuyos miembros llevan camisetas blancas con la cruz Pate roja del Temple, como se aprecia en la fotografía adjunta.

En la Familia Real hemos de estar atentos a lo que se mueva en esas asociaciones por sus vínculos históricos con la Corona española. Por eso estos días hemos visto la conveniencia de obtener información de Buckhingam Palace sobre ese presunto resurgimiento templario.

Lo que está pasando en las últimas semanas no sé si son meras coincidencias o, como le parece a la Princesa, síntoma de otra cosa, porque antes de lo de The Daily Telegraph han pasado otras cosas:

Primero, el relevo de Lugarteniente para España Occidental de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, cargo que ha pasado del teniente general Pardo de Santayana al militar de igual rango y Caballero Comendador, Juan García y Martínez, que también es Duque de San Pedro de Galatino.

Posteriormente hemos conocido el nombramiento de nuevo Gran Maestre de la Soberana Orden Militar de Malta, a la que pertenece Su Majestad el Rey y con estatus de Estado sin territorio, que ha recaído en el británico Mattew Festing.

Menos mal que, a lo que parece, los comentaristas y la prensa en general se han relajado ante las vacaciones de Semana Santa y han bajado la guardia. Eso ha permitido que hasta el momento (toco madera) haya pasado desapercibida la inoportuna estampa ofrecida por el duque de Lugo acompañado de su hijo en una corrida de toros en la feria de las Fallas.

Desconozco cómo será la normativa de la Comunidad Valenciana al respecto, pero no resulta muy edificante ver a un niño de 9 años asistiendo a ese espectáculo taurino, en el que por cierto salieron a hombros figuras como El Juli y El Fandi.

Aunque su madre, mi Hermana mayor, sea muy aficionada a la fiesta nacional, la Princesa me ha hecho ver lo impropio que resulta que un hijo de una Infanta de España asista con 9 añitos a una corrida, aunque su padre vistiera a la criatura de chaqueta y corbata.

También ha pasado sin pena ni gloria el anuncio aparecido en una web sobre Semana Santa de que, tras laboriosas gestiones, los Príncipes de Asturias habíamos aceptado los nombramientos de Hermano Mayor Honorario, en mi caso, y de Camarera de Honor, en el de mi Amada Esposa, de una veterana cofradía con larguísima denominación:

Antigua y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilatos y María Santísima de los Remedios. Ahí es nada.

Como es norma de la Casa y aconseja el protocolo, ni Nosotros ni ningún otro miembro de la Real Familia podemos hacer favoritismos hacia cualquier cofradía de las que estos días desfilan por las calles de España. Una cosa es Antonio Banderas en su Málaga natal, y otra bien diferente el Heredero que no puede hacer distingos entre españloles.

Sí aceptamos todos los años lo que ya es un regalo con larguísima tradición: las palmas que antes del Domingo de Ramos nos envían desde el taller de los Serrano Valero, en Elche. También le envían una al Papa, que este año la ha utilizado en Roma, aunque la más grande es la que han confeccionado para la Reina, adornada con una cruz y un cáliz, y muy vistosa ha sido la recibida por la Princesa: una palma rematada en su copa por una corona real.

Aprecio en mi esposa, la Princesa, que no me traslade todas sus inquietudes y angustias sobre todo cuando no son consecuencia de su posición institucional. Si el otro día comentaba el acoso periodístico que no se limita a Ella sino que se extiende a toda su familia, hoy esa reflexión sigue de actualidad por las reacciones ante la hospitalización de su abuelo materno.

Yo sé que mi Amada Esposa capta perfectamente, y lleva cuenta, del tono con el que la prensa del corazón se refiere a sus parientes más directos. Así, en el caso de su abuelo casi todas las reseñas lo identifican como taxista jubilado, pero unos como mera descripción y otros con ánimo peyorativo.

Esos últimos satisfacen los bajos instintos no sólo de círculos de la alta sociedad, sino de personas de origen igual de plebeyo pero tan corroídas por la envidia que descalifican a la Princesa por ser del pueblo, desde posiciones presuntamente progresistas.

Sobre el estado de salud de su abuelo, un honorable jubilado de 90 años de comportamiento discreto (apenas se le conocen declaraciones) nada voy a comentar. Ni siquiera la Casa del Rey ha facilitado dato alguno sobre su hospitalización, cosa que algunos cotillas no han entendido pero está muy clara:

La Familia Real es la que es, la Familia del Rey la componen quienes la componen e igual ocurre con la Casa Real o dinastía, y a ninguna de ellas pertenecen familiares directos de la Princesa de Asturias.

Es una distinción que a la revista Hola! le lleva a informar sobre los parientes más cercanos de la Princesa en su sección de Famosos y no en la de Realeza. Así también se sienten con más soltura o desinhibición para escribir.

En otros casos, como le ha ocurrido a Jaime Peñafiel, el afán crítico hacia mi Amada Esposa que sustenta sus comentarios le ha llevado a asegurar sin mala intención pero con resultado de pésimo gusto, que ser abuelo de la futura Reina "es como de infarto, que al final le ha pasado factura".

A veces es mejor que no se acuerden de ti, ni siquiera para elogiarte. Mucho menos para compadecerte.

# miércoles, 12 de marzo de 2008 11:19

La alta sociedad que no traga a la Princesa

Que si la hermana de la Princesa se oculta con su embarazo, que si su abuelo celebra el cumpleaños con una paella en nuestra residencia, que si mi Amada Esposa ha ordenado a un escolta requisar unas fotos, que si no tenemos claro en qué colegio matricular a nuestra Hija mayor el próximo curso, que si... No pasan tres días sin algún sobresalto periodístico.

Un Rey se debe a su pueblo, también el Heredero. Por eso y por lo que significa la institución monárquica, toda la Familia Real hemos de cuidar mucho la imagen sin dejar de mostrarnos cercanos a la gente.

Eso ya lo sabemos, pero ¿qué pasa cuando la atención pública se extiende a todos nuestros parientes? Pues que algunos de ellos, sin comerlo ni beberlo (otros parecen buscarlo) se ven perseguidos por los reporteros de la prensa rosa sin tener la protección de los miembros de la Real Casa.

Es la familia de mi Amada Esposa la más vulnerable. Su hermana vivía tranquila en Filipinas pero una vez terminado su contrato ha vuelto a Madrid para pasar aquí el embarazo y dar a luz. Tiene alergia a los fotógrafos y a la observación de sus movimientos -no olvida el daño que esa presión ocasionó a su hermana fallecida-, pero no hay forma.

Que si se refugió en el pueblo asturiano de su abuela, que si ahora está acogida en el Pabellón del Príncipe, todo ganas de hurgar en la vida de una mujer sobre quien no cesan de recordar que no está casada con el padre de su próximo bebé. Se trata de un cotilleo muy del agrado de pérfidas damas de alta cuna que a mi Amada Esposa no le perdonan ser plebeya, como dicen.

Porque es la propia Princesa quien se lleva la palma en el seguimiento  y fiscalización de todos sus movimientos. ¡Y eso que no hace declaraciones! Lo último ha sido buscar un debate público sobre una exagerada versión de un asunto nimio ocurrido en una fiesta infantil. Lo que se presentó como extralimitación de un escolta para requisar unas fotos de nuestra Querida Hija siguiendo órdenes de su Madre, fue algo sin mayor importancia según se aclaró desde la Casa.

He advertido a la Princesa que esté alerta porque en determinados círculos de la alta sociedad, los que frecuentan el Club Puerta de Hierro donde ocurrió lo de la foto de la Infanta, Ella no ha sido aceptada como Princesa de Asturias. Y en ese clima, cualquier detalle diferencial se magnifica y se dramatiza.

En mi caso no sufro ese tipo de acoso, pero hay halagos que se podían ahorrar sus autores, como los gestores de ese hotel alicantino de superlujo que me felicitaron el cumpleaños invitándome a pasar un fin de semana en una suite. Se les contestó agradeciendo la felicitación y, como no es de protocolo rechazar la invitación, simplemente no se aludía a la misma.

Pues van y divulgan públicamente que han recibido respuesta de la Casa sin decir sí o no a lo de la suite, con lo que no descartan que acceda a ocuparla. O sea, promoción comercial gratis a costa del Heredero.

No he tenido tiempo para una reunión tranquila con personal de la Casa a fin de conocer análisis sobre el resultado electoral, pues al punto de la mañana nos hemos puesto rumbo a Ferrol para asistir, junto a Sus Majestades, a la botadura del buque de la Armada Española Juan Carlos I.

No obstante, la noche del recuento ha sido suficiente para sacar unas primeras conclusiones, a las que ha contribuido las finas interpretaciones que hace mi esposa, la Princesa. Digamos que desde el punto de vista de la Monarquía lo más sobresaliente es que estas elecciones han servido para que el pueblo español muestre su desafección respecto a las veleidades republicanas más combatientes.

Estoy pensando en los dos perdedores Esquerra Republicana de Catalunya e Izquierda Unida, cuyas bajadas notorias de votos las tienen al término de la legislatura donde más agresivos se han mostrado con la Corona. Igual que algunos mensajes/exabruptos en el foro de este blog.

Sobre todos los separatistas catalanes, que por suerte para España han pagado muy cara, y en coste popular que es el que duele, su aventura de quema de retratos de los Reyes. La misma ERC cuyos diputados destacaban por peticiones intervencionistas sobre cuestiones privadas de la Familia Real.

Si aquellos han bajado de 8 a 3 diputados, no menos llamativo a ha sido el descenso de 5 a 2 de Izquierda Unida. Este grupo, más serio y sólido que ERC, últimamente insistía en sus posiciones republicanas de una forma algo ingenua. Y de su seno surgió en once ayuntamientos andaluces el verano pasado el llamado Proceso Constituyente por la República.

Así que por el lado de los partidos republicanos me alivian sus fracasos. Pero eso no es todo.

¿Los resultados totales, es decir, las posiciones en las que quedan el PSOE y el PP auguran un periodo de mayor estabilidad institucional?

No dispongo de los dictámenes de expertos, pero las primeras impresiones no aseguran esa tranquilidad necesaria para afrontar la crisis económica, para hacer frente al terrorismo, para atemperar los desafíos nacionalistas, para aclarar la organización territorial y para reformar la Constitución en lo que se refiere a los derechos sucesorios a la Corona.

Pero bueno, hoy me toca jornada castrense en Ferrol y en este ambiente se evita hablar de política, aunque me huelo que alguna indirecta podemos escuchar sobre la ausencia del Presidente del Gobierno o la inadecuada fecha elegida para el acto que allí nos convoca: la botadura de la mayor nave de la Armada Española, un buque de proyección estratégica, operativo como portaaviones y para transportar toda clase de fuerzas militares.

Lo han bautizado Juan Carlos I, único caso en el que el Rey va detrás del Heredero, ya que nuestro primer portaaeronaves lleva el nombre de Príncipe de Asturias. Anécdotas aparte, no es buen síntoma y me consta que a mi Augusto Padre no le hace mucha gracia, que a un acto tan importante para nuestras Fuerzas Armadas y donde están presentes Sus Majestades  y los Príncipes, no asista el jefe del Gobierno.

Me comentaba el miércoles un catedrático de sociología que una prueba del mal rollo que ha presidido esta campaña electoral es que en una sociedad tan ingeniosa e irreverente como nuestra piel de toro las únicas muestras de humor, ironía o sarcasmo hayan estado en los productos multimedia de los partidos mayoritarios.

Ni siquiera la niña de Rajoy ha dado mucho de sí y a los orgasmos democráticos confesados públicamente por el socialista Zerolo tampoco se les ha sacado demasiada punta. Hace un mes el ballenato dedicado a Mariano Rajoy y algunos vídeos del canal PSOE parecían abrir paso a un ambiente de cierto desenfado, pero no ha sido así.

Han existido novedades en el marketing electoral, según me ha hecho ver la Princesa, pero limitado a las cuñas publicitarias insertadas en las emisoras de radio, con una agresividad nunca vista y con alusiones directas, imitaciones o ridiculizaciones del partido rival o de su líder. Y aparte, el uso de YouTube que no siempre ha sido brillante aunque los entendidos destacan el vídeo del PP La mujer desengañada y el colgado por el PSOE con el título El domingo vota con todas tus fuerzas.

Soy más bien serio, por algo he salido en carácter más a mi Augusta Madre, pero en este caso esa falta de distensión me inquieta, no vaya a ser presagio de algo feo, y no estoy pensando en una conmoción nacional como los atentados de hace cuatro años.

Me refiero a que, institucionalmente, sería mala cosa que las urnas no arrojaran el domingo un resultado claro. Que una especie de empate técnico colocara al Rey en la disyuntiva de optar para su propuesta entre el partido con más votos o el partido con más escaños.

¡Dios no quiera que la Corona se vea en semejante tesitura! Bastante tocados están ya los poderes del Estado, tras los espectáculos poco edificantes que ofrecen estos días algunos miembros del Poder Judicial como para que encima saliera salpicada la Jefatura del Estado.

P.S. Entenderéis que esa imagen tan representativa del toro de Osborne me evita usar la de un líder político, tal es la neutralidad que debe mostrar el Heredero.

Podría echar mano de ciertas expresiones para definir cómo nos encontramos en estos momentos los miembros de la Real Familia, pero las evito para no pecar de vulgaridad o grosería. Digamos que en época de campaña, sobre todo en su recta final, casi pasamos a estado de hibernación.

Cualquier gesto, cualquier viaje, cualquier palabra se observarían con lupa y con ganas de sacar punta, con o sin motivo. Por ello, optamos por un low profile, discreción absoluta, máxima prudencia. De hecho, la Casa no me ha programado ninguna audiencia esta semana, ni tampoco a la Princesa. Y solamente tres para el Rey, de puro trámite y compromiso.

Y buenas oportunidades para actuar no faltan, sobre todo a Su Majestad. "Podría hacer de hombre bueno y conciliar a Colombia, Venezuela y Ecuador en estos momentos de tensión", me dice la Princesa. Pero, claro, el Jefe del Estado no puede mover un dedo sin el acuerdo del  Gobierno y no sé si Zapatero o Moratinos tendrán ganas y autoridad para hacer ese planteamiento a los países en conflicto.

Sin olvidar dos cosas. Que aún pesa el recuerdo del Por qué no te callas y que habría que conocer si el desafío de Hugo Chávez va en serio o es bravuconada.

Otro asunto, menos importante pero mucho más delicado, que necesitaría de la mano izquierda del Rey es la proyectada visita de Ana de Inglaterra a Gibraltar para inaugurar un hospital. En Buckhinghan Palace y en Downing Street saben lo mal vistos que están esos viajecitos de los Windsor al territorio sobre el que España reclama su soberanía. En la Corte británica son muy suyos para estas cosas, aunque mi Augusto Padre es de los pocos monarcas que pueden dar un toque a Su Graciosa Majestad.

No debo desvelar si lo ha hecho en esta casión. Esperemos a ver qué ocurre en las próximas semanas, porque el colmo sería que Ana Windsor se plantara en Gibraltar en vísperas de las elecciones. ¡Menudo sapo para Zapatero!

Por cierto, que desde hace un tiempo me ronda la idea de hacer aquí algo parecido a The Royal Channel, el canal en YouTube de la Monarquía británica, cuyo vídeo de presentación lo protagoniza el Príncipe Charles, heredero de la Corona.

¿Por qué no podría hacer Yo otro tanto en España? No tengo claro si plantearlo formalmente, ni siquiera en la intimidad familiar, porque nuestra Monarquía necesita hacer patente su encarnación en mi Augusto Padre, evitando iniciativas que le resten protagonismo. Quizás podría hacerse respetando esa preponderancia y así modernizar y popularizar la imagen de la Corona.

Me gustaría conocer vuestras opiniones, las de los seguidores de este blog.

Mientras tanto, lo dicho. Que en situaciones como las de estos días el Rey, y el Heredero, hemos de permanecer atados de pies y manos. Yo puedo aprovechar estos días como una especie de semana blanca, pero me aconsejan que no me disperse mucho por lo que pueda pasar.