Se ha organizado cierto revuelo por la publicación de un libro que incluye diez cartas de mi Augusto Padre que recibí ¡hace más de veinte años! durante el curso que estudié en Canadá.
Se han desatado las especulaciones sobre quién ha filtrado dicha correspondencia, asunto éste que no me preocupa por su contenido sino porque puede ser la primera de futuras filtraciones sobre asuntos particulares de la Familia Real.
Esta semana, sin ir más lejos, se han divulgado los detalles de ese pelotazo inmobiliario que dió un primo mío a cuenta de la venta del chalé de Villa Giralda, la residencia de mi Abuelo (q.e.p.d.) en Madrid. Una operación comercial que al final se ve envuelta en una actuación judicial por estafa de los compradores. Vaya por Dios.
Y para completar este capítulo de filtraciones, ahí están las crónicas publicadas en El Mundo y las imágenes en televisión sobre algo tan privado como la presencia de Su Majestad en la celebración del 90 cumpleaños de Sabino Fernández Campo, antiguo jefe de la primer.
Conociendo de qué pie cojea Sabino, no extraña su dudoso gusto de juntar en su onomástica al Rey con periodistas del corazón que no han mantenido la boca sellada, incluso le fotografiaron en la fiesta con la complicidad sabiniana.
Vuelvo a lo de las cartas en el libro El Príncipe y el Rey firmado por José Gª Abad. Son diez misivas que recibí durante mi estancia en Lakefield College desde finales de 1984 a mediados de 1985, aunque el elemento más morboso en el que se apoya la promoción del libro es un comentario sarcástico del Rey contra mi Amada Esposa atribuido de una manera muy poco rigurosa: ni está claro que esas palabras salieran de la boca de mi Augusto Padre ni que se refiriera a quien pretende el autor del libro.
Es esa frase "Mira, ésta que es muy lista, pero que muy lista, hará durar la monarquía por la cuenta que le tiene, aunque sólo sea para conservar el empleo". Para empezar, el autor está declarando que fue testigo directo del comentario, pero en el libro dice que fue pronunciado en un corrillo "de devotos" entre los que no se incluye.
Además no deja claro a qué persona se refería y sitúa esa manifestación en el 12 de octubre de 2003, antes de que se anunciara nuestro compromiso matrimonial y cuando ningún corrillo de devotos conocía nuestra relación.
Siempre hay caldo de cultivo para hablar de malas relaciones de Su Majestad y la Princesa. Parece como si hubiera una conspiración, más por intereses comerciales que políticos, para conseguir un enfrentamiento entre ambos, para arrojar carnaza a la opinión pública.
En cuanto a la filtración de las cartas, por ser yo su responsable como destinatario, puedo decir cuatro cosas, siempre guiado por la prudencia a la que me obliga mi alta posición:
1.- No es correspondencia personal y manuscrita que el Rey me mandaba directamente. Son cartas escritas a máquina y, como cualquiera entiende, no se ponía Su Majestad al teclado.
2.- Pasaban por diferentes manos antes de ser enviadas y antes de que Yo las recibiera, pues era el teniente coronel ayudante José Antonio Alcina quien me controlaba en Canadá.
3.- Leyéndolas se comprueba que no contienen ninguna intimidad ni secreto, sino buenos y sabios consejos de Rey a Príncipe, redactados con una riqueza de lenguaje y calidad sintáctica que hacen pensar en que algún asesor inspiraba a mi Augusto Padre.
4.- ¿Origen de la filtración? Esas cartas ya circularon antes de que el citado Alcina publicara, en la editorial de Pedro J. Ramírez, Felipe VI. Así se formó el Príncipe heredero. Curiosamente, ha sido el diario El Mundo, también de la empresa de Pedro J. que preside mi antigua tutora Carmen Iglesias, el que ha dado la primicia del libro con las cartas...
No quiero seguir con las coincidencias o casualidades que se ciernen en torno a El Príncipe y el Rey, ni especular sobre el filtrador de las cartas. Eso lo sabe el autor y, quizás, algunos de los interlocutores de los que se ha servido para escribir un libro muy poco amable hacia mi Persona y hacia Su Majestad, como Sabino Fernández Campo, Luis María Ansón o José Antonio Alcina.
Y me queda una pregunta sin respuesta: ¿habrá algún desaprensivo que se haya lucrado filtrando una corresponencia particular?