
No he tenido tiempo para una reunión tranquila con
personal de la Casa a fin de conocer análisis sobre el resultado electoral, pues al punto de la mañana nos hemos
puesto rumbo a Ferrol para asistir, junto a Sus Majestades, a la
botadura del buque de la Armada Española
Juan Carlos I.
No obstante, la noche del recuento ha sido suficiente para sacar unas primeras conclusiones, a las que ha contribuido las finas interpretaciones que hace mi esposa, la Princesa. Digamos que desde el punto de vista de la Monarquía lo más sobresaliente es que estas elecciones han servido para que el pueblo español muestre su desafección respecto a las veleidades republicanas más combatientes.
Estoy pensando en los dos perdedores Esquerra Republicana de Catalunya e Izquierda Unida, cuyas bajadas notorias de votos las tienen al término de la legislatura donde más agresivos se han mostrado con la Corona. Igual que algunos mensajes/exabruptos en el foro de este blog.
Sobre todos los separatistas catalanes, que por suerte para España han pagado muy cara, y en coste popular que es el que duele, su aventura de quema de retratos de los Reyes. La misma ERC cuyos diputados destacaban por peticiones intervencionistas sobre cuestiones privadas de la Familia Real.
Si aquellos han bajado de 8 a 3 diputados, no menos llamativo a ha sido el descenso de 5 a 2 de Izquierda Unida. Este grupo, más serio y sólido que ERC, últimamente insistía en sus posiciones republicanas de una forma algo ingenua. Y de su seno surgió en once ayuntamientos andaluces el verano pasado el llamado Proceso Constituyente por la República.
Así que por el lado de los partidos republicanos me alivian sus fracasos. Pero eso no es todo.
¿Los resultados totales, es decir, las posiciones en las que quedan el PSOE y el PP auguran un periodo de mayor estabilidad institucional?
No dispongo de los dictámenes de expertos, pero las primeras impresiones no aseguran esa tranquilidad necesaria para afrontar la crisis económica, para hacer frente al terrorismo, para atemperar los desafíos nacionalistas, para aclarar la organización territorial y para reformar la Constitución en lo que se refiere a los derechos sucesorios a la Corona.
Pero bueno, hoy me toca jornada castrense en Ferrol y en este ambiente se evita hablar de política, aunque me huelo que alguna indirecta podemos escuchar sobre la ausencia del Presidente del Gobierno o la inadecuada fecha elegida para el acto que allí nos convoca: la botadura de la mayor nave de la Armada Española, un buque de proyección estratégica, operativo como portaaviones y para transportar toda clase de fuerzas militares.
Lo han bautizado Juan Carlos I, único caso en el que el Rey va detrás del Heredero, ya que nuestro primer portaaeronaves lleva el nombre de Príncipe de Asturias. Anécdotas aparte, no es buen síntoma y me consta que a mi Augusto Padre no le hace mucha gracia, que a un acto tan importante para nuestras Fuerzas Armadas y donde están presentes Sus Majestades y los Príncipes, no asista el jefe del Gobierno.