Que si la hermana de la Princesa se oculta con su embarazo, que si su abuelo celebra el cumpleaños con una paella en nuestra residencia, que si mi Amada Esposa ha ordenado a un escolta requisar unas fotos, que si no tenemos claro en qué colegio matricular a nuestra Hija mayor el próximo curso, que si... No pasan tres días sin algún sobresalto periodístico.
Un Rey se debe a su pueblo, también el Heredero. Por eso y por lo que significa la institución monárquica, toda la Familia Real hemos de cuidar mucho la imagen sin dejar de mostrarnos cercanos a la gente.
Eso ya lo sabemos, pero ¿qué pasa cuando la atención pública se extiende a todos nuestros parientes? Pues que algunos de ellos, sin comerlo ni beberlo (otros parecen buscarlo) se ven perseguidos por los reporteros de la prensa rosa sin tener la protección de los miembros de la Real Casa.
Es la familia de mi Amada Esposa la más vulnerable. Su hermana vivía tranquila en Filipinas pero una vez terminado su contrato ha vuelto a Madrid para pasar aquí el embarazo y dar a luz. Tiene alergia a los fotógrafos y a la observación de sus movimientos -no olvida el daño que esa presión ocasionó a su hermana fallecida-, pero no hay forma.
Que si se refugió en el pueblo asturiano de su abuela, que si ahora está acogida en el Pabellón del Príncipe, todo ganas de hurgar en la vida de una mujer sobre quien no cesan de recordar que no está casada con el padre de su próximo bebé. Se trata de un cotilleo muy del agrado de pérfidas damas de alta cuna que a mi Amada Esposa no le perdonan ser plebeya, como dicen.
Porque es la propia Princesa quien se lleva la palma en el seguimiento y fiscalización de todos sus movimientos. ¡Y eso que no hace declaraciones! Lo último ha sido buscar un debate público sobre una exagerada versión de un asunto nimio ocurrido en una fiesta infantil. Lo que se presentó como extralimitación de un escolta para requisar unas fotos de nuestra Querida Hija siguiendo órdenes de su Madre, fue algo sin mayor importancia según se aclaró desde la Casa.
He advertido a la Princesa que esté alerta porque en determinados círculos de la alta sociedad, los que frecuentan el Club Puerta de Hierro donde ocurrió lo de la foto de la Infanta, Ella no ha sido aceptada como Princesa de Asturias. Y en ese clima, cualquier detalle diferencial se magnifica y se dramatiza.
En mi caso no sufro ese tipo de acoso, pero hay halagos que se podían ahorrar sus autores, como los gestores de ese hotel alicantino de superlujo que me felicitaron el cumpleaños invitándome a pasar un fin de semana en una suite. Se les contestó agradeciendo la felicitación y, como no es de protocolo rechazar la invitación, simplemente no se aludía a la misma.
Pues van y divulgan públicamente que han recibido respuesta de la Casa sin decir sí o no a lo de la suite, con lo que no descartan que acceda a ocuparla. O sea, promoción comercial gratis a costa del Heredero.