
A una periodista de
Abc, especializada en información sobre la Monarquía y bien conocida en Zarzuela, se le ha
ocurrido publicar en qué consiste el tratamiento
antienvejecimiento de mi Augusto Padre.
Bueno, lo cuenta con cierta habilidad dando por hecho que el Rey sigue unas de las prescripciones que marca la Clínica Planas de Barcelona, de la que es cliente, para frenar o disimular el deterioro del cuerpo por el paso del tiempo.
Si Su Majestad se puso hace años en manos de los especialistas de esa clínica no fue por seguir la moda del lifting o por coquetería, sino porque considera que es imprescindible prolongar todo lo que pueda su misión institucional. Y si alguna vez Él no lo tiene claro, enseguida le convencen los más conspicuos políticos, historiadores y juristas de que continúe sosteniendo la Corona de España.
Hablando en plata, que gracias al sofisticado tratamiento de la Clínica Planas -alimentación sana, complejos vitamínicos, ejercicios físicos y mentales- se descarta una posible abdicación que me dé paso como Heredero.
En ese prestigioso centro tienen soluciones para casi todo, desde la corrección de orejas al aumento de mamas, glúteos o pantorrillas, pero son pioneros en España en fórmulas contra síntomas del envejecimiento, utilizando la radiofrecuencia contra el descolgamiento de la piel en mejillas y cuello.
A Mí, lo de haber llegado a la cuarentena sin atisbar cuando ocuparé la Jefatura del Estado no me preocupa especialmente, aunque tampoco me tranquiliza. No me importa esperar si en esa espera se resuelven problemas que me superan, como el terrorismo etarra y la configuración territorial del Estado. También si es un tiempo que a la Princesa y a Mí nos permite estar más pendientes de la educación de nuestras Hijas.
Pero con los avances del antiaging, la medicina "antiedad", me puedo ver como Carlos de Inglaterra, ocupando la Corona en una edad cercana a la de la jubilación del cualquier ciudadano, con menos tiempo que mi Augusto Padre para un reinado con impronta personal y, sobre todo, para asegurar la continuidad en mi primogénita.
O sea, que no me pongo dramático pero en breve me va a llegar también la hora del antiaging, no vaya a ser que se me pase el arroz antes de cumplir mi misión histórica.