
Me he enterado de que el diputado Joan Herrera, de Iniciativa per Catalunya Verds (versión catalana de IU), tras su
visita a Zarzuela en la ronda de consultas del Rey con los grupos parlamentarios,
ha contado en su blog más de lo que debía.
Por otra parte, han llegado a mis ojos imágenes de la última ceremonia de presentación de cartas credenciales por los nuevos embajadores en el Palacio Real. Y de entre ellas ha llamado mi atención el saludo de la representante del Reino de Tailandia a mi Augusto Padre.
Postrada rodilla en tierra, la excelentísima señora Atchara Seriputra reverenció a Su Majestad como nadie lo hace ya en Europa. La estampa me ha impresionado, no porque me ilusione recibir genuflexiones de altas damas sino por lo que significan del modo de ver a la realeza en las culturas orientales.
Aquí eso queda completamente desfasado, pero hemos de mantenernos alerta para no pecar de lo contrario. Aunque el primer gobierno de Zapatero decidiera suprimir los tratamientos honoríficos en la Administración General del Estado -todo el mundo igualado por el usted y el don/doña-, no se entiende la Corona sin su protocolo.
En la Familia Real somos comprensivos con las nuevas mentalidades, pero no debemos perder nuestro sitio.

Por eso, a ningún caballero se le afea que no incline ligeramente la cabeza al saludarnos ni a ninguna señora que no haga un amago de flexión.
Pero hay quienes confunden nuestra afabillidad con la familiaridad y, como se puede ver en las fotos que acompañan este post, se toman demasiadas confianzas con el Rey.

Unas normas de protocolo que incluyen sobriedad y discreción, la que no ha mostrado el diputado de ICV que antes citaba, quien en su blog narra su visita a Zarzuela, destacando que llevaba corbata por obligación y desvelando que, en una conversación sobre cambio climático, mi Augusto Padre criticó a Al Gore"aparte de escuchar "mis explicaciones sobre el desastre de Cercanías en Cataluña y de la necesidad de ir hacia un modelo federal".