
Cuando el 29 de abril del año pasado cogí por primera vez en brazos a nuestra segunda Hija me asaltó la duda: ¿debo cumplir lo prometido el día que anunciamos nuestro compromiso sobre
cuántos hijos deseábamos tener? El mismo pensamieno cruzó mi mente cuando
la presentamos ante la Virgen de Atocha.
En aquella primera ocasión no dudé en comprometerme públicamente a "más de dos hijos pero menos de cinco", para dejar bien asegurada la cadena dinástica. Pero hace ahora un año, tras el nuevo nacimiento por cesárea y un complicado embarazo, no veía claro que fuera prudente ir a por el tercero. O la tercera, porque a la vista está el poderío de los cromosomas femeninos en la familia de mi Amada Esposa, más que en la Borbón.
Cuando lancé aquella cifra no lo hice al tuntún: esa es una previsión prudente para solventar diferentes eventualidades que se puedan presentar en el futuro. La más preocupante de ellas es que llegado el momento de designar nuevo Heredero/a con el título de Príncipe o Princesa de Asturias, siguiera vigente la preferencia del varón sobre la mujer que establece la Constitución.
Ese riesgo parece que se ha conjurado con el nacimiento de dos hembras, pero ¿y si vamos a por el tercero y nace un varón?, ¿tendría más derechos que sus hermanas mayores?, ¿intervendría en el asunto el nuevo Ministerio de Igualdad?
Esas dudas son prematuras porque mientras no me llegue el momento de asumir la Corona, no hay heredero ni heredera que nombrar.
Pero la vida da muchas vueltas, a veces fallan todas las previsiones y eso aconseja desde hace tiempo algo a lo que Su Majestad y Yo mismo hemos dado nuestro consentimiento: modificar el artículo 57 de la Constitución para terminar con la discriminación de la mujer.
En torno a esto hay un problema político que ni Aznar ni Zapatero se han atrevido a abordar. Y no es lo que dicen algunos maledicentes de que aquella reforma me colocaría detrás de mi Hermana Mayor en el orden sucesorio. No. El problema es que el cambio constitucional requiere un referéndum más unas elecciones y dicen que sería ocasión para poner en entredicho la Monarquía como institución.
Pero, claro, mientras los políticos siguen dudando qué hacer, cómo y cuándo, aquí ando Yo cogido entre dos fuegos: mi dichosa promesa de "más de dos y menos de cinco" y las condiciones físicas de la Princesa, que a los 35 ó 36 años aún podría afrontar una tercera cesárea, pero con menos seguridad que antes.