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Artículos - mayo 2008

Por estar llamado a ocupar la Corona de España (cuando toque) me preocupa mi preparación, que no terminó con los estudios universitarios ni la actualizo sólo con visitas a lugares de interés.

Sale, por ejemplo, el presidente Ibarretxe con una ley para hacer un referéndum que le permita otro referéndum ¿y cuál ha de ser mi posición? Bueno, mi posición está clara en ese caso pero ¿con qué criterios y argumentos la sustento?

O, por poner otro ejemplo, pescadores y agricultores se echan a la calle regalando pepinos y merluzas, demostrando que el precio para los consumidores se incrementa en un 400 ó 500 por 100 ¿y cómo he de interpretar esas protestas?

Sólo puedo afrontar estos y otros problemas que surjan con una formación continua, como los buenos profesionales. Una herramienta de esa formación son los análisis sociológicos fiables y rigurosos como el que acaba de caer en mis manos, bueno, exactamente me lo ha pasado la Princesa: la última gran encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Con el nombre de Latinobarómetro y datos recogidos de 2.500 entrevistas realizadas en noviembre de 2007, esa encuesta representa un retrato de lo que piensan y sienten los españoles más valioso que muchos informes gubernamentales que llegan a la Casa.

El estudio -que no incluye la Monarquía- descubre que el grupo o institución en el que depositan más confianza los españoles son los bomberos (60%), muy por delante del Gobierno (8%), de la empresa privada, de los jueces o de los diputados (pregunta 24).

Quienes salen peor parados son los partidos políticos que al 69,7% de los españoles les inspiran poca o ninguna confianza (pregunta 27), la misma pésima valoración que el 59% adjudica a la televisión, y eso que el televisor y el frigorífico están presentes en el 99% de los hogares.

Curiosamente, después de los bomberos las instituciones más apreciadas son la Policía y las Fuerzas Armadas. Los periodistas deberían tomar nota de la poca confianza que suscitan los medios de la comunicación, radio y periódicos incluidos.

El desapego hacia los partidos y la actividad parlamentaria se corresponde con el hecho de que el 64,9% de la población dice que la política le interesa poco o nada (pregunta 59) y un porcentaje algo superior declara que casi nunca habla de política con los amigos (pregunta 61). Eso no quita para que haya simpatías y antipatías definidas respecto a líderes extranjeros.

Por lo que refiere al aprecio de los españoles por los diferentes servicios públicos, los datos que arroja esta encuesta del CIS me resultan llamativos (pregunta 57), no tienen nada que ver con las informaciones que nos llegan del Gobierno. Los servicios con los que hay mayor grado de satisfacción son, por este orden:

  • Recogida de basuras
  • Alcantarillado
  • Asistencia sanitaria
  • Educación

Y los que producen más insatisfacción, el sistema de pensiones y los servicios municipales.

Para completar el caudal de datos y de sugerencias que me aporta el Latinobarómetro me vendría bien que los seguidores de este blog me digáis si os identificáis con esas respuestas mayoritarias en la encuesta del CIS. Es obvio que no pertenecéis a ese 47% de la población que nunca ha usado correo electrónico ni ha entrado en internet (pregunta 107).

Viajar a cuerpo de rey es lo que ha hecho Su Majestad estos días por los emiratos del Golfo. No hay más que ver imágenes de la gira para comprobar que allí no se andan con miramientos a la hora de vivir en el lujo y de compartirlo con sus huéspedes. Sobre todo si estos son tan queridos como lo es mi Augusto Padre en los palacios árabes.

Pero, como siempre, las apariencias engañan porque no se ha tratado de un viaje de placer, sino de trabajo. Más concretamente para ampliar relaciones comerciales y financieras de España con los emiratos, por lo que ha ido acompañado de selectos empresarios españoles que han firmado acuerdos provechosos.

Ese es uno de los servicios que la Corona presta a la nación, no solamente cumplir funciones representativas. Así me lo han enseñado y procuro colaborar en ese tipo de gestiones, única forma de arraigar la Monarquía y que no pase lo que está ocurriendo en algunas Cortes tan repletas de lujo asiático, nunca mejor dicho.

Pienso en mi homólogo Naruhito, heredero del trono de Japón, que sobrelleva como puede su problema matrimonial derivado de la enfermedad depresiva que aqueja a su ilustre esposa, Masako. A Naruhito lo veré dentro de unas semanas, cuando venga a la Expo de Zaragoza, aunque viajará solo, tal es la situación de su consorte, conocida como "la princesa triste de Oriente".

Masako tiene en común con mi Amada Esposa su origen social y que le ha resultado muy duro adaptarse a los usos y costumbres de aquella corte imperial, mucho más rígida que nuestra Monarquía. Pero lo peor ha sido la presión a la que ha estado sometida por su limitada fertilidad y por la imposibilidad de alumbrar un descendiente varón.

Pienso también en el rey de Nepal, Gyanendra, a quien como quien dice le quedan dos telediarios. Más exactamente dispone de quince días para abandonar el trono.

El que logró la corona tras la matanza de su hermano y del Príncipe heredero, ha hundido una monarquía con 240 años de historia que últimamente tomó una deriva tan antipopular -y tan sanguinaria a decir de algunos-, que todos los nepalíes sin distinción han decidido instaurar una república gobernada por nada menos que un partido maoísta y otro marxista leninista.

Por si no tuviera un complejo horizonte político para cuando me corresponda asumir la Corona, llegan los conflictos con la Iglesia a cuenta de los propósitos laicistas de unos y las cruzadas antisocialistas de otros.

Y, en medio, una Monarquía tradicionalmente católica donde quienes la encarnamos estamos condenados a permanentes equilibrios.

Esta semana se discute en el Congreso una proposición no de ley de IU y ERC para que desaparezcan los símbolos religiosos, el Crucifijo y la Biblia, en las ceremonias de tomas de posesión de altos cargos. Y, en general, para eliminar cualquier componente confesional en actos protocolarios del Estado. O sea, ¿que cuando ascienda al trono no se celebrará un solemne Te Deum en acción de gracias?

No sé si por casualidad, por designio de la Providencia o porque las guerras de religión resultan tentadoras -aunque no se sabe cómo terminan-, coincide esa propuesta parlamentaria con recientes y encendidas homilías de los cardenales más notables del Episcopado.

Monseñor Cañizares reclama libertad religiosa ante "los agravios y las ofensas que está recibiendo la Iglesia", mientras el presidente de los obispos, el cardenal Rouco, recuerda aquellos tiempos en los que algunos proclamaban "la muerte de Dios".

Jesús, Jesús, cuánta controversia. Para colmo se han destapan discrepancias en el seno de la Conferencia Episcopal a cuenta de la renovación del contrato del periodista Jiménez Losantos en la cadena COPE. ¿Será el director de La Mañana cizaña dentro del trigo o faro que ilumina el camino de la verdad?

Desde luego, ilumina, marca y organiza la vía para derribar a Mariano Rajoy y conformar un Partido Popular de acuerdo con las directrices que diseñan ese periodista radiofónico y el no menos influyente Pedro J. Ramírez.

Me ha llamado la atención la trepidante crónica que ha publicado un diario serio, La Vanguardia, a propósito de las tensiones entre obispos por las posiciones de Federico Jiménez Losantos, que han estallado tras una reciente visita colectiva a Su Santidad.

No menos inédita me ha resultado una advertencia a la Iglesia, para que no se entrometa en asuntos del Partido Popular, lanzada públicamente por Daniel Sirera, presidente de esa formación en Cataluña.

Todo ello me desconcierta por esos equilibrios que he de mantener como Heredero a la hora de departir con unos y con otros, también porque me da miedo el río revuelto de una derecha sociológica desunida y acosada por las anunciadas políticas laicistas.

Por suerte nadie ha resaltado (¿ocurrirá en las próximas horas o días?) la notoria ausencia de mi Augusta Madre en un cariñoso acto de homenaje de la ciudad de Sevilla a mi Ilustre Abuela Doña María de las Mercedes (q.e.p.d.), madre del Rey.

Años ha ciertos cronistas sociales especularon con las relaciones distantes de la Reina con su familia política, queriendo ver una quiebra donde sólo había aficiones dispares y criterios divergentes en asuntos de poca trascendencia.

Uno de ellos era la fiesta nacional, tan ligada históricamente a la Casa Real Española, pero hacia la que mi Augusta Madre no siente grandes simpatías sino todo lo contrario.

Así lo ha mostrado no asistiendo a corridas de toros y ese es el motivo de que el jueves no estuviera presente junto a Su Majestad -que estuvo acompañado de mi Hermana Mayor- en el descubrimiento de una escultura ecuestre de mi Ilustre Abuela adosada a la plaza de toros de Sevilla.

¿Es tal la aversión de la Reina a la tauromaquia que ni acude a un homenaje oficial a la madre del Rey porque se celebra junto al coso sevillano?

Aunque mi Augusta Madre es férrea en sus criterios y posiciones, esa ausencia no debe interpretarse como un feo sino porque el descubrimiento de la escultura (que ha costado 324.000 €) iba seguido de la presencia en la corrida de la festividad del Corpus Christi. Y por ahí no pasa.

Por cierto, que en plena temporada taurina mi esposa, la Princesa, no descarta que los separatistas y republicanetes catalanes, tan enemigos de la fiesta nacional, aprovechen para malmeter contra la Corona con la excusa de la presencia de miembros de la Familia Real en los ruedos.

Esto de los toros a Mí me sitúa en la encrucijada de la obligación o la devoción. Para qué nos vamos a engañar: aficionado, lo que se dice aficionado, no soy, en ese punto salgo más a mi Augusta Madre. Pero tengo claro a lo que me obliga mi papel de Heredero, y eso incluye acudir ocasionalmente a un festejo popular como los toros, que forma parte de las señas de identidad de España. Por algo se le llama fiesta nacional, siendo muy seguida en Barcelona y en las capitales vascas.

También es verdad que mi cumplimiento con esa obligación de cercanía a esta manifestación popular lo limito a una tarde el año, como la del 27 de este mes en la que junto a la Princesa presidiremos en la plaza de Las Ventas la tradicional corrida de la Asociación de la Prensa.

Y entregaré la Oreja de Oro al triunfador de la tarde.

Cualquiera habrá observado que los reportajes que estos días publica la prensa sobre el cuarto aniversario de nuestra boda, este jueves 22, están dedicados casi exclusivamente a glosar o analizar la figura de la Princesa.

Que todo el protagonismo sea para Ella me parece tan justo y necesario que ahora puedo confesar que en la Casa no han sido ajenos a ese enfoque periodístico. Lo que hemos buscado es aprovechar el recordatorio de nuestro enlace para colocar las cosas en su sitio.

O, mejor dicho, para situar a la Princesa en el lugar que merece, porque el papel que con tanto acierto como brillo desempeña no se merece el goteo de insidias y descalificaciones hacia su persona en los medios y en foros de internet como el de este blog.

La respuesta de la prensa ha resultado grata, particularmente la de El País en su cuidado reportaje del domingo pasado y en el blog de Juan Cruz, una de las plumas más brillantes de ese periódico según me cuentan, titulado Pues yo estoy con Telma Ortiz.

Este asunto de la hermana de la Princesa -que persiste en su difícil reclamación judicial- ha servido para que los amigos de la difamación intenten enturbiar el clima en torno a nuestro matrimonio, porque está claro que un sector reducido pero influyente de la sociedad nunca me perdonará que eligiera una plebeya como esposa, ni a Ella la osadía de entrar en mi corazón y, por tanto, en la Corona.

Contra eso tenemos que luchar acertando en nuestras apariciones públicas y nuestros gestos. Ayer, por ejemplo, coincidiendo con la reunión del presidente Zapatero y el lehendakari Ibarretxe, presidimos un acto de una fundación en Bilbao. Y hoy dedicamos la jornada a dos actos en la Costa Brava.

En esas actividades la Princesa cada vez se siente más cómoda y sin necesidad de elogios acaramelados como los que describe Poncho Rentería, un peluquero/cronista del diario colombiano El Tiempo, relatando una visita a Bogotá de una dama española llamada Maité Alonso de Valdelomar:

"La señora Maité es altísima, de rica risa y gratamente parlanchina. En minutos se robó la atención de la peluquería. Ella, como huésped de 'Muñeca' Marulanda, Florencia Borrero y 'Pum Pum' Espinosa, ha venido a Colombia 25 veces."

Y recoge Poncho el jucio de esa señora sobre la Princesa en estos términos: "Letizia resultó grandiosa, hace feliz al príncipe y, sin ser de sangre azul, lo hace mejor que cualquier princesa de verdad". Bienvenida a Bogotá, Maité Valdelomar, que es bella y deliciosa, como las princesas que muestran las películas".

Claro, que entre esos elogios o las palabras que Belén Esteban ha dedicado a mi Amada Esposa en televisión -"Pues me parece cojonuda... y perdona le expresión. El Príncipe Felipe se ha casado con ella por amor y eso es lo que más vale"-, no sé a qué carta quedarme.

Está visto que las desgracias nunca vienen solas, incluso para mi Familia.

El revés sufrido por la hermana de mi Amada Esposa en los tribunales -me lo imaginaba a la vista de la desafortunada demanda- no ha quedado en el contenido de la resolución de la jueza. En la cascada de reacciones posteriores hay de todo, no ha faltado la mala intención de quienes se empeñan en que este incidente judicial salpique a la Princesa.

Pocos saben lo que Ella está sufriendo por el linchamiento de su querida hermana, que no ha estado acertada en su pretensión o ha sido mal aconsejada pero no merece semejantes vejaciones en prensa, televisiones y foros de internet.

Soy testigo de lo que está aguantando la Princesa con este asunto y, aunque no diga nada, de los amargos recuerdos que le trae sobre el trágico final de su hermana pequeña, que no podía soportar el acoso diario de la prensa rosa, amarilla o verde.

Deseo que cuanto antes pase esta tormenta (aunque no soy ajeno a las secuelas económicas en forma de condena a costas), pero me llama poderosamente la atención que nadie en los medios informativos haya tenido la honestidad de recordar qué le ocurrió a aquella hermana, perseguida y fisgoneada en su vida privada, ni de admitir que aquello dejara una huella imborrable en su familia.

Con todo y con eso en estos días hemos cumplido una apretada agenda de actos públicos, coronada por el funeral por el guardia civil asesinado en Álava. Cuando nos disponíamos a un fin de semana tranquilo, sólo pendientes de cómo se comportaba Hugo Chávez con Rodríguez Zapatero, surge otra complicación en el viaje de la Reina a Grecia.

Muchos años tardó mi Augusta Madre en volver a la tierra que la vio nacer, pero desde que el Gobierno de Atenas levantó el veto ya lo ha hecho tres veces en poco espacio de tiempo. Hay que conocerla para saber que cuando se empeña en algo, nadie le apea del burro.

Se trataba de un viaje oficial, no de estado, con cobertura de nuestro servicio exterior y atenciones del gobierno heleno. Es decir, un viaje por motivos personales y familiares pero con las facilidades que proporciona su carácter oficial. Y, como en tantas actividades semejantes, ha ido acompañada de su Hermana Irene que lleva tantísimos años acogida en Zarzuela.

Lo que alguna vez tenía que pasar, ha pasado. Se ha descubierto públicamente que dicho viaje oficial incluía a mi Tía, Princesa de Grecia, porque la Reina lo ha interrumpido para volver precipitadamente a Madrid al sufrir su hermana una caída que le ha lesionado un pie y el tratamiento le exigirá inmovilidad.

El inoportuno accidente ha tenido lugar el mismo día que Su Majestad subió a lomos de un burro las empinadas calles de Lindos, en la isla de Rodas, después de que en la jornada anterior concediera el nombre de Sofía a una tortuga boba soltada en el parque natural de Zakynthos provista de un GPS.

El patinazo de Su Majestad con sus palabras sobre el presidente Zapatero habría abierto una áspera polémica en torno a la Monarquía, de no ser por la crítica situación que atraviesa la oposición política, ocupada en sus asuntos internos.

Todo lo ha provocado, aparentemente, unas frases elogiosas de mi Augusto Padre sobre Rodríguez Zapatero, recogidas por una reportera de El Mundo y publicadas en ese diario dentro de un reportaje hecho a mayor gloria del presidente del Gobierno.

El problema no es la opinión personal del Rey sobre el Jefe del Gobierno, sino que la manifieste públicamente o, al menos, a una periodista audaz y hábil. Como Jefe del Estado, el monarca no debe mostrar preferencias, simpatías, desafectos o críticas hacia ningún partido o personaje político que actúe en la legalidad.

Eso mi Augusto Padre lo sabe mejor que nadie, la prueba es que lo he aprendido de Él, pero...

Dice el ministro Pérez Rubalcaba que al Rey le sorprendió la reportera con la guardia baja; se ha transmitido desde la Casa que fue un comentario informal, no una declaración formal. Ambas explicaciones son ciertas, pero no borran el efecto que han tenido esas palabras en quienes no juzgan al presidente Zapatero con la benevolencia de Su Majestad. Y no sólo los dirigentes del PP que van diciendo que ha vulnerado "el principio de neutralidad de la Corona".

Jiménez Losantos, como era de esperar, no ha perdido ocasión para sus comentarios radiofónicos cargados de mofa y befa, del estilo de que en la Casa "hay instalada una logia republicana implacable, porque es imposible servir peor a la institución monárquica y a la persona del Rey de lo que lo están haciendo los chikilicuatres de la Zarzuela". Llegando a decir que "si hace ese discurso en Nochebuena queman la Zarzuela".

O un cierto pitorreo que se adivina en otras opiniones referidas a la afirmación del Rey de que Zapatero no divaga y es un hombre íntegro. Aunque las críticas más implacables han estado a cargo de colaboradores del citado Federico en su periódico digital, tachando al Rey de "tomar partido" o incluso afirmando que "Juan Carlos I está a las órdenes de Zapatero".

Si me comparara con mi Augusto Padre, en una de las pocas cosas que saldría mejor parado sería en la imposibilidad de incurrir en meteduras de pata como ésta. Siempre tengo muy presente que en boca cerrada no entran moscas y que por la boca muere el pez, lo cual me hace ser menos campechano que Su Majestad, pero me salvo de que me cojan en renuncios.

Como el Rey no se equivoca tampoco está obligado a rectificar, pero Yo prefiero no usar ese privilegio.

A PROPÓSITO: desde el foro de este blog se está organizando una manifestación contra la TV basura para el 15 de junio. Como Heredero, y por lo que he escrito más arriba, me obliga la neutralidad incluso ante iniciativas sociales como ésta.

¡Cómo he aguantado el tipo para que no se notara en los actos oficiales del lunes mi preocupación por el ánimo de la Princesa, tan pendiente de lo que ocurriera en Toledo con la vista judicial por la demanda de su hermana!

Si el asunto era para estar alerta porque parecía incontrolable lo que pasara o lo que dijeran unos y otros, a la expectación de esa cita judicial se añadió inesperadamente el run-run mediático por una declaración elogiosa sobre Zapatero que le sonsacó una reportera de El Mundo a Su Majestad, publicada el domingo.

Lo de Toledo se desarrolló según lo previsto en cuanto a espectáculo televisivo y, sea cual sea la decisión de Su Señoría sobre la demanda, me temo que a mi cuñada sólo le traerá inconvenientes. O, dicho vulgarmente, que le salga el tiro por la culata.

Sobre todo si la juez atiende al criterio del fiscal, que remató la vista mostrándose contrario a la pretensión de la hermana de mi Amada Esposa con la expresión tan terrible de "no ha de ser estimada la petición de medidas cautelares".

Desde el primer momento me pareció un arma de doble filo esa iniciativa de pedir a la Justicia que prohíba a los medios informativos la obtención y difusión de imágenes suyas y de su pareja.  

Algunos han lanzado la especie de que la Princesa y Yo habíamos transmitido a ciertos periodistas nuestro respaldo a la demanda, pero es falso. Una cosa es que comprendamos el agobio que siente por el acoso de los reporteros, algo que no soporta como tampoco soportaba su malograda hermana, y otra que apoyemos el paso de pretender trato especial bendecido por un juez.

Dicho lo cual, los mercaderes del cotilleo y la morbosidad deberían dejar de escudarse en el derecho a la información (sobre asuntos personales sin interés general) para perseguir a mi cuñada, que sólo desea el anonimato, ni hacer leña de lo que consideren árbol caído si es que finalmente la juez de desestima las medidas cautelares.

Tal como Yo lo veo y como constato que lo vive la Princesa, con todo lo que se ha dicho y escrito desde el anuncio de la demanda hasta la jornada toledana de ayer, su hermana ha sufrido suficiente castigo por no decir condena, ella que buscaba justicia.

El asunto éste de la intimidad y la información no está nada claro aunque haya una ley específica y numerosa jurisprudencia. Así se ha comprobado en los análisis publicados en torno al caso de la hermana de la Princesa. Y así se ha puesto de manifiesto también en los testimonios prestados ante la juez de Toledo.

Tanto en las alegaciones de los defensores de los medios demandados, como en la exposición del abogado de mi cuñada y su pareja se encuentran argumentos de gran consistencia en uno y otro sentido, aunque lógicamente los de los segundos tienen una carga de dramatismo personal que no se encuentra en las revistas y programas del corazón.

# miércoles, 07 de mayo de 2008 16:59

Los medios no valoran nuestro trabajo

Me cuentan que los medios informativos españoles, salvos los públicos, apenas han informado de nuestra visita oficial a Polonia. Es lo de siempre, y no por eso dejo de lamentarlo.

Por muy pintoresca que haya sido la última etapa política de una Polonia gobernada por los gemelos Kaczynski, es el país del Este con más peso en la nueva Europa y con el mayor nivel de desarrollo de los de su entorno.

Eso le da más relieve al hecho de que la Princesa y Yo hayamos sido tratados en Varsovia con los máximos honores. No todos los países pueden presumir de lo mismo respecto a representantes que no sean Jefe del Estado. Parece como si los polacos valoraran mejor que los españoles lo que significa el Heredero a la Corona de España.

Es tal el desenfoque de la opinión pública sobre Mi función, que la prensa ha dedicado más espacio a señalar que éste era el primer viaje al extranjero en el que mi Amada Esposa tenía agenda propia, que a dar cuenta del mismo.

No podemos tener queja del tratamiento que nos ha otorgado el presidente, Lech Kaczynski, que desde finales el año pasado ya no tiene a su hermano Jaroslaw como primer ministro. No oculta sus posiciones conservadoras -Ley y Justicia se llama el partido que encabeza con su hermano-, pero a la vez se ha deshecho en atenciones con nosotros.

La Princesa, efectivamente, ha tenido una serie de actos para ella sola. Siempre acompañada por la esposa del presidente, María Kaczynska, una señora que por su edad podría ser madre de la Princesa y que por mentalidad no admite ni el divorcio, lo que no ha sido óbice para que desempeñe su papel de anfitriona con toda amabilidad.

Todo eso son detalles -aparte de los actos oficiales como inaugurar una gran sede del Cervantes-, que siempre hemos de tener en cuenta. Pero a lo que parece a la prensa se le escapan todos los matices, y me temo que sólo se fijen en cuestiones banales como la corta estatura del presidente polaco y su mujer, en el caso de ella más llamativo cuando se coloca al lado de mi Amada Esposa que nunca se baja del tacón alto.

Nuestros viajes al exterior o por España tienen más trascendencia que los detalles frívolos que siempre se resaltan, pero no hay manera de que los medios de comunicación tomen más en serio la figura del Heredero y su misión.

¿Irá en serio la nueva oferta del Gobierno para pactar con la oposición una reforma constitucional que iguale hombre y mujer en los derechos sucesorios de la Monarquía española?

Llevo casi ocho años oyendo hablar de ese asunto, el Rey ha dado su consentimiento a formalizar esa igualdad, Yo también me he manifestado en igual sentido pero... la Corona propone y el presidente del Gobierno dispone.

Todo estaba claro en época de José María Aznar, quien recibió sugerencias de acometer la reforma aprovechando las elecciones de 2004, pero no quiso o no se atrevió a dar ese paso. Hace cuatro años Rodríguez Zapatero, programa electoral en mano, se comprometió a hacerlo. Pero nada.

¿Por qué hay tanto miedo a esa reforma?, ¿tiene gato encerrado? Parece que por ahí van los tiros.

Consiste en cambiar un parrafito del artículo 57 de la Constitución pero, ¡ay!, no basta con el acuerdo parlamentario. La modificación ha de aprobarse por dos tercios del Congreso y del Senado. A continuación hay que disolver las Cortes y convocar elecciones. Las nuevas Cortes han de aprobar nuevamente la reforma por la misma mayoría. Finalmente, hay que ratificarla en un referéndum.

Es decir, que igualar hembra y varón sale por un pico y se corre el riesgo -dicen algunos- de que el referéndum se convierta, de hecho, en una consulta sobre Monarquía sí, Monarquía no. Y entonces sí que la hemos liado.

Zapatero cree tener un truco para conjurar ese último riesgo: incluir en el mismo referéndum otras reformas de la Constitución. Pero como estas se refieren a organización territorial, le da miedo meterse en ese jardín contando con el único apoyo del PP, y ni eso tiene asegurado.

Pero la igualdad es una bandera del actual Gobierno que le obliga a no mantener por más tiempo la discriminación vigente, que dice así:

"(...) La sucesión en el trono seguirá el orden de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos".

La nueva redacción de ese párrafo está preparada por el Consejo de Estado desde hace dos años en unos términos que matan dos pájaros de un tiro.

Establece la igualdad suprimiendo cualquier referencia al sexo y, a la vez, disipa cualquier coflicto de legitimidad entre mi Hermana mayor y Yo, pues la reforma sería efectiva a partir de mis herederos. Éste es el texto:

"La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono corresponde a su hijo, el Príncipe heredero Don Felipe de Borbón, y después a los sucesores de éste según el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; y en el mismo grado, la persona de más edad a la de menos".

Pero no sólo eso sino que el Consejo de Estado, a petición de Zapatero, también ha preparado una adaptación al llamado lenguaje de igualdad en las menciones a la Monarquía. Esto significaría añadir un sexto punto al art. 57 de la Constitución que diría más o menos esto:

" Las menciones que hace la Constitución al Rey y al Príncipe se entenderán hechas indistintamente al Rey o a la Reina y al Príncipe o la Princesa, según sea el caso".

Todos lo tenemos muy claro la igualdad, pero no es tan fácil aplicarla a la Corona. A Mí, desde luego, no se me pueden pedir explicaciones porque no está en mi mano. Pero sólo pensar en ese referéndum que podría poner la Monarquía en el disparadero...