
Me cuentan que los medios informativos españoles, salvos los públicos,
apenas han informado de nuestra visita oficial a
Polonia. Es lo de siempre, y no por eso dejo de
lamentarlo.
Por muy pintoresca que haya sido la última etapa política de una Polonia gobernada por los gemelos Kaczynski, es el país del Este con más peso en la nueva Europa y con el mayor nivel de desarrollo de los de su entorno.
Eso le da más relieve al hecho de que la Princesa y Yo hayamos sido tratados en Varsovia con los máximos honores. No todos los países pueden presumir de lo mismo respecto a representantes que no sean Jefe del Estado. Parece como si los polacos valoraran mejor que los españoles lo que significa el Heredero a la Corona de España.
Es tal el desenfoque de la opinión pública sobre Mi función, que la prensa ha dedicado más espacio a señalar que éste era el primer viaje al extranjero en el que mi Amada Esposa tenía agenda propia, que a dar cuenta del mismo.
No podemos tener queja del tratamiento que nos ha otorgado el presidente, Lech Kaczynski, que desde finales el año pasado ya no tiene a su hermano Jaroslaw como primer ministro. No oculta sus posiciones conservadoras -Ley y Justicia se llama el partido que encabeza con su hermano-, pero a la vez se ha deshecho en atenciones con nosotros.
La Princesa, efectivamente, ha tenido una serie de actos para ella sola. Siempre acompañada por la esposa del presidente, María Kaczynska, una señora que por su edad podría ser madre de la Princesa y que por mentalidad no admite ni el divorcio, lo que no ha sido óbice para que desempeñe su papel de anfitriona con toda amabilidad.
Todo eso son detalles -aparte de los actos oficiales como inaugurar una gran sede del Cervantes-, que siempre hemos de tener en cuenta. Pero a lo que parece a la prensa se le escapan todos los matices, y me temo que sólo se fijen en cuestiones banales como la corta estatura del presidente polaco y su mujer, en el caso de ella más llamativo cuando se coloca al lado de mi Amada Esposa que nunca se baja del tacón alto.
Nuestros viajes al exterior o por España tienen más trascendencia que los detalles frívolos que siempre se resaltan, pero no hay manera de que los medios de comunicación tomen más en serio la figura del Heredero y su misión.