¡Cómo he aguantado el tipo para que no se notara en los actos oficiales del lunes mi preocupación por el ánimo de la Princesa, tan pendiente de lo que ocurriera en Toledo con la vista judicial por la demanda de su hermana!
Si el asunto era para estar alerta porque parecía incontrolable lo que pasara o lo que dijeran unos y otros, a la expectación de esa cita judicial se añadió inesperadamente el run-run mediático por una declaración elogiosa sobre Zapatero que le sonsacó una reportera de El Mundo a Su Majestad, publicada el domingo.
Lo de Toledo se desarrolló según lo previsto en cuanto a espectáculo televisivo y, sea cual sea la decisión de Su Señoría sobre la demanda, me temo que a mi cuñada sólo le traerá inconvenientes. O, dicho vulgarmente, que le salga el tiro por la culata.
Sobre todo si la juez atiende al criterio del fiscal, que remató la vista mostrándose contrario a la pretensión de la hermana de mi Amada Esposa con la expresión tan terrible de "no ha de ser estimada la petición de medidas cautelares".
Desde el primer momento me pareció un arma de doble filo esa iniciativa de pedir a la Justicia que prohíba a los medios informativos la obtención y difusión de imágenes suyas y de su pareja.
Algunos han lanzado la especie de que la Princesa y Yo habíamos transmitido a ciertos periodistas nuestro respaldo a la demanda, pero es falso. Una cosa es que comprendamos el agobio que siente por el acoso de los reporteros, algo que no soporta como tampoco soportaba su malograda hermana, y otra que apoyemos el paso de pretender trato especial bendecido por un juez.
Dicho lo cual, los mercaderes del cotilleo y la morbosidad deberían dejar de escudarse en el derecho a la información (sobre asuntos personales sin interés general) para perseguir a mi cuñada, que sólo desea el anonimato, ni hacer leña de lo que consideren árbol caído si es que finalmente la juez de desestima las medidas cautelares.
Tal como Yo lo veo y como constato que lo vive la Princesa, con todo lo que se ha dicho y escrito desde el anuncio de la demanda hasta la jornada toledana de ayer, su hermana ha sufrido suficiente castigo por no decir condena, ella que buscaba justicia.
El asunto éste de la intimidad y la información no está nada claro aunque haya una ley específica y numerosa jurisprudencia. Así se ha comprobado en los análisis publicados en torno al caso de la hermana de la Princesa. Y así se ha puesto de manifiesto también en los testimonios prestados ante la juez de Toledo.
Tanto en las alegaciones de los defensores de los medios demandados, como en la exposición del abogado de mi cuñada y su pareja se encuentran argumentos de gran consistencia en uno y otro sentido, aunque lógicamente los de los segundos tienen una carga de dramatismo personal que no se encuentra en las revistas y programas del corazón.