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Artículos - junio 2008

Diversos medios de comunicación han señalado lo inhabitual de las manifestaciones de euforia que la Princesa y Yo mostramos durante la semifinal Rusia-España. Pero casi nadie ha reparado en cómo al Rey le cogieron desprevenido el par de besos que mi Augusta Madre le propinó en el mismo palco la noche de la final.

 La verdad es que en aquella emocionante semifinal no fui consciente -cosa rara- de que millones de ojos podían observar nuestras reacciones, ahora recogidas en vídeo; me daba cuenta de que en un palco de un evento deportivo así el protocolo dice que seas discreto al exteriorizar tus simpatías, pero...

...  lo que nos embargaba era algo más que la alegría por el marcador favorable a la selección española. Ese jueves teníamos algo muy personal que celebrar, algo que pertenece a la esfera íntima... hasta que pase a ser de conocimiento público, porque nuestra privacidad no es como la del resto de los mortales.

Algo tenían que ver aquellos saltos y abrazos de la Eurocopa, aquellos arrumacos de mi Amada Esposa con ese otro gesto que captaron las cámaras en el acto de entrega del Premio Príncipe de Viana, que ya comenté en este blog.

Los comentaristas se han referido de una manera indirecta a lo que pudo ser una transgresión protocolaria, nadie ha interpretado que aquellos gestos tan efusivos eran manifestación de ternura entre dos personas que se quieren, algo que a algunos les sorprende.

Y, cómo no, ha sido el periodista Jaime Peñafiel quien sin reparar en que no disimulamos nuestro amor, ha escrito que "La corte es un murmullo, un zumbido, un runrún, un andar de boca en boca, sobre un posible embarazo". Aunque ese rumor ya llevaba días circulando por la Red.

La Princesa y Yo nunca hemos dado pie a los cotilleos, ni lo haremos ahora. Una cosa es nuestra espontaneidad y otra, la frivolidad.

Como padres y como Príncipes de Asturias conocemos nuestros compromisos y a eso nos aplicamos con toda ilusión. De momento, las obligaciones nos llevan esta semana a la Academia General del Aire en San Javier (Murcia) y a recibir a los galardonados por la Asociación de la Prensa madrileña.

No sé qué está ocurriendo este año con los fallos de los jurados sobre los Premios Príncipe de Asturias, pero de los cinco ya concedidos tres han sido discutidos públicamente.

Espero que no ocurra lo mismo con el premio a las Letras que ha correspondido a la escritora canadiense Margaret Atwood, muy prestigiada y comprometida socialmente contra las injusticias, sobre todo hacia las mujeres.

En la reunión anual de los patronatos de la Fundación que otorga los premios, celebrada el lunes, no me correspondía como Presidente de honor plantear esta cuestión, ni ninguno de los directivos se explayó sobre la misma.

Saqué la impresión de que los patronos no le conceden mayor importancia a esas críticas o quizás evitaron trasladarme consideraciones poco agradables el día del último adiós a la abuela de la Princesa que, por esa razón, no asistió a la reunión.

Yo pienso también que a esas críticas no hay que darles más dimensión de la que tienen, pero preferiría que unos premios de tanto prestigio y que llevan el nombre de Príncipe de Asturias no fueran piedra de escándalo para nadie.

Nunca había ocurrido que el fallo del Premio de Comunicación, en este caso al buscador Google, haya sido tan descalificado porque va destinado a una herramienta, no a una persona ni institución, llegando el presidente de las Asociaciones de la Prensa a tachar ese fallo de hollywoodense y paleto. Y le han llovido críticas hasta desde México, por boca del escritor Jorge Volpi.

Pero eso no ha sido todo. Me ha sorprendido que un antiguo galardonado, el colombiano Manuel Patarroyo, también se haya manifestado contra el Premio de Cooperación que ha recaído sobre cuatro organizaciones que trabajan en África en la lucha contra la malaria. Y todo, porque lo hacen desde un enfoque biológico y no químico.

Y para que no haya dos sin tres, me cuentan que empiezan a salir los primeros reproches hacia la concesión del Premio de Ciencias Sociales al francés Tzvetan Todorov, historiador, semiólogo y analista político. En este caso porque mantiene opiniones muy negativas sobre la presencia de España en América, calificándola  como "uno de los hechos negros de la Humanidad" por la acción genocida de nuestros antepasados. Y así lo mantiene en sus publicaciones.

¿Y Yo qué hago? Pues lo de tantas veces: cara de circunstancias y poner al buen tiempo mala cara. De todas formas, con máxima suavidad y discreción quiero tener más información sobre las claves y los intereses que se pueden cruzar en las deliberaciones de los jurados de estos galardones de la Fundación Príncipe de Asturias.

Desde hacía pocos meses la Princesa barruntaba la cercanía de un desenlace final de su abuela materna, como así ocurrió la noche del domingo. Mientras todos los españoles, con Sus Majestades a la cabeza como espectadores del encuentro, celebraban el histórico paso a semifinales de la Eurocopa, Yo acompañaba a mi Amada Esposa en el duelo familiar.

No entro en detalles sobre la forma grata e intensa con la que la Princesa vive la relación con sus abuelas, y en el caso de doña Enriqueta cómo ha sabido estar junto a su hija y a sus nietas a las duras y a las maduras.

Y no entro porque no me corresponde ni me parece adecuado, además de por respeto al ejemplar comportamiento que ha mostrado mi familia política desde el momento que emparentaron con la Familia Real gracias a nuestro matrimonio.

Han soportado toda clase de insinuaciones, de provocaciones y a veces de comentarios despectivos que sólo degradan a quienes los expresan. Particularmente, de la abuela materna ahora fallecida y de su marido, discretos donde los haya, no ha desaparecido esa manera de definirlos como "el taxista" o "la pescadera", señalando su condición humilde con ánimo ofensivo.

Pero ya digo que no tengo queja alguna sobre el comportamiento de mi familia política, ni incluso en los trances difíciles que han atravesado, como fue el trágico fallecimiento de mi joven cuñada.

Y si los medios de comunicación han sido unánimes en criticar la actitud reciente de la otra hermana de la Princesa, con su demanda colectiva a la prensa, se trata de una reacción desesperada ante el acoso de los reporteros.

De la otra rama familiar, la paterna, tampoco me han venido problemas, y eso que mi suegro pertenece al mundo de la comunicación. Algunas cronistas del corazón siguen muy de cerca la trayectoria de la tía Henar, que se ha promocionado en los últimos años pero limitada a la región asturiana, con gran éxito de sus complementos de moda en la boutique del Ayuntamiento de Ribadesella.

En definitiva, si me comparo con otros príncipes europeos que tantos entuertos familiares atienden, solucionan o disimulan, hasta la fecha me puedo considerar un afortunado.

 

Sé que los criticones de siempre están sacando punta a que en la ceremonia de concesión del Premio Príncipe de Viana a Alfredo Landa, los fotógrafos nos inmortalizaran a la Princesa y a Mí tal como aparecemos en la fotografía junto a estas líneas. ¿Le molestarán a alguien nuestros gestos cariñosos?

En todo acto oficial, como lo era el del otro día en el Monasterio de Leyre (Navarra), donde ejercíamos como Príncipes de Viana, el protocolo enseña a mantener la seriedad debida sin pecar de altivo o circunspecto, sino más bien cercano y agradable pero lejos de la vulgaridad y la frivolidad. En fin, se trata de un equilibrio múltiple que sólo cuando has sido educado para Heredero sabes cómo mantenerlo.

Además soy consciente de que aún persiste la imagen de mi Amada Esposa como persona fría y distante. Eso procuro combatirlo siempre que puedo tomando ciertas iniciativas con la sutileza debida, como en el caso que estoy comentando.

Si a ello se añade la espontaneidad y simpatía que siempre nos muestran las gentes de Navarra, como ocurrió en el acto ya citado, a lo que había que sumar la naturalidad y el gracejo que imprimía el galardonado, no es raro que en un momento tuviera ese gesto de coger la mano de la Princesa, disfrutando ambos de las palabras ingeniosas de tan gran actor.

Si a algunos les resulta chocante o les incomoda que los Príncipes de Asturias se quieran y no disimulen su amor sin hacer tampoco exhibicionismo, allá ellos con su problema.

Lo de la imagen captada en Navarra no ha sido una pose buscada, sino algo natural. La prueba está en que se puede hacer una galería fotográfica con la cantidad de veces que nos han retratado cogiditos de la mano o del brazo, aunque no voy a negar que en ocasiones eso también ayuda a la Princesa a sujetarse al caminar o subir escaleras con tacón alto.

Le cuentan a mi esposa, la Princesa, sus viejas amistades de la prensa que bajan las aguas muy revueltas en la emisora católica COPE, y en cierta medida en la Conferencia Episcopal, a cuenta del polémico Jiménez Losantos.  Coincide con los datos que se barajan en la Casa sobre el mismo asunto.

Su sentencia condenatoria, con multa de 36.000 euros, por infamar al alcalde Ruiz Gallardón no ha cicatrizado, sino al contrario, las heridas abiertas en el episcopado español por las diatribas y anatemas que cada mañana lanza ese comentarista desde su programa.

Ingenio y habilidad no le faltan, pero son tan extremas sus posiciones y tan hirientes sus opiniones, que en la última reunión de la Permanente de la Conferencia Episcopal se trató su caso y ni un solo purpurado intervino en su defensa. Su máximo valedor, el cardenal Rouco Varela, mantuvo extraño silencio.

Llega a mis oídos que el Federico más famoso de España puede tener sus días o mejor, sus semanas, contadas en la cadena de los obispos. Pero la Iglesia no se precipita en sus decisiones y antes de adoptar una decisión de puño de hierro en guante de seda pedirá cuentas al máximo responsable de la cadena de los obispos, el consejero delegado Alfonso Coronel de Palma.

Eso ocurrirá el próximo día 27 pero, casualidades de la vida, para el día siguiente está convocada en Madrid una manifestación en apoyo de Jiménez Losantos.

El conflicto por tan influyente comunicador ha llegado hasta el Vaticano, donde el embajador español trasladó sus quejas por los "ataques muy directos al Rey" en el programa de Federico. De hecho, hace una semana el número 2 de la Santa Sede, es decir, el número 2 del representante de Cristo en la Tiera, cardenal Tarsicio Bertone, reunió a tres cardenales españoles para dilucidar sobre las posiciones de la COPE, y lo hizo con urgencia, aprovechando una ceremonia religiosa en la Basílica de Santa María la Mayor. Y tampoco es casual que días antes mantuviera un encuentro secreto con el presidente Zapatero.

Pues ni por esas se arredra el director del programa La Mañana. Sus amigos y colaboradores de la Plataforma Ciudadana Peones Negros son los que han convocado el acto callejero de solidaridad con FJL. Pero no sólo, también han abierto una suscripción popular para ayudarle a abonar la sanción judicial a la que ha sido condenado.

He preguntado quiénes son esos Peones Negros, pero nadie me da respuesta cierta. Que si se trata de un grupito montado por Luis del Pino, un colaborador de Jiménez Losantos, que si son la expresión callejera y agitadora de los que mantienen la teoría de la conspiración del 11-M, que si es un germen neofascista... No sé, he mirado en su web quiénes dicen que son los Peones Negros y tampoco me aclaro.

¿Saldrán a la calle los seguidores u oyentes de Federico?, ¿lo quitarán de la COPE antes de que eso ocurra?, ¿habrá dado instrucciones el Vaticano para solucionar el conflicto sin escándalos?

Lo de mi visita a Afganistán ha sido un auténtico viaje relámpago: imprevisto, rapidísimo y sin la compañía que me corresponde. Eso sí, he vuelto del país asiático convertido en caballero legionario, con gorro y todo.

En aquel país ayudamos a su reconstrucción pero nuestros soldados también cumplen una misión militar en zona hostil. Tanto, que el sábado una patrulla española repelió un ataque en Jayryana, matando a seis talibanes e hiriendo a otros tantos. En esta ocasión el protocolo que había que cumplir era el de seguridad antes que el de la formalidad, aunque de este último en la Familia Real nunca nos desprendemos.

Por cierto, que estamos que lo tiramos: si mi salto de menos de 24 horas a la zona más peligrosa del mundo, Afganistán, ha sido un golpe, no hay que pasar por alto las nuevas misiones de Su Majestad. Me refiero a que con su viaje a Moscú son cuatro los viajes que ha hecho en las últimas semanas (París,  Arabia Saudí y dos emiratos del Golfo y Bonn) aparentemente inocuos, pero llenos de contenido.

Como si fuera un comercial del Reino de España, esos desplazamientos han tenido un exclusivo carácter económico, en algunos casos con una comitiva de empresarios acompañando al Rey. La finalidad es abrir mercados a compañías españolas y atraer inversiones a nuestro país.

Son viajes apasionantes por lo mucho que hay en juego y el papel tan delicado que juega mi Augusto Padre. Y con el riesgo de que los gobernantes alemanes o franceses quieran involucrar a Su Majestad más de lo prudente en negociaciones de macrocontratos, como el del avión de caza europeo, aprovechando sus buenas relaciones con las monarquías del Golfo.

Yo, de momento, no me meto en jardines comerciales. Bastante tengo con lo que me toca y la visita a Afganistán ha sido muy oportuna aunque no me haya acompañado la ministra del Defensa, Carme Chacón, aún de baja maternal, y en su lugar lo haya hecho su insulso secretario de Estado, Constantino Méndez.

Tenía ganas de saludar a nuestras fuerzas, he escuchado análisis y peticiones hechas con gran sinceridad que no reproduciré en público, he comprobado los discutidos BMR y también los helicópteros Superpuma y Chinook (¡qué pasada!).

Pero, sobre todo, tengo la satisfacción de haberme dado una paliza de viaje -no dudaron en calificar de irresponsabilidad pernoctar en las bases- para comprobar la preparación de nuestros Ejércitos, como reconocí en mi alocución, y cuánto agradecen la cercanía de la Corona.

Aunque parezca debilidad patriotera o castrense, que no lo es, me resultó especialmente emocionante escuchar en la recóndita aldea afgana Qala-e-Now el himno de la Legión y dos espíritus del Credo Legionario, antes de que el coronel Pedro Pérez me obsequiara con el tradicional gorrillo legionario y un guión bordado de esa Agrupación.

Entre los agasajos al Presidente de México, que nos ha visitado, y la inauguración de la Expo del Agua, hace unos días pasó inadvertido un acto muy singular. Se trataba del más importante de los que hasta ahora ha presidido en solitario la Princesa, un encuentro internacional sobre mujer, liderazgo y conciliación laboral, bajo el rótulo Construyendo sociedades sostenibles.

El asunto, como se ve, tenía enjundia, pero además fue el día 12, en plena efervescencia de la polémica desatada por el desafío feminista/gramatical de la ministra de Igualdad. Y precisamente correspondió a Bibiana Aído acompañar a mi Amada Esposa en un acto que, para que no faltara de nada, estaba organizado por el prestigioso Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), dependiente del Opus Dei.

La Princesa me hizo después una breve crónica -como siempre le gusta hacerlo sobre su agenda personal- de un acto en el que notó, y agradeció, que la ministra Aído no buscara su complicidad en la desafortunada aventura gramatical de las miembras, que tantos reproches le ha costado.

Me cuentan que, curiosamente, la titular de Igualdad ha usado su blog personal para aclarar lo que anunció en el Congreso sobre un teléfono para maltratadores, rectificando lo que figura en la web de su Ministerio. Más raro aún es que en la reproducción de sus palabras en dicha página web no figura lo de "miembros y miembras".

Todo eso lo conocía la Princesa antes de encontrarse con Bibiana Aído, poco diestra en ese tipo de actos, algo explicable por su inexperiencia. Por ello mi Amada Esposa prefirió no rozar el asunto, cosa propia de los miembros de la Familia Real que debemos alejarnos de las disputas públicas.

Quizás la ministra ese día ya tenía interiorizado lo que el sábado declaraba en Abc: "He aprendido que la libertad de expresión es inversamente proporcional a la responsabilidad que tienes. A mayor responsabilidad, menor libertad de expresión."

¡A Mí me va a contar lo que es refrenarte las opiniones o mantener la boca cerrada para que no entren moscas! Lo que le ha pasado es que antes de llegar a esa conclusión se despachó a gusto sobre el lenguaje de género, atribuyendo erróneamente a los hispanohablantes de Iberoamérica el vocablo miembra, cosa que le ha valido una cascada de desmentidos desde aquel continente.

"Nos califica de ignorantes para maquillar su disparate", ha comentado un cronista de la principal emisora de radio de San Salvador, según leo en La Vanguardia.

Volviendo a lo que me ha comentado mi esposa, la Princesa, sobre aquella reunión de expertos internacionales en el IESE, quedó Ella muy satisfecha de su discurso en el que habló de conciliación de vida laboral y familiar y de reconocimiento a las mujeres sin utilizar el lenguaje de género que promueve este Gobierno al margen de la Academia.

Pero lo más singular, me señala, es que las palabras inaugurales de la directora de aquel evento, una profesora española, nada tuvieron que ver con ciertas políticas oficiales de igualdad, y las pronunció ante una miembro del Ejecutivo que las defiende entusiásticamente.

-¿Y qué dijo la ministra de Igualdad?, he preguntado a la Princesa.

- Pues... no sabría decirte. Fue un parlamento muy breve, como de compromiso, no recuerdo nada sobresaliente.

No sé si habrá sido por la nula relevancia de las palabras de Bibiana Aído, porque durante estos días sólo se hablaba de ella en relación con su barbarismo lingüístico, porque algunos le han cogido manía o porque a los del IESE, tan formales y del Opus, esa ministra les parece una chisgarabís, el caso es que sólo una de las numerosísimas reseñas de prensa sobre el encuentro Construyendo sociedades sostenibles alude a la intervención de la titular de Igualdad.

Más llamativo aún es que la crónica oficial del acto hecha por sus organizadores omite incluso la presencia de Bibiana Aído, pese a que aparece en una pequeña fotografía.

Me llegan informaciones de que está apunto de salir la sentencia del juicio del alcalde Ruiz Gallardón contra el radiofonista Jiménez Losantos. No lo sé por canales informativos privilegiados que tenga la Casa, no, sino porque así le ha llegado a la Princesa por vía extraoficial.

Por Mi posición no me voy a referir en este blog al sentido de la sentencia, tal como me ha llegado. Intuyo que no debe ser casualidad que el conocimiento público del fallo judicial haya esperado a la reunión de la ejecutiva de la Conferencia Episcopal convocada para el miércoles.

No creo que el director del programa matutino de la COPE vaya a ser arrojado a los infiernos por la jerarquía eclesiástica, aunque un escritor reputado de católico como Juan Manuel de Prada lo ha calificado de "liberal ateo" y a su compañero en las ondas César Vidal, de "hereje y sionista".

¡Dios mío, qué revuelta anda la Iglesia española! Parecía que la emisora de los obispos era el frente desde donde Federico Jiménez Losantos mantenía sus guerras políticas, la más virulenta contra el alcalde de Madrid, pero resulta que en torno a ese comentarista se ha desatado, no sé si una guerra de religión, pero sí unas hostilidades desconocidas en el ámbito eclesiástico.

Sobre tan feo asunto que tanto nos turba, y donde sin venir a cuento Losantos lanza puyas a Su Majestad -la última, insinuando favores regios en las sentencias del Constitucional y del Supremo sobre los Albertos-, tenía previsto ocuparse una Conferencia Episcopal con posiciones encontradas.

En mi Familia y en la Casa no estamos especialmente agradecidos al director de La mañana de la COPE, pero veo inquieto a qué extremos ha llegado el debate eclesiástico sobre dicha emisora y sus figuras más destacadas.

"La deriva de la Cope dificulta y perjudica la labor de la Iglesia", denunció hace unos días el cardenal arzobispo de Barcelona en La Vanguardia. Losantos le respondió desde su micrófono en plan burlesco: "El cardenal arzobispo de Barcelona querría echarme de la Cope para que me vaya a Radio Estel y a ver si así consiguen dejar de perder dinero, con la falta que hace para otras cosas. Pues bien, el rumor es absolutamente falso".

La polémica se ha calentado con las declaraciones del citado Juan Manuel de Prada nada menos que al periódico del Vaticano, L'Oservatore Romano, advirtiendo que algunos católicos españoles han sustituído la fe cristiana por la ideología liberal.Y concreta que las principales voces de la Cope "son anticatólicas o incluso ateas", tachándolas de fariseísmo.

Esto ocurre en plena campaña de la Renta con la Iglesia animando a marcar la X a más de los seis millones de contribuyentes que lo vienen haciendo.

Pues bien, tras las palabras de Prada en el órgano oficial de la Santa Sede, ha saltado a la palestra Pío Moa, escritor y colaborador de Jiménez Losantos, acusando al arzobispo de Barcelona de odiar la libertad de expresión y de sumarse a la campaña contra Losantos "orquestada por los colaboradores del terrorismo".

¿Es esto una guerra de religión? Yo nunca había visto nada parecido.

Cuando mañana viaje a Austria para asistir al encuentro España-Rusia de la Eurocopa, un jurado de los Premios Príncipe de Asturias deliberará sobre la concesión del galardón de Comunicación y Humanidades. La decisión siempre es difícil y Yo no debo intervenir en la misma, pero a la Princesa y a Mí nos agrada sobremanera que entre los candidatos de este año rivalicen Google y Wikipedia.

Por cierto, ahora que me refiero a nuestra presencia en el partido de la selección (dicen que les damos suerte), caigo en la cuenta de que esta mañana me he desayunado con las sorpresas y las extrañezas en los medios de comunicación -todas con ánimo crítico-, por Mi ausencia en la final de la Roland Garros donde Rafa Nadal se alzó con la victoria.

Hay gente para todo, fundamentalmente para buscar las vueltas a mi agenda. ¿Es que no tengo derecho a una vida privada? Hay quienes han repasado a las actividades de la Familia Real durante el pasado fin de semana para concluir que éramos los Príncipes de Asturias quienes deberíamos haber acudido a París.

Pues esta vez no ha podido ser. El año pasado fui solo al Roland Garros y bien que algunos sacaron punta a que lucía sombrero y portaba un abanico para combatir el calor. Pero esta vez mi Amada Esposa y Yo teníamos compromisos familiares y, sobre todo, la necesidad de pasar un fin de semana con nuestras hijas, después de los viajes de la semana pasada y los de ésta.

El propio Nadal, tan futbolero él, comprenderá nuestra opción por acompañar a España en el primer encuentro de la Eurocopa aunque no compartiéramos con él su ya cuarto trofeo Roland Garros, sin olvidar que en los tres anteriores sí contó con algún miembro de la Familia Real.

Pero, bueno, a lo que iba es al fallo del jurado sobre el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Aunque entre sus veinticuatro candidatos hay personajes tan singulares como Daniel Cohn-Bendit, líder estudiantil del Mayo francés del 68, el conocido periodista del Watergate Bob Woodward y el divulgador científico David Attenborough, entiendo que las candidaturas de Google y la Wikipedia le dan a estos Premios, y por ende a la Fundación que lleva mi título, un prestigioso aire global y contemporáneo.

Aunque entre ambas entidades tengo una preferida no desvelaré cuál es, pero cualquiera de ellas contribuye a la promoción internacional de estos Premios. Ya se trate de Google, como el mejor buscador de Internet, o Wikipedia, la innovadora enciclopedia digital de acceso libre y elaborada por los usuarios, cada uno puede encontrar serias razones a favor de uno u otra.

A dos días de conocer el fallo del jurado, os propongo a los seguidores de este blog que dejéis en el foro vuestro voto fundamentado:

¿A quién concederías el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades: a Google o a Wikipedia?

Quienes con tan poca originalidad siguen denostando la Monarquía como institución y considerando inútiles (cuando no parásitos) a los miembros de la Familia Real, ignoran la trascendencia de nuestra función y la utilidad para España de nuestro trabajo. Como muestra,  la agenda de lo que ha sido esta primera semana de junio.

La hemos tenido plagada de  compromisos de trabajo, de esos que la prensa sólo recoge cuando tienen un contenido vistoso o cuando los protagoniza la Princesa en solitario, pero sin apreciar su dimensión objetiva.

Pues bien, me da la impresión de que el gran público no se ha enterado de que en estos días la Corona española ha dado ejemplo de su posición equilibrada entre judíos y moros, dicho sea sin ánimo de molestar. O, lo que es lo mismo, de cómo sabemos llevarnos bien con altos representantes de las otras dos culturas monoteístas tan enfrentadas entre ellas.

Particularmente discreta, por razones de seguridad y por la idiosincrasia de se pueblo, ha sido la celebración en Madrid de unas Jornadas sobre Judíos en Iberoamérica, organizadas por un grupo muy influyente como el Congreso Judío Latinoamericano y la Casa Sefarad-Israel. Paralelamente, en Barcelona se desarrollaba un festival de cine judío.

A los directivos del Congreso tuve el placer de recibir en audiencia, coincidiendo con la publicación de unos juicios muy desafortunados sobre España a cargo de una asociación israelí. Eso no empañó el encuentro con tan poderosos personajes, que no se andan por las ramas ni pierden el tiempo en retórica.

Según me transmitieron, su objetivo era apelar a los gobiernos de la comunidad iberoamericana "para que entiendan el peligro que representa Irán para Occidente y la proliferación de armas nucleares y definiremos una agenda política de trabajo en este sentido".

Me ha quedado claro. Como también he tenido claro el esmero con el que tenía que tratar al ilustre visitante a quien recibí después de atender al Congreso Judío: el Príncipe heredero de Arabia Saudí.

El Sultán Bin Abdulaziz Al-Saud, cuya familia ha tenido siempre tan estrechos lazos con mi Augusto Padre, no es un visitante cualquiera. Precisa un protocolo ad-hoc, como que Yo lo reciba personalmente en el aeropuerto de Barajas junto a una amplia comitiva de autoridades donde no figuraba ningún ministro pero estaba presente hasta el jefe del Servicio Fiscal del aeropuerto.

Mi equivalente saudí, de la muy astuta y acaudalada familia Al-Saud, me supera en años pues allí el orden sucesorio tiene unas normas particulares, pero no por ser futuro monarca del país de los petrodólares o porque le corresponda en su día el título de Guardián de La Meca deja de ser una persona muy al tanto de la realidad e interesado por el progreso.

Lógicamente no le voy a contar, aunque tampoco he de ocultarlo, que antes de recibirle he estado con eminentes judíos. Es más importante hablar sobre las relaciones hispano-saudíes y  si, de Heredero a Heredero, puedo echar un cable a mi país pues mejor.

Para eso le damos un trato especial en la jornada de hoy: a mediodía le ofrezco un almuerzo en el Palacio Real y por la noche Su Majestad le invita a cenar en La Zarzuela. Así correspondemos a los agasajos que ellos nos dispensan, sin perder de vista que el boato no es obstáculo para engrasar asuntos de estado.

Cada uno pensando en el servicio a su país, como debe ser.

Hace tiempo me resigné a un agravio notorio cometido contra mi primera Hija, la Infanta llamada a ser en su día Heredera, por mor de la celeridad con la que el Gobierno y los tribunales han accedido a las reclamaciones de ilustres damas sobre sus derechos a heredar títulos nobiliarios de sus familias.

Esa resignación no quita que vuelva a embargarme la desazón a la vista de una reciente sentencia del Tribunal Supremo reafirmando una ley de 2006 que terminó con la preferencia del hombre sobre la mujer en la herencia de títulos.

Nada tengo contra esa equiparación, muy al contrario, pero habiéndome manifestado favorable a dicha igualdad en la sucesión a la Corona es una falta de consideración a la institución monárquica, particularmente a la Infantita, que con esa reforma legal se haya dado preferencia a las familias de la Nobleza sobre la Familia Real.

No hay que olvidar que los títulos nobiliarios, simbólicos y sin efectos civiles, son concesiones graciosas del Rey que se rigen por los principios de primogenitura, varonía y propincuidad, de acuerdo con las viejas Leyes de Partidas de los siglos XIII y XVI. Por eso es paradójico que la Nobleza se coloque por delante de la Monarquía de la que depende en la conquista del derecho de igualdad.

¿No hubiera sido más coherente esperar a la tantas veces prometida y nunca cumplida reforma constitucional sobre el orden sucesorio a la Corona, para que después fuera el propio Rey quien cambiara las normas y usos en asunto de su exclusiva competencia como los títulos nobiliarios?

Sí, sí... pero cuando aparecen las ambiciones y las pasiones, la coherencia se bate en retirada.

Hace dos años me preguntaba en este blog: "¿Por qué tanta prisa y facilidad en acceder a las aspiraciones de presuntas marquesas o duquesas frente a tanta lentitud y dificultades para la reforma legal que asegure los derechos de la Infanta bebé?"

La respuesta de entonces vale también para entender hoy la celeridad con la que el Supremo ha avalado la aplicación retroactiva de una ley:

Así lo pidieron a la Vicepresidenta Fernández de la Vega y así les fue concedido por acuerdo del PSOE y del PP (prácticamente es único acuerdo en la anterior legislatura) las aspirantes a Marquesa de Castelldosrius y a Condesa de Puñonrostro.

No es dato baladí que movieron los hilos en altas esferas del poder auxiliadas por sus respectivas parejas, los influyentes periodistas Pedro J. Ramírez y Luis María Anson.

Tanto una (Ágatha Ruiz de la Prada y Sentmenat) como otra (Beatriz Balmaseda Arias-Dávila-Manzanos), la primera pareja estable de Ramírez y la segunda esposa legal de Anson, mantenían pleitos con su tío Santiago de Sentmenat y con su hermano Manuel, respectivamente, por títulos de racio abolengo.

Por lo tanto, de acuerdo con la ley que promovió este Gobierno y con la sentencia última del Supremo, quizás Pedro J. Ramírez podría lucir como marqués consorte de Castelldosrius y Luis Mª Anson como conde consorte de Puñonrostro, ambos con rango de Grandeza de España.

Eso sí, mi Amada Hija, primogénita del Heredero a la Corona de España, y la Monarquía en su conjunto, siguen esperando que los políticos tengan a bien resolver el anacronismo sucesorio mediante una reforma constitucional sobradamente estudiada y calculada.

 

No recuerdo un Desfile de las Fuerzas Armadas (desde que tengo uso de razón no me he perdido uno, salvo cuando estudiaba en América) en el que haya tenido más comezón interior que en el de este 1 de junio en Zaragoza.

El acto se presentaba rarito por la ausencia de la titular de Defensa, justificada en su baja maternal. Aunque tenga ese derecho, creo yo que podía haber faltado de su casa en la mañana del domingo para no perder la oportunidad de acompañar a la familia castrense en una jornada tan señalada, reafirmando la naturalidad con la que el presidente del Gobierno y la valorada ministra Chacón quieren dar a la presencia de una mujer al frente de los Ejércitos.

De la misma manera que no dudó en visitar las tropas españolas en Afganistán, Bosnia y Líbano un mes antes del parto, podía haber dado un saltito a Zaragoza para un acto tan simbólico de la gran fiesta militar al que, por cierto, tampoco acude el presidente Rodríguez Zapatero porque así le place.

A esas circunstancias y a cómo las viven los miembros de la milicia le daba yo vueltas en la cabeza en la tribuna, junto a Sus Majestades y la Princesa, porque algo me había comentado al respecto mi Augusto Padre.

Y esto en un día donde ETA ha hecho estallar un explosivo en Zarauz, cuando se ha publicado una sanción disciplinaria a un general de Tierra, hijo del ultraderechista Blas Piñar. También cuando la revista Hola! publica un desafortunado reportaje sobre los hermanos Zulueta, prestigiosos militares y servidores de la Casa, en el que se atisba cierta segunda intención al presentarlos como ayudantes personales de mi esposa, la Princesa, y de mi Hermana mayor.

Para rizar el rizo, mientras desfilaban nuestros soldados en Zaragoza el presidente del Gobierno concedía una entrevista a la cadena SER en la que deja abierta la posibilidad de que Carme Chacón sea quien le suceda al frente del PSOE y como candidata a presidenta del Gobierno.

Yo he aprendido que los militares tienen una sensibilidad a la que hay que estar atentos para corresponder a la misma como se hace con otros colectivos de servidores del Estado. Para eso el Rey tiene un olfato especial y más de una vez ha tenido que dar un toque de atención al Jefe del Ejecutivo para afinar en la política de defensa.

A mi run-run interno, procurando que no se me notara, sobre tan notables ausencias en la ceremonia principal del Día de las Fuerzas Armadas y otros sucesos desagradables de la jornada, se sumaba también la confusión que me embarga ante el cúmulo de mensajes sobre la negra situación económica. Me explico:

Ayer sábado me cuentan que Zapatero ha presentado en Barcelona un paquete de medidas anticrisis y esta mañana me aclaran que no son tales, sino la transposición a España de unas directivas de la UE sobre agilidad administrativa y liberalización cuyos efectos no se notarán hasta después de 2012.

¡Vaya manera de empezar el mes de junio!