
Entre los agasajos al Presidente de México, que nos ha visitado, y la inauguración de la Expo del Agua, hace unos días
pasó inadvertido un acto muy singular. Se trataba del más importante de los que hasta ahora ha presidido
en solitario la Princesa, un
encuentro internacional sobre mujer, liderazgo y conciliación laboral, bajo el rótulo
Construyendo sociedades sostenibles.
El asunto, como se ve, tenía enjundia, pero además fue el día 12, en plena efervescencia de la polémica desatada por el desafío feminista/gramatical de la ministra de Igualdad. Y precisamente correspondió a Bibiana Aído acompañar a mi Amada Esposa en un acto que, para que no faltara de nada, estaba organizado por el prestigioso Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), dependiente del Opus Dei.
La Princesa me hizo después una breve crónica -como siempre le gusta hacerlo sobre su agenda personal- de un acto en el que notó, y agradeció, que la ministra Aído no buscara su complicidad en la desafortunada aventura gramatical de las miembras, que tantos reproches le ha costado.
Me cuentan que, curiosamente, la titular de Igualdad ha usado su blog personal para aclarar lo que anunció en el Congreso sobre un teléfono para maltratadores, rectificando lo que figura en la web de su Ministerio. Más raro aún es que en la reproducción de sus palabras en dicha página web no figura lo de "miembros y miembras".
Todo eso lo conocía la Princesa antes de encontrarse con Bibiana Aído, poco diestra en ese tipo de actos, algo explicable por su inexperiencia. Por ello mi Amada Esposa prefirió no rozar el asunto, cosa propia de los miembros de la Familia Real que debemos alejarnos de las disputas públicas.
Quizás la ministra ese día ya tenía interiorizado lo que el sábado declaraba en Abc: "He aprendido que la libertad de expresión es inversamente proporcional a la responsabilidad que tienes. A mayor responsabilidad, menor libertad de expresión."
¡A Mí me va a contar lo que es refrenarte las opiniones o mantener la boca cerrada para que no entren moscas! Lo que le ha pasado es que antes de llegar a esa conclusión se despachó a gusto sobre el lenguaje de género, atribuyendo erróneamente a los hispanohablantes de Iberoamérica el vocablo miembra, cosa que le ha valido una cascada de desmentidos desde aquel continente.
"Nos califica de ignorantes para maquillar su disparate", ha comentado un cronista de la principal emisora de radio de San Salvador, según leo en La Vanguardia.
Volviendo a lo que me ha comentado mi esposa, la Princesa, sobre aquella reunión de expertos internacionales en el IESE, quedó Ella muy satisfecha de su discurso en el que habló de conciliación de vida laboral y familiar y de reconocimiento a las mujeres sin utilizar el lenguaje de género que promueve este Gobierno al margen de la Academia.
Pero lo más singular, me señala, es que las palabras inaugurales de la directora de aquel evento, una profesora española, nada tuvieron que ver con ciertas políticas oficiales de igualdad, y las pronunció ante una miembro del Ejecutivo que las defiende entusiásticamente.
-¿Y qué dijo la ministra de Igualdad?, he preguntado a la Princesa.
- Pues... no sabría decirte. Fue un parlamento muy breve, como de compromiso, no recuerdo nada sobresaliente.
No sé si habrá sido por la nula relevancia de las palabras de Bibiana Aído, porque durante estos días sólo se hablaba de ella en relación con su barbarismo lingüístico, porque algunos le han cogido manía o porque a los del IESE, tan formales y del Opus, esa ministra les parece una chisgarabís, el caso es que sólo una de las numerosísimas reseñas de prensa sobre el encuentro Construyendo sociedades sostenibles alude a la intervención de la titular de Igualdad.
Más llamativo aún es que la crónica oficial del acto hecha por sus organizadores omite incluso la presencia de Bibiana Aído, pese a que aparece en una pequeña fotografía.