Sé que los criticones de siempre están sacando punta a que en la ceremonia de concesión del Premio Príncipe de Viana a Alfredo Landa, los fotógrafos nos inmortalizaran a la Princesa y a Mí tal como aparecemos en la fotografía junto a estas líneas. ¿Le molestarán a alguien nuestros gestos cariñosos?
En todo acto oficial, como lo era el del otro día en el Monasterio de Leyre (Navarra), donde ejercíamos como Príncipes de Viana, el protocolo enseña a mantener la seriedad debida sin pecar de altivo o circunspecto, sino más bien cercano y agradable pero lejos de la vulgaridad y la frivolidad. En fin, se trata de un equilibrio múltiple que sólo cuando has sido educado para Heredero sabes cómo mantenerlo.
Además soy consciente de que aún persiste la imagen de mi Amada Esposa como persona fría y distante. Eso procuro combatirlo siempre que puedo tomando ciertas iniciativas con la sutileza debida, como en el caso que estoy comentando.
Si a ello se añade la espontaneidad y simpatía que siempre nos muestran las gentes de Navarra, como ocurrió en el acto ya citado, a lo que había que sumar la naturalidad y el gracejo que imprimía el galardonado, no es raro que en un momento tuviera ese gesto de coger la mano de la Princesa, disfrutando ambos de las palabras ingeniosas de tan gran actor.
Si a algunos les resulta chocante o les incomoda que los Príncipes de Asturias se quieran y no disimulen su amor sin hacer tampoco exhibicionismo, allá ellos con su problema.
Lo de la imagen captada en Navarra no ha sido una pose buscada, sino algo natural. La prueba está en que se puede hacer una galería fotográfica con la cantidad de veces que nos han retratado cogiditos de la mano o del brazo, aunque no voy a negar que en ocasiones eso también ayuda a la Princesa a sujetarse al caminar o subir escaleras con tacón alto.