
Desde hacía pocos meses
la Princesa barruntaba la cercanía de un desenlace final de su abuela materna, como así ocurrió la noche del domingo. Mientras
todos los españoles, con Sus Majestades a la cabeza como espectadores del encuentro,
celebraban el histórico paso a semifinales de la Eurocopa, Yo acompañaba a mi
Amada Esposa en el duelo familiar.
No entro en detalles sobre la forma grata e intensa con la que la Princesa vive la relación con sus abuelas, y en el caso de doña Enriqueta cómo ha sabido estar junto a su hija y a sus nietas a las duras y a las maduras.
Y no entro porque no me corresponde ni me parece adecuado, además de por respeto al ejemplar comportamiento que ha mostrado mi familia política desde el momento que emparentaron con la Familia Real gracias a nuestro matrimonio.
Han soportado toda clase de insinuaciones, de provocaciones y a veces de comentarios despectivos que sólo degradan a quienes los expresan. Particularmente, de la abuela materna ahora fallecida y de su marido, discretos donde los haya, no ha desaparecido esa manera de definirlos como "el taxista" o "la pescadera", señalando su condición humilde con ánimo ofensivo.
Pero ya digo que no tengo queja alguna sobre el comportamiento de mi familia política, ni incluso en los trances difíciles que han atravesado, como fue el trágico fallecimiento de mi joven cuñada.
Y si los medios de comunicación han sido unánimes en criticar la actitud reciente de la otra hermana de la Princesa, con su demanda colectiva a la prensa, se trata de una reacción desesperada ante el acoso de los reporteros.
De la otra rama familiar, la paterna, tampoco me han venido problemas, y eso que mi suegro pertenece al mundo de la comunicación. Algunas cronistas del corazón siguen muy de cerca la trayectoria de la tía Henar, que se ha promocionado en los últimos años pero limitada a la región asturiana, con gran éxito de sus complementos de moda en la boutique del Ayuntamiento de Ribadesella.
En definitiva, si me comparo con otros príncipes europeos que tantos entuertos familiares atienden, solucionan o disimulan, hasta la fecha me puedo considerar un afortunado.