¡Qué cierto es eso de que "si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría". Ejemplos se encuentran a todos los niveles sociales y con toda clase de personas, desde las más oscuras a las más renombradas.
Me comentó hace días la Princesa, cuando se enteró del propósito de Su Majestad de otorgar nuevos títulos nobiliarios, que dada la escasez de distinciones así se mirarían con lupa y alguien les sacaría punta. Pues algo de eso ha habido, al menos con el marquesado de Guadalcanal para el profesor Antonio Fontán.
Con ese catedrático de Latín, periodista director del diario Madrid, miembro del Opus Dei y presidente del primer Senado de la democracia no he tenido mucha relación pero le aprecio por lo que mi Augusto Abuelo me hablaba de él como político liberal y humanista.
Monárquico y antifranquista, por lo que Yo sé Fontán ayudó con eficacia y discreción a la concordia política entre mis Augustos Padre y Abuelo, aportando a la reinstauración monárquica el soporte ideológico o doctrinal del que carecía.
Miembro destacado del que se conoció como Consejo Privado de Don Juan, el nuevo Marqués de Guadalcanal ha sido el único monárquico oficial, por así decirlo, que en esta Monarquía ha sido distinguido con un título nobiliario.
Y eso es precisamente lo que, según me llega, ha escocido a otro distinguido periodista que también perteneció a aquel Consejo Privado, que no pierde oportunidad de alardear de su lealtad a quien él denomina por el ordinal Juan III y que pasa por ser el monárquico más monárquico de todos los monárquicos: Luis María Anson.
El que fuera director de Abc, hoy columnista de El Mundo y promotor de un periódico digital, ha saludado la distinción regia a Antonio Fontán con lo que un ansonólogo me dice que es un ejemplo de su proverbial cinismo. Es decir, que Anson respira por la herida de no haber recibido ningún favor de la Corona.
Bajo el título El Rey acierta con Fontán, comienza con un retrato del nuevo marqués que es el que podría hacer de si mismo: " (...) fue destacado miembro del Consejo Privado de Don Juan de Borbón. Estuvo siempre en contra de la Monarquía del Movimiento Nacional que impulsaba el dictador Franco y a favor de la Monarquía parlamentaria, de la Monarquía de todos, que defendía con tenacidad el Rey exiliado en Estoril".
Y es el final donde utiliza más retranca, siempre con sutileza: "El Rey ha acertado de lleno al otorgarle un título de nobleza. Es el reconocimiento a una vida (...) al servicio de la Monarquía que defendió Juan III desde el exilio y que encarna ahora ejemplarmente su hijo Juan Carlos I. No necesita Antonio Fontán, que anda ya con paso firme más cerca de los noventa que de los ochenta, ni distinciones ni honores".
Estoy seguro de que Anson no pasará de los dardos periodísticos, pues al fin y a la postre es probable que en breve pueda lucir el título de Conde de Puñoenrostro, aunque como consorte, al ser título que correspondería a su esposa.
Y a los otros marquesados que ha otorgado el Rey a Margarita Salas y a Paloma O'Shea no creo que nadie ponga pegas, tratándose la primera de una ilustre científica y la segunda de una mecenas musical casada con el primer banquero del país, Emilio Botín.