
El triunfo futbolístico español determina el ritmo de una semana que el calendario había
reservado para otros asuntos: la comparecencia del Presidente del Gobierno para explicar sus
medidas económicas, el congreso del Partido Socialista o los preparativos de un
desfile multitudinario del Orgullo Gay.
No se me escapa el especial acercamiento de este Ejecutivo hacia los y las homosexuales. Ahí está la ley que les permite contraer matrimonio o las dos portadas dedicadas por la revista Zero al presidente Zapatero.
En esa proximidad no podía faltar la ministra de Igualdad, que ha posado para la última portada de esa publicación como la Dorothy de El Mago de Oz arropada por una lesbiana, un gay y un transexual.
Presentada la miembro más joven del Consejo de Ministros como "la ministra contra el machismo mediático", en el interior se constata que Bibiana Aído no ha dejado buen sabor de boca en Zero porque no les contestó a una pregunta sobre la polémica de las miembras, posterior a la entrevista.
Las declaraciones de la ministra no tienen especial relevancia, salvo que me ha llamado la atención que equipare a lesbianas e inmigrantes como colectivos doblemente discriminados dentro de las mujeres.
Estos asuntos los sigo con el interés y la precaución propios de mi posición. Como Heredero no debo mostrar simpatías por unos o antipatías por otros, sino cercanía hacia todos los españoles. ¿Soy, entonces, también el Príncipe de los gays? Hombre, pues formulado así la respuesta es afirmativa pero es un planteamiento equívoco.
Está claro que en esta segunda legislatura socialista se van a visibilizar (como dicen algunos) cambios sociales llamativos, y no sólo de la mano de la señora Aído.
Como miembro que soy de las Fuerzas Armadas no olvido que tenemos una mujer al frente de Defensa que en su primera aparición parlamentaria ya ha visibilizado un cambio: iba acompañada por una ayudante militar, primera vez que una mujer ocupa ese destino en el Ministerio de Defensa.
Desconozco su graduación, pero oí hace tiempo que la ministra Carme Chacón decidió modificar el Real decreto que establece que los ayudantes del titular de Defensa debían tener graduación superior a la de oficial y, claro, en ese nivel del escalafón no disponía de mujeres.