
Llevamos una semanita de
sobresaltos familiares... en la familia política no en la Familia Real. Empezó el diario
El País señalando que en la fotografía oficial de una audiencia en Zarzuela a la que
asistió el Duque de Lugo, éste había sido cortado.
No sé de quién fue la idea de acercar el plano de esa imagen, porque como se aprecia en otras imágenes del momento allí estaba el aún esposo de mi Hermana mayor. Que yo sepa se le sigue tratando con respeto, la prueba es que pese al tiempo transcurrido desde la interrupción de la vida conyugal, la web oficial de Zarzuela sigue alojando la página del Duque de Lugo.
Después se ha divulgado la información de que la hermana de la Princesa se marchará a vivir fuera de España con su hija y el padre de la bebé, unos dicen que a Filipinas, otros a Iberoamérica. No voy a decir su destino exacto por respeto a la discreción con la que quiere llevar su vida, pero cuando presentó su desafortunada demanda judicial advertí en este blog que su futuro en paz estaba lejos de aquí.
Espero que cese el acoso de la prensa rosa sobre los seres queridos de mi Amada Esposa, aunque nunca se sabe. Otro revés en su familia, la liquidación del negocio de la tía Henar, una boutique en Oviedo, empieza a ser pasto del cotilleo.
Pero quienes hurgan con esos asuntos negativos no se fijan en los positivos, como el acierto con el que se desenvuelven los padres de la Princesa, cada uno por su lado. En YouTube hay un vídeo de casi una hora con una entrevista a su padre en el canal local Teleasturias, con sus únicas declaraciones públicas desde que se convirtió en mi suegro.
Ha sido el personaje asturiano elegido para el primero de los programas de entrevistas Del cielo a la tierra (el segundo ha sido Pipi Estrada). El motivo de esa elección parece obvio, pero la entrevista trata exclusivamente de su vida profesional y de su añoranza de Asturias.
Recibe al entrevistador, a lo que parece antiguo colega suyo de Oviedo, en la sede de Estudio de Comunicación, prestigiosa compañía donde él trabaja, y mantienen el diálogo en una elegante salita sobre sillones de diseño clásico, quizás antigüedades.
Pero a lo que iba. A lo largo de 51 minutos de conversación, ni una sola mención a su condición de padre de la Princesa. Ni siquiera la cita por su nombre, pues la única vez que alude a sus hijas se refiere a "la mayor", "la segunda", "la pequeña". Eso es saber estar en su sitio, pero pocos lo reconocen.