
Si durante la estancia en Beijing he sudado como nunca, igual me ha ocurrido a la vuelta. Muy poquitos días para
disfrutar tranquilamente con las Niñas, pero sin desconectar del trabajo. Concretamente, ocupado de algo que mucho me interesa pero de compleja solución:
la asignación que me corresponderá en 2009 de la partida de los Presupuestos del Estado para la Casa de S.M.
Esas cantidades tienen que estar definidas antes de la presentación oficial de los Presupuestos en septiembre. Aunque el Heredero carece de asignación como tal, la Casa contempla los gastos derivados del ejercicio de mi función y mi Augusto Padre dispone las cantidades para disfrute personal.
Pues bien, la vida se encarece, la familia aumenta, pero el Ministerio de Economía y Hacienda Nos advierte que estamos en época de vacas muy flacas, como si no fuera evidente. En una situación de crisis como ésta, la Corona debe dar ejemplo evitando derroches o gastos suntuosos. Lo de la austeridad es relativo.
Como resulta que a los ojos del vulgo Monarquía es sinónimo de lujo y Familia Real equivale a vividores desocupados, a la hora de presupuestar nos vemos obligados a muchos equilibrios. Ya ha salido el grupo de republicanos andaluces pidiendo reducir el sueldo del Rey a 150.000 euros anuales y suprimir casi la mitad de los vehículos a disposición de la Casa.
Antes de que el Gobierno haga público el proyecto de ley de Presupuestos no debo anticipar su contenido en lo que se refiere a la partida para Su Majestad y su Casa, pero mi posición es que una cosa es apretarse el cinturón y otra que los ingresos no aumenten en porcentaje cercano al IPC.
Imagino que a finales de mes me dirán con exactitud cómo van a ser esas cantidades. Ahora tengo por delante un apretado viaje -y no de vacaciones- a Paraguay y República Dominicana para asistir a las tomas de posesión de dos presidentes.
El primero es Fernando Lugo, que sólo hace unas semanas ha recibido la dispensa de Su Santidad de su condición y obligaciones como obispo y clérigo, pues ese rango alcanzó en 1994 tras treinta años como sacerdote misionero del Verbo Divino.
En España y en el resto de Europa no entenderíamos un obispo, aunque emérito, como candidato a presidente del Gobierno, pero la América hispana tiene sus peculiaridades y hay que entenderlas.