Me ha tocado pasar el puente de agosto sin la familia y trabajando en América, porque forma parte de mis obligaciones acudir en representación de Su Majestad y de España, como he hecho, a las tomas de posesión de los nuevos presidentes paraguayo y dominicano, Fernando Lugo y Leonel Fernández.
De las dos ceremonias a las que he asistido en un período de 48 horas, la más singular ha resultado la de Paraguay. Esa nación hermana ha puesto fin a décadas de gobierno del Partido Colorado y ha elegido para presidente, como señalaba en otro post, al ex obispo Fernando Lugo.
Éste, tras recibir la dispensa como clérigo promete una política de austeridad y predica con el ejemplo: a la ceremonia de su toma de posesión acudió en camisa de cuello mao y ¡con sandalias! clásicas, bien limpias y por fortuna sin calcetines.
En Iberoamérica te topas con situaciones o costumbres que a un europeo nos suenan a pasado, pero que allí son señales que marcan el futuro.
Más antiguo o regresivo resultan algunas cosas de aquí, como las preguntas sobre mi condición de Heredero incluidas en una macroencuesta que está publicando El Mundo. En el capítulo referido a la Monarquía el periódico de Pedro J. interroga de forma algo retorcida sobre dos cuestiones que no me hacen gracia:
- si el Rey debería haber esperado a la aprobación de la Constitución para nombrarme sucesor (en una pregunta sobre La sucesión).
- si debe someterse a referéndum mi derecho a la sucesión natural (en una pregunta sobre El papel del Rey).
¿A qué viene remover a estas alturas lo que está más que claro? Así se siembra confusión, pues aunque Su Majestad sale bien parado resulta que a casi un 60% de los encuestados le resulta indiferente Monarquía o República. Y, aunque sea minoría, un 42,3% es partidario de someter a referéndum mi sucesión.
La Monarquía es una institución sobre la que se pueden hacer encuestas, pero con mucho tiento, porque enseguida vienen los analistas de los datos con interpretaciones para todos los gustos.