
¡Hay que ver la cantidad de
periodistas del corazón y comadres varias que sientan cátedra sobre lo acertada o equivocada proyección pública de la Princesa! ¡Cuánto asesor de imagen desperdiciado anda por el mundo!
Contábamos mi Amada Esposa y Yo con un cierto revuelo en la opinión pública a cuenta de su intervención quirúrgica en la nariz. Pero no imaginaba que las especulaciones duraran tanto tiempo y llegaran tan lejos. Se trata de un asunto personal, que en nada afecta al papel institucional de la Princesa, y no entraré en detallar el trabajo del cirujano.
De todo lo que se ha comentado, se ha inventado, se ha acertado y se ha exagerado sobre ese tema, se lleva la palma lo escrito por el inevitable Peñafiel, dado el creciente envenenamiento de sus palabras.
En su conocida especialidad de verdugo de la Princesa, ya no se corta para hablar de "el triste día del anuncio oficial del compromiso matrimonial en el Palacio de El Pardo, un día para no olvidar".
La prueba de que no mide su legítimo derecho a la crítica, es que termina con una frase tan truculenta como de pésimo gusto, que sólo se entiende desde el rencor que hace perder los papeles. Y es eso de "Pena da que no exista una cirugía para el carácter".
Dice mi Amada Esposa que es mejor ignorar u olvidar ese tipo de ataques que, según Ella, se desautorizan por las crecientes erratas y faltas que aprecia en los textos de dicho comentarista. Me enseña la h olvidada en "Pero, a resultado que no" y la profusión de comas repartidas por el texto sin ton ni son.
Pues así se presenta la vuelta de las vacaciones, con diversos dardos contra la Corona: a las infamias de Jiménez Losantos se han sumado unas declaraciones del nacionalista Xabier Arzallus: "Don Juan Carlos tiene aureola, peno nunca lo acepté ni lo aceptaré (...) Lo metieron por la puerta de atrás en la Constitución y para un demócrata eso es inaceptable".
Y junto esos ataques, las maledicencias sobre la nariz y el mentón de la Princesa.