El revuelo en la opinión pública por esa elucubración sobre el uso de trapos sucios por parte de mi Hermana mayor para liquidar su matrimonio nos ha cogido en vísperas del viaje oficial a México.
No creo que haya conjuras contra la Corona, pero que nuestra primera visita oficial como Príncipes de Asturias a una nación como México vaya acompañada de los soniquetes de una fea, además de falsa, pelea entre los Duques de Lugo, resulta más que desagradable.
Cuando tuve conocimiento de lo publicado en la revista Época, no daba crédito. Se trata de una publicación del Grupo Intereconomía, cuya cabeza es Julio Ariza, antiguo diputado autonómico del PP y, por lo que me cuentan, persona muy ligada al Opus Dei. Los medios de ese grupo tienen una línea editorial conservadora, ya lo sé, y el director de Época, Carlos Dávila, se identifica con posiciones de la derecha radical... ¿pero tal es el desapego de cierta derecha hacia nuestra Monarquía que no dudan en hacer uso de la infamia?
En esas cavilaciones andaba cuando la Princesa me ayudó a entender algunas cosas con su análisis más periodístico.
- Fíjate, me dijo, en la textualidad de la portada de la revista y en el párrafo del reportaje que alude directamente al consumo de cocaína, para que veas que usan una redacción preventiva y equívoca ante posibles demandas judiciales.
Le hice caso y leí en voz alta la portada: "Conflicto en la separación de Doña Elena. ALEGA CONSUMO OCASIONAL DE COCAÍNA. Casa del Rey a Época: `Se quiere hacer daño a la Monarquía´". Efectivamente, la portada no dice quién es el consumidor ni cita al Duque de Lugo, pero ofrece una foto suya a todo trapo.
Me voy al reportaje y leo: "La Infanta Elena quiere hacer desaparecer su matrimonio, por completo. Fuentes familiares perfectamente reconocidas por Época afirman que el motivo que pretende alegar Doña Elena es que desconocía, en el momento de formalizar el compromiso con Jaime de Marichalar y de contraer matrimonio, que quien es todavía su esposo consumía cocaína de forma ocasional". ¿Qué son fuentes familiares perfectamente reconocidas
Y mi Amada Esposa me hace unas observaciones fruto de su conocimiento del oficio periodístico, que se resumen más o menos así:
Se trata de un ejemplo de "pornoperiodismo", como Ella lo califica. No aporta pruebas porque no da cuenta de ningún hecho, sino que aventura cuál es la pretensión de mi Hermana en una presunta negociación.
A la vista de esas y otras consideraciones de la Princesa, y a la vista también del eco que este asunto ha tenido en la opinión pública, no tengo claro que la respuesta que ha tenido la revista sea la más adecuada.
En primer lugar ha sido intempestiva, difundiendo los abogados un comunicado a altas horas de la noche de un viernes.
En segundo lugar, dado que lo más impactante es que salga a relucir un supuesto consumo de cocaína en torno al matrimonio de una Infanta de España, o los abogados actúan de inmediato contra lo que puede ser una calumnia o exigen a la revista una rectificación inmediata. Pero centrar el comunicado en que no hay trámites de divorcio ni nulidad puede sonar a que se van por las ramas.
En Época saben que un miembro de la Familia Real tiene muy difícil defensa ante determinadas infamias o atropellos. Y también saben, pese a las excusas no pedidas del director de la revista, que con estas cosas contribuyen a deteriorar la Monarquía, pues su reportaje no es un simple patinazo ni obedece a un descuido. En esas páginas se hostiga a Su Majestad desde hace un tiempo con argumentos similares a los de Jiménez Losantos.