Allá donde acudo con la Princesa no paran de enfocarle las cámaras buscando ángulos nuevos de su rostro tras la intervención quirúrgica en la nariz. Tanto buscan y rebuscan que al final consiguen instantáneas tan raras como la obtenida el otro día en el comedor colectivo de los empleados de la Expo.
No sé si correrán tan abundantes ríos de tinta, de fotografías y de vídeos sobre el cambio piloso operado en la cabeza del presidente de las Cortes Españolas, José Bono, como sobre la nariz de mi Amada Esposa.
Lo de la máxima autoridad del poder Legislativo ha sido un implante de pelo en toda regla, como demuestran las imágenes del antes y el después. Y es de suponer que por motivos exclusivamente estéticos, no como en el caso de la Princesa que tenía que corregir su tabique nasal.
Yo me pregunto: ¿hará la revista El jueves con el implante del señor Bono bromitas de tan dudoso gusto como las realizadas en su última portada a cuenta de Nosotros?
Con el final de la curiosidad pública sobre esos cambios faciales no terminarán, por desgracia, la curiosidad malsana y un cierto acoso a mi Familia. No pierdo de vista que en breves días nuestra Hija mayor comenzará el curso escolar estrenando colegio, el Santa María de los Rosales.
No descarto que desde algunas posiciones extremistas se pretenda avivar polémica sobre el hecho de que la primogénita del Heredero acuda a un centro laico y mixto. Ya en su día, cuando se anunció que haría los estudios en ese mismo colegio, hubo pronunciamientos críticos desde la órbita de la cadena COPE.
La emisora de los obispos recogió la noticia en su web acompañada de un comentario editorial que calificaba de inoportuna la explicación sobre la naturaleza laica del colegio. "Es una forma como cualquier otra de pisar callos de manera gratuita. Qué poco tacto...", decía.
Y la periodista de esa misma cadena radiofónica, Cristina López Schlichting insistió en tachar la decisión sobre ese colegio como un apoyo a la política laicista del Gobierno, escribiendo esto en La Razón:
"Tomar partido es impropio de la Monarquía, que está para unir y no para dividir a los ciudadanos y hacerlo en un momento en que la cuestión religiosa reaviva los peores espectros históricos de España es, sencillamente, irresponsable. Si los Príncipes eligen un colegio católico, bien; si lo eligen laico, fenomenal; pero destacar públicamente la bondad de una u otra cosa es hacer política -en este caso a favor del Gobierno- y abundar en un conflicto social".
En ese mismo colegio estudié Yo durante mi niñez, ya era laico y mixto, y no hubo quejas o lamentaciones. Ahora estamos en una sociedad más abierta, pero también más protestona.