
Con el nuevo curso he retomado una agenda de trabajo repleta de actos y reuniones. Aunque las personas con las que me veo, sobre todo cargos públicos, generalmente no sacan conversaciones sobre asuntos discutidos en la opinión púbñlica o lo hacen tangencialmente, en algunas audiencias o visitas mis interlocutores no guardan esa prudencia a poco que les dé pie para ello.
Como Heredero, igual que en el caso de Su Majestad, en una conversación se trata sobre los temas que Yo suscito y no es adecuado que se me hagan preguntas, mucho menos plantear quejas.
A la vez he de aprovechar mis contactos con el pueblo para tomar el pulso y enterarme de por dónde van los tiros entre la gente de la calle. Eso me obliga a equilibrios difíciles como ocurre ahora que no se concibe una conversación normal sin que salga a relucir la crisis económica.
¿Y Yo qué hago? No puedo ignorar la situación o mirar para otro lado. Es más, me interesa reunir más datos de los que me llegan por conducto oficial, y sin manifestar opinión alguna sobre la gestión gubernamental y la de la autoridad monetaria.
Quienes conocen mi peculiar posición intentan en estas conversaciones evitar los aspectos políticos, limitándose a las visiones más comunes. Eso es lo que llevó el otro día a una autoridad regional a hacerme la siguiente observación:
- Alteza, fíjese cómo está el sector servicios y la fortaleza con la que hace frente a la crisis. En un periódico nacional como El País los anuncios breves de venta de pisos y automóviles se han reducido a una página, pero los de relax y adultos ocupan tres.
Ingenuamente le pregunté qué actividades productivas son esas de relax y adultos. A mi interlocutor se le encendieron las mejillas y bajando la voz y hablando atropelladamente contestó: "Las casas de masajes, Señor, los puticlub y todo eso".
La anécdota ilustra sobre la extrema prudencia que he de mantener, y no digamos la Princesa, en nuestras conversaciones aparentemente informales. A quien me ilustró sobre la salud económica de esos servicios no se le olvidará el mal trago que pasó para aclarármelo. Y Yo, por la noche, pedí el periódico para comprobar si era cierto lo que me dijo.
Pues efectivamente: la oferta comercial titulada Relax, Adultos o Masajes triplica en cantidad la inmobiliaria y la automovilística. Y eso que, en términos proporcionales, no creo que un vehículo o un apartamento de segunda mano sean más caros que frecuentar los servicios que se ofrece bajo rótulos tan curiosos como madurita, desbordante, morenazo vicioso, pechugonas, distinguidísima, apolo, culona, culitos tragones...