Acudimos la Princesa y Yo a Frankfurt para inaugurar una nueva sede del Instituto Cervantes. No sé si es la cuarta o quinta vez que presidimos un acto así en países de Asia, América y Europa, pero casi todo lo relacionado con el Cervantes me agrada.
Ese Instituto cumple una función de primer orden en la proyección exterior y en la imagen del Reino de España, algo que nos hace mucha falta para no desdibujar nuestra nación. El Cervantes es mucho más que un símbolo, aunque los símbolos también son necesarios.
Me viene esto a la cabeza por lo que se divulgó recientemente sobre cambios caprichosos de la ministra de Igualdad en la imagen de su departamento. Desde 1999 están definidos por ley los colores, la tipografía y las proporciones que han de guardar los símbolos del Estado, así como la denominaciones y señalizaciones de los organismos de la Administración General del Estado.
¿Qué ha hecho la ministra Bibiana Aído? Nada grave o que no tenga remedio pero que denota un descuido en lo que viene determinado por dos reales decretos, uno de ellos con alusión específica al Ministerio de Igualdad creado este año.
Si la norma general es que las señalizaciones externas e internas de todos los ministerios usen la misma tipografía y el escudo de España sobre fondo amarillo, la señora Aído prescinde de ese color de fondo y está impregnando de color malva (lo debe considerar más femenino o feminista) su Ministerio.
Malva es el tono dominante en la sala de comparecencias del departamento y en la web oficial del departamento de Igualdad. Ese color era hasta la fecha el corporativo del Instituto de la Mujer, pero con Bibiana Aído se ha extendido a la Secretaría General de Políticas de Igualdad, incluso al organigrama del Ministerio en la Red, cosa que no ocurrre con ningún otro ministerio.
En el de Defensa, dirigido por Carme Chacón, el portal está dominado por imágenes femeninas acompañadas de música chill out, pero el organigrama no está teñido. Y las web de los demás departamentos eligen colores diferentes en su apariencia pero sin tanta intencionalidad.
Como existe un Manual de imagen Institucional de la Administración General del Estado, esa especie de diseño tan testimonial que ha querido marcar Bibiana Aído podría vulnerar lo que dice la ley de que los nombres de los ministerios se compongan "con la misma tipografía, sin ninguna connotación simbólica al tipo de Ministerio, para conseguir así una imagen coherente y homogénea".
O lo dispuesto en el sentido de que "la utilización del color amarillo como fondo del Escudo y la denominación ministerial, aportará mayor notoriedad a la imagen de la Administración".
Considero que los fondos son más importantes que las formas, pero cuando hablamos de instituciones del Estado las segundas tienen más importancia de lo que parece.