
Primero fue sobre la nariz, después sobre la barbilla, las mejillas... Ahora las cámaras y objetivos de los
reporteros escudriñan el busto de la Princesa. ¡Qué agobio!
Tras publicarse que la sesión de cirugía a la que se sometió mi Amada Esposa en agosto incluyó también los pechos, ahora tiene que darle muchas más vueltas a la ropa con la que aparece públicamente por lo que marca o deja de marcar.
Me desagrada profundamente, aunque no lo exteriorice, la curiosidad malsana de cierta prensa que no ha parado de hurgar sobre los motivos y alcance de la operación. Particularmente las comentarios insidiosos de ese cronista social especializado en ridiculizar a la Princesa con argumentos más o menos grotescos.
Sé que como Heredero, igual que el resto de mi Familia, estoy expuesto a la opinión pública cuidando una imagen exterior que siempre será examinada con críticas o alabanzas. ¡Pero qué curioso que no todas las imágenes reciban la misma atención de los medios!
Por ejemplo, los Duques de Palma han sido recibidos recientemente en audiencia privada por Su Santidad cuando se encontraban en Roma en una celebración familiar, y nadie ha prestado atención a ese hecho. El Papa no recibe a los miembros de la realeza porque pasan por allí ni en cualquier fecha, aparte de que fueron acompañados del embajador español.
¿Tenía Benedicto XVI algún mensaje que transmitir o que recibir relacionado con la Corona? La referencia oficial del Vaticano sobre la audiencia nada dice sobre su contenido. Omite incluso que al término de la misma el Santo Padre accedió a fotografiarse con toda la familia Urdangarín, reunida en la Ciudad Eterna.
Tampoco he conocido ninguna glosa sobre la instantánea que recoge la presencia del Duque de Lugo y sus hijos, mis queridos sobrinos, en el torneo de tenis celebrado recientemente en Madrid, tocados los pequeños con sombreros idénticos a los de su padre.
La imagen destila mucha más simpatía que tanta especulación sobre los términos jurídicos con los que se pondrá fin al matrimonio, aludiendo a un supuesto favor del Vaticano para conseguir la nulidad en el tribunal de la Rota.