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Artículos - octubre 2008

# miércoles, 29 de octubre de 2008 12:43

A los 70 años la Reina se sale con la suya

Yo, como se dice popularmente, tiro más hacia la Reina que hacia el Rey. Para qué voy a decir otra cosa, si así lo han comprobado quienes han escrito sobre nuestra Familia. Por muy personal que sea este blog, no voy a explicar aquí el porqué de la mayor cercanía que he sentido respecto a mi Augusta Madre.

Traigo esto a colación ahora que cumple 70 años en unas condiciones físicas y mentales envidiables, fruto de sus hábitos disciplinados y del rigor en la alimentación, que ya quisiera mi Augusto Padre. Con motivo del cumpleaños se han publicado varios libros más o menos biográficos, lo que no tiene nada de particular salvo que dos de ellos han sido elaborados con la participación directa de la Reina.

Aunque me parece bien que lo haga, en la Familia Real hay una norma de conducta de extrema prudencia para no implicarnos personalmente en libros o entrevistas, salvo contadísimas excepciones, siempre controladas desde la Casa. Lo que me extraña es que en el caso de mi Augusta Madre ya se han dado tres excepciones, por lo que dejan de ser tales.

Uno de los libros publicados ahora recoge unas largas declaraciones concedida a dos periodistas hablando de todo lo divino y lo humano, salvo de política. Me sorprende, por cierto, que los autores no hayan aprovechado la ocasión para preguntarle por su presencia desde 1989 en las reuniones anuales secretas del enigmático Grupo Bilderberg. Por si no estuviera claro lo de la excepcionalidad, el título reza La Reina habla de su vida.

Más excepcional todavía es que la periodista Pilar Urbano, que en 1996 publicó La Reina, una especie de memorias autobiográficas basadas en su testimonio, ahora saque una segunda parte de esa obra, también fruto de las confesiones de Su Majestad.

De mi Augusta Madre me gustaría haber sacado esa habilidad para cumplir con sus obligaciones a la vez que, con gran discreción, hacer lo que le da la real gana como una especie de compensación a lo que haya tenido que soportar...

Durante los días que hemos pasado en Asturias para los actos de los Premios Príncipe ha ocurrido algo de lo que, por suerte para mí, los medios de comunicación nacionales no han caído en la cuenta. Me refiero a que una corta audiencia que mantuvimos con directores de los medios asturianos ha servido para que algunos de ellos publiquen declaraciones entrecomilladas de mi Amada Esposa y Mías.

Espero que no ocurra con esto como con un inocente reportaje gráfico que nos hizo El País y que fue piedra de escándalo para otros periódicos. En esta ocasión no era mi intención hacer manifestaciones para publicar, pero el hombre propone...

Resulta que algún periódico ha recogido una conversación que mantuvimos con esos periodistas. Uno de ellos indagó sobre la autoría mi discurso anual en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias y si intervenía la Princesa. En mi respuesta le dije que Ella le da el visto bueno, y en ese momento saltó la Princesa, tan lista y rápida como siempre, para precisar que el texto "es cosa el Príncipe y de las personas cercanas a él de la Casa", rematando: "Yo no tengo nada que ver en absoluto".

Pero se extendió demasiado en sus precisiones, como tantas veces le pasa, y añadió eso de que "yo lo leo una vez terminado y puedo dar mi opinión, pero es cosa suya". Digo que esa matización quizás sobrara porque contradecía otra cosa que dijo antes y que la prensa asturiana destacó como frase feliz refiriéndose a la Corona: "Es una institución que no está para decir, sino para estar".

Saber estar, diría yo. Algo que no es fácil en todos los momentos, en todos los lugares y con todo tipo de personas. Esa es una asignatura en la que se le pasa examen a la Princesa continuamente, unas veces con benevolencia, otras con resentimiento y en pocas ocasiones con objetividad.

Precisamente de sus apariciones en los actos de los Premios Príncipe, incluida la visita a Torazo donde nos obsequiaron con embutido de Naveda, arroz con leche y el pan boroña, la prensa asturiana ha concluido que ha nacido lo que llaman nuevo estilo Letizia. Mientras sea para bien, no me preocupa.

¡Qué poco me gusta la imagen que ofrece España esta semana que tan ilustres personalidades extranjeras vienen a recibir los Premios Príncipe de Asturias! Ya sé que en mi papel de Heredero debo mostrarme por encima del bien y del mal, sin entrar en banderías pero... ¡vaya panorama!

Con ocasión de las ceremonias de los Premios tengo ocasión de departir no sólo con los galardonados, sino también con los ilustres miembros de los jurados, con numerosos embajadores y con autoridades españolas. Me he propuesto mantener sólo conversaciones sobre la crisis, pero llenas de generalidades.

Porque ¿qué le respondo a un extranjero que se interese por la confluencia de protestas de la Policía y la Magistratura contra el Gobierno? No digamos si alguien saca a relucir la pretensión fallida (hasta ahora) del presidente Zaptero de acudir a la cumbre mundial para redefinir las finanzas mundiales.

Me sospecho que, por parte de nuestos invitados de fuera, su curiosidad se centre en el auto judicial sobre la Guerra Civil, sobre todo por la anunciada apertura de la fosa de García Lorca.

Sigo atentamente lo que ha desencadenado la iniciativa del juez Baltasar Garzón, por cuanto el desenlace de su sorprendente auto sobre crímenes de hace setenta años será un hito en la historia del Poder Judicial. Y mi obligación es observar muy de cerca el desenvolvimiento de los poderes del Estado.

Por lo que aprecio en los resúmenes de prensa que me pasan en torno a la polémica desatada por ese magistrado, da la impresión de que cada día concita más críticas hacia su ambición y proceder. Hasta de Javier Pradera, prestigioso columnista de El País, para quien "el auto de Garzón es una mediocre combinación de mediterráneos historiográficos, disparates jurídicos y sofismas legales".

Pero es un juez que no deja de ser noticia. Incluso es causante de que Jiménez Losantos haya arremetido nuevamente contra Su Majestad, señalándolo tachándolo de "el sucesor" de Franco, como se oye en este audio.

Veinticuatro horas después de que la Fiscalía de la Audiencia Nacional recurra su auto con una contundencia y severidad poco comunes, la directora del Instituto Nacional de Toxicología explica que la pretensión de identificar por ADN los restos de 114.226 desaparecidos de la Guerra Civil costará unos 137 millones de euros y varios años de trabajo. Y no por esos reveses deja de estar en el candelero: la Universidad de Jaén (su provincia natal) ha decidido nombrarlo doctor honoris causa.

Eso se puede considerar paradoja u otra cosa, pero no cabe que Yo me vea en la tesitura de comentarla, ni siquiera en conversaciones informales con los galardonados de los Premios Príncipe.

# lunes, 20 de octubre de 2008 16:55

La Princesa ya es más 'alta' que la Reina

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Por suerte dispongo de una agenda de actividades muy densa, sobre todo esta semana con la entrega de los Premios que llevan mi Título, lo cual me ayuda a distanciarme de la avalancha de informes y augurios sobre la crisis económica y financiera.

Por cierto, que la prensa británica ha informado de que Su Graciosa Majestad ha recibido un palo de 47 millones en Bolsa. ¿Qué no tendrá en su patrimonio como para sufrir esa pérdida sin pestañear? Pues según el Daily Express, sólo su cartera de inversiones ascendía a 128 millones de euros.

Esto me lleva a pensar para mis adentros -no es tema del que le guste hablar a mi Augusto Padre-, si sería conveniente informar algo más sobre la situación patrimonial de nuestra Familia. Sin descender a detalles, claro, que obligarían a demasiadas explicaciones.

A lo que iba. Si me agenda está apretada, la de la Princesa no va a la zaga. Sobre todo esa que muchos llaman la agenda propia. Ella, con su perspicacia habitual, cuando el pasado verano se levantó en los medios la curiosidad morbosa por retratar los efectos de su intervención quirúrgica, decía que el mejor antídoto contra tan molesta persecución sería multiplicar sus apariciones públicas. O sea, el efecto saturación.

Y así ha sido. Con la particularidad de que mi Amada Esposa multiplica su presencia en actos o ambientes de claro contenido cultural o de finalidad social y evita los más glamourosos. Ejemplo de ello ha sido que antes de viajar a Asturias ha presidido la entrega del premio literario Cervantes Chico en vez de la cena de gala de los Premios Telva de Moda, para la que cada año es requerida y en la que su presencia de seguro sería aprovechada por Pedro J. Ramírez, directivo del grupo editorial de la revista femenina que da nombre a los premios.

Dados los tiempos que corren, me parece muy apropiado que la Princesa esté más cerca del pueblo que de las elites, como muestran las fotografías junto a estas líneas de sus audiencias recientes. Eso sí, sin perder su elegancia y donosura, con esa forma de vestir y ese gusto por el tacón alto que, como se aprecia en la foto con los Reyes de Jordania, le hace aparentar más alta que mi Augusta Madre.

A la vista de cómo está el patio, el Gobierno ha decidido congelar sus retribuciones para el año próximo, en un ejercicio de ejemplaridad que algunos echan en falta en la Familia Real. De eso me he dado cuenta y, una vez, hechas las consultas pertinentes puedo decir que las cosas no son siempre lo que parecen.

Si ya expliqué en este blog que esos 8,9 millones de euros anuales para el Rey y su Casa equivalen a 19 centimillos de nada por cada español -somos 46 millones de habitantes-, esa cifra se dispara si hacemos el mismo cálculo con el Presidente del Gobierno. (Ocurriría algo semejante su sumara todas las partidas de ministerios al servicio de la Casa del Rey, pero vamos a lo que vamos)

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2009, dentro del capítulo de Ministerio de la Presidencia, dedica su programa 912 M específicamente a Presidencia del Gobierno, con una serie de partidas que suman 49.312.570 euros. Y si también dividimos esa cantidad por el número de españoles, el resultado es que Zapatero nos sale a 1,07 euros per cápita, cifra considerablemente superior al coste del Rey.

Del mismo modo que el presupuesto de la Casa no es para el bolsillo particular del Rey, tampoco el presidente del Gobierno se embolsa aquellos 49 kilos, sino que le corresponde un sueldo de 91.982 euros anuales, gastos de representación aparte. Por cierto, a quienes les ha resultado irrisorio que la partida de los PGE para Su Majestad se denomine "A familias e instituciones sin ánimo de lucro", les diré que bajo ese mismo epígrafe figuran 270.000 euros asignados a los expresidentes del Gobierno.

Pero, enfin, a lo que iba con la comparación: con los números en la mano se comprueba que el Jefe del Gobierno le sale a los españoles cinco veces más caro que el Jefe del Estado.

Paradojas en mi agenda de Heredero: en medio del cataclismo financiero que hace temblar al planeta, el viernes me toca presidir la clausura del Foro Estratégico de las Cajas de Ahorro dedicado a algo tan negro como "los escenarios de la próxima década".

Aunque algunos no lo crean a Nosotros también nos acongoja la crisis, pero nuestra condición y nuestra posición nos obligan a cumplir a rajatabla lo de a buen tiempo mala cara. Tanto Sus Majestades como la Princesa y Yo estamos obligados a transmitir optimismo o, al menos, esperanza.

La sombría realidad económica y su inquietante futuro no dejan tranquilo ningún bolsillo, ni siquiera los de quienes dependemos de los 8,8 millones anuales asignados en los Presupuestos del Estado. Mi Augusto Padre ha procurado levantar un patrimonio familiar suficiente para cubrir cualquier eventualidad futura, incluso la peor (sobrevivir en un exilio).

Pero el Rey, como cualquier mortal, para multiplicar su capital acude a operaciones de los mercados financieros, esas que ahora son tan ruinosas. No se trata de desvelar aquí cuál es su cartera de inversiones o la Mía (también he de ser previsor), pero ¿a quién de los que juegan en Bolsa no le ha dado un palo la crisis?

Estaría fuera de lugar desvelar en qué inversiones nos ha pillado esta crisis financiera o cuál ha sido el palo. Por suerte, en la Familia Real disponemos de asesores muy prudentes que desaconsejan la dinamita para los pollos: operaciones donde tan alta es la expectativa de pelotazo como de trompazo.

En estos momentos de desasosiego e incertidumbres económicas, ¿a quién acudir? Desde la altura de Nuestra condición observamos la moderación y el buen sentido de un estado como la Santa Sede. Pero desde allí llegan estos días dos mensajes poco reconfortantes:

Uno, que el Santo Padre nos alerta contra los que desde la cultura moderna han decretado nada menos que la muerte de Dios.

Otro, que la crisis económica ha reducido a la décima parte los beneficios de las inversiones que maneja el Vaticano, por lo que la Curia Romana ha decidido invertir 19 millones de euros en la adquisición de una tonelada de oro, un valor seguro en tiempos de zozobra.

He de consultar a mi Augusto Padre si sería buena cosa que, siguiendo el ejemplo de la Santa Sede, retirara mis ahorrillos en renta variable para hacerme con un puñado de lingotes de oro.

# lunes, 06 de octubre de 2008 16:32

El falso desnudo de la Princesa

En el poco tiempo que he tenido para ver papeles desde que llegamos de México y antes de empezar la agenda de esta semana, he visto un resumen de lo que se dijo el pasado viernes en un programa de Telecinco, aprovechando nuestra estancia en la capital azteca. En dicho espacio de cotilleo, titulado Está pasando, volvieron a sacar la vieja historia del cuadro que representa desnuda a la Princesa.

Mezclados con imágenes sobre nuestra visita a México D.F., con la incómoda y chillona aparición intermitente de una reportera de la prensa del corazón, ofrecieron en Telecinco unos planos de aquel lienzo, obra del pintor Waldo Saavedra. Eso permitió a los comentaristas de Está pasando retomar este asunto antiguo -el cuadro es de cuando mi Amada Esposa estuvo en México haciendo un máster-, que ya se conoció cuando se anunció nuestro compromiso.

Lo molesto es que han vuelto a repetir las mismas inexactitudes que se publicaron entonces, afirmando que la Princesa posó desnuda para un cuadro. El pintor Saavedra ha declarado en varias ocasiones que no fue así, sino que hizo el retrato a partir de unas fotografías. Usó las  fotos para dibujar su rostro, pero el torso desnudo fue fruto de su deducción o de su imaginación.

Pero nada, el sensacionalismo de dicho programa intentó dar un toque de morbosidad a lo que no la tiene, aprovechando Peñafiel para lamentar que estas son las cosas que pasan cuando una Princesa tiene pasado.

Si traigo a este blog semejante asunto, al que los de Está pasando han intentando darle dimensión de escándalo sin conseguirlo, es para zanjarlo de una vez por todas quitando el morbo a lo que en realidad es un falso desnudo. El cuadro, una alegoría donde la Princesa aparece quemando un avión de papel, Saavedra lo tituló La Maja y el grupo Maná lo usó en la carátula de un disco. Eso es todo.

Hemos tenido que visitar una nación republicana como pocas, los Estados Unidos Mexicanos, para encontrar en su pueblo el trato respetuoso y cariñoso que a  veces la Princesa y Yo echamos en falta en nuestro propio país, tan aficionado a no apreciar lo propio o zaherirlo.

Estos días, sin ir más lejos, se ha demostrado que en España cualquiera que se asome a un medio de comunicación, por indocumentado que sea, se permite poner en solfa la asignación económica para el Rey en los Presupuestos Generales el Estado.

El tiro al Borbón cada vez se practica con más impunidad al amparo de la libertad de expresión, como muestra un artículo de una locutora de Telemadrid. Una cosa es la crítica bien sustentada y otra el pim-pam-pum.

Se utiliza sal gorda y se olvidan los matices y referencias a otras monarquías. ¿Sabrán quienes claman contra los 8,89 millones para la Casa del Rey que a la Familia Real británica le asignan 10,34 millones, siempre se pasa en gasto y encima Su Graciosa Majestad pide más?

Volviendo a nuestra estancia en México, ha sido de lo más intensa y variopinta. Hemos sentido de cerca la conmoción social por las recientes matanzas del narcoterrorismo, hemos constatado el cariño que allí tienen hacia España, hemos compartido ratos con personajes como Antonio Banderas y García Márquez. Y he rendido homenaje a quienes se exiliaron a ese país por la Guerra Civil.

La grata acogida ha sido compatible con un tratamiento de la prensa crítico, pero cierto, a nuestra visita blindada por Ejército y Policía a Morelia, escenario de un atentado, o con la mordacidad de cronistas locales, como Jairo Calixto, a propósito de las visitas que nos preparó Don Jelipillo, sobrenombre popular del presidente mexicano, mi tocayo Felipe Calderón.

Nada que ver aquellas opiniones con lo que en España se difunde por algunos micrófonos o se publica en ciertas revistas, como la insidia de Época sobre la cocaína. Por cierto me llegan noticias de que esa revista parece que recula con lenguaje grandilocuente.