
Yo, como se dice popularmente,
tiro más hacia la Reina que hacia el Rey. Para qué voy a decir otra cosa, si así lo han comprobado quienes han escrito sobre nuestra Familia. Por muy personal que sea este blog,
no voy a explicar aquí el porqué de la mayor cercanía que he sentido respecto a mi Augusta Madre.
Traigo esto a colación ahora que cumple 70 años en unas condiciones físicas y mentales envidiables, fruto de sus hábitos disciplinados y del rigor en la alimentación, que ya quisiera mi Augusto Padre. Con motivo del cumpleaños se han publicado varios libros más o menos biográficos, lo que no tiene nada de particular salvo que dos de ellos han sido elaborados con la participación directa de la Reina.
Aunque me parece bien que lo haga, en la Familia Real hay una norma de conducta de extrema prudencia para no implicarnos personalmente en libros o entrevistas, salvo contadísimas excepciones, siempre controladas desde la Casa. Lo que me extraña es que en el caso de mi Augusta Madre ya se han dado tres excepciones, por lo que dejan de ser tales.
Uno de los libros publicados ahora recoge unas largas declaraciones concedida a dos periodistas hablando de todo lo divino y lo humano, salvo de política. Me sorprende, por cierto, que los autores no hayan aprovechado la ocasión para preguntarle por su presencia desde 1989 en las reuniones anuales secretas del enigmático Grupo Bilderberg. Por si no estuviera claro lo de la excepcionalidad, el título reza La Reina habla de su vida.
Más excepcional todavía es que la periodista Pilar Urbano, que en 1996 publicó La Reina, una especie de memorias autobiográficas basadas en su testimonio, ahora saque una segunda parte de esa obra, también fruto de las confesiones de Su Majestad.
De mi Augusta Madre me gustaría haber sacado esa habilidad para cumplir con sus obligaciones a la vez que, con gran discreción, hacer lo que le da la real gana como una especie de compensación a lo que haya tenido que soportar...