Me lo temía. Las faltas de respeto en público a la Real Familia cada vez son más frecuentes y elevadas de tono. Ayer se escuchó en un debate en el Congreso por boca de un diputado una alusión a la "profunda opacidad" de los asuntos económicos de la Corona, especialmente sobre "los negocios típicos y atípicos del Borbón y su familia".
Creo que desde la época de la I República, cuando el ministro Figuerola tachó de ilustre ladrona a mi antepasada Isabel II por la desaparición de las Joyas de la Corona, no se había escuchado en sede parlamentaria nada semejante sobre la Monarquía.
Y lo peor es que con desgraciados sucesos como el del libro sobre la Reina puede que esto no haya hecho más que empezar. Se empezó con la caricatura de El jueves, siguió la quema de retratos en Cataluña y ahora con la polémica del libro se está escuchando de todo sobre la institución monárquica en las televisiones.
En ese caldo de cultivo el diputado de ERC Joan Tardá se ha atrevido a pasar otra barrera con semejantes palabras en la Comisión de Presupuestos. El grupo catalán republicano e independentista cada año nos mete el dedo en el ojo a cuenta de la asignación presupuestaria para la Casa de Su Majestad el Rey.
En esta ocasión han pedido todo a la vez: que a esa partida de 8,89 millones de euros para 2009 se le rebaje el incremento del 2,7% que ha tenido, que el sueldo de mi Augusto Padre se equipare al del Presidente del Gobierno (92.000 euros) y que se desglose públicamente el reparto de aquellos 8,89 millones.
Los de ERC no se han salido con la suya gracias a la oposición de los diputados del PSOE y del PP, aunque estos han incurrido en un error imperdonable: confundir la Casa del Rey con la Casa Real. La primera tiene una definición jurídica, la segunda es una forma coloquial e incorrecta de referirse confusamente a la institución o a la Familia.
En los Presupuestos Generales del Estado los 8,89 millones figuran en el epígrafe Casa de Su Majestad el Rey, como asignación específica "A S.M. El Rey. Para el sostenimiento de su Familia y Casa". Y, como señalé en otro post, bajo el concepto de familias sin ánimo de lucro.
Ese episodio en el Congreso no pasaría de mera anécdota si no fuera porque sigue coleando lo del libro La Reina muy de cerca, para desgracia de todos nosotros. De cara afuera tenemos que mantener el tipo, ese es nuestro oficio, pero llevamos la procesión por dentro porque éste es un lío político... y familiar.