
Estuvimos hace unos días la Princesa y Yo en la histórica Granada -que, por cierto, dispone de un parque científico muy prometedor- coincidiendo con el momento álgido del
encono del magistrado Garzón y la Fiscalía de la Audiencia a cuenta de la apertura de fosas de la guerra civil, una de ellas la que correspondería a García Lorca, poeta granadino por excelencia.
Nadie sacó abiertamente ese tema tan espinoso en nuestra presencia, cosa que sí puede ocurrir en algún viaje al extranjero. No tengo ahora ninguno inminente, pero a la vista de lo que está ocurriendo en la Audiencia Nacional me temo que la polémica vaya a seguir caliente durante bastante tiempo.
Es curioso lo del juez Baltasar Garzón, que incluso convaleciente tras una intervención quirúrgica, sigue siendo piedra de toque o piedra de escándalo, según se mire. El último episodio de la batalla que libra contra la Fiscalía por su empeño en abrir juicio a los crímenes del franquismo ha sido la prohibición de abrir las fosas de Alfacar (Granada) y del Valle de los Caídos por acuerdo de los magistrados de la Audiencia reunidos en sesión urgente tras un recurso del fiscal.
Y aquí no termina la cosa, porque los jueces que votaron en contra de aquella prohibición están que fuman en pipa y como el señor Garzón intuya que puede haber fraude de ley, el lío judicial puede ser mayúsculo.
A Mí este asunto me tiene confundido porque leo análisis contradictorios sobre si el conocido magistrado se está excediendo en sus atribuciones o no. Tenía entendido que la búsqueda de restos de fusilados en la guerra civil por parte de sus descendientes es algo que se lleva a cabo por vía administrativa a través de los municipios. Y que eso lo amparaba la reciente Ley de la Memoria Histórica.
¿Cómo es posible, entonces, que al Gobierno que ha querido oficializar ese derecho se le haya ido el asunto de las manos con la intervención de Baltasar Garzón? En cuanto tenga oportunidad de hablar con el Presidente o la Vicepresidenta se lo consultaré, y que me aclaren también si nuestro ordenamiento jurídico admite que ahora se abra proceso penal a los responsables de aquellos asesinatos.
Aunque han pasado setenta años de aquellos sucesos, el runrún que me llega es que se están removiendo demasiado recuerdos amargos que quedan en muchas familias y que se pueden atizar agravios comparativos porque barbaridades se cometieron por ambos bandos, aunque el vencedor las prolongó en el tiempo.