
Solo faltaría que Sus Señorías
se enzarzaran en una guerra o, mejor, una disputa de religión porque esas disputas son las que no se sabe cómo terminan. Lo digo por el extraño asunto de la placa en un edificio utilizado por el Congreso donde nació
la monja española Madre Maravillas de Jesús, canonizada hace cinco años como
Santa María Maravillas de Jesús, virgen (conozco multitud de advocaciones de la Virgen María, pero ninguna santa que su mismo nombre proclame la virginidad).
La información que me llega sobre la polémica en el Congreso entre partidarios y detractores del recuerdo a la Madre Maravillas es harto confusa. Sólo tengo claro que fue iniciativa del diputado del PP Jorge Fernández Díaz respaldada por el presidente de la Cámara, José Bono.
Si se tratara de colocar la placa junto al portal del edificio donde nació la santa, como se hace con personajes insignes o relevantes, no veo mayor problema. Pero si el objetivo es que figure en el interior, junto a las dedicadas a los estadistas, lo encuentro inadecuado.
Mis preceptores me han enseñado que la sociedad española será laica y reacia a la mezcla Iglesia Estado, pero que no le toquen símbolos populares relacionados con la religión o tradiciones eclesiásticas.
De ahí que el asunto de la Madre Maravillas, con la Cámara Baja dividida por la mitad entre quienes están a favor y en contra de la placa, es un feo asunto que corría riesgo de mezclarse, como ha ocurrido, con la memoria histórica sobre la Guerra Civil, la apertura de fosas y el sumario del juez Garzón.
María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, que así se llamaba en el mundo la carmelita que fundó una congregación propia, no fue mártir de la Guerra Civil pero sí detenida y fugada en aquellas fechas. Entre diputados de la izquierda ya se reclaman nombres de políticos republicanos que merecerían ser reconocidos formalmente antes que la monja.
Y no sólo eso. Casualmente el domingo pasado amaneció destrozado en Cervera (Lleida) un monumento dedicado a doce carmelitas asesinadas en aquel lugar en 1936, el mismo sitio desde donde arranca una "ruta de la Guerra Civil" inaugurada por la Generalitat hace dos meses como espacio dedicado a la memoria histórica.
Preferiría que los diputados se enzarzaran en buscar reformas legales que ayuden a salir de la crisis, mejor que en pelearse a cuenta de una monja santa. Que, para colmo, puede convertirse en piedra de escándalo a cuenta de datos inquietantes de su biografía que empiezan a publicarse, distintos a los que figuran en loas a su figura como la siguiente estrofa del himno que le ha dedicado un devoto:
"Agradar a Dios fue tu mayor anhelo,
y tu gozo imitar al buen Jesús,
arrastrar una legión de almas al cielo
e, inflamada en santo celo, exclamar: `Bendita Cruz´"