Tendré que soportar nuevamente esta semana comentarios jocosos hacia la Corona y mi Augusto Padre, cuando no cierto pitorreo e insinuaciones malévolas, a cuenta del juicio a los autores de una caricatura del episodio de la caza del oso Mitrofán, por Su Majestad, publicada por el diario nacionalista vasco Deia en 2006.
Nada, ni los 11.000 euros de multa que pide el fiscal para los responsables de aquella historieta, compensan lo que en Mi Familia soportamos cuando se conoció lo del oso abatido presuntamente estaba borracho. Y ahora se añade el recordatorio de aquel asunto dos años después -estaba casi olvidado-, por culpa de la vista del juicio.
Para el fiscal lo más grave no fue la caricatura sino el texto que la acompañaba hablando de "el carácter de alcohólico" del Rey, también tachado de "soberano irresponsable".
Aquella cacería fue posible gracias a los oficios del entonces presidente ruso, Vladimir Putin, cuya relación con Su Majestad se ha estrechado en los últimos años. Pero no sé si esa será una amistad peligrosa, a la vista de sus consecuencias que pueden notarse hasta en la posible entrada de Lukoil en Repsol.
No entiendo es que se presente como delito o abuso regio lo que en realidad no sería más que el aprecio a nuestras bebidas. En España, cuna de unos caldos que se encuentran entre los mejores del mundo, en vez de aprovechar esa riqueza para hacer patria abriendo mercados, los usamos de forma burlona.
Precisamente me acabo de enterar que unos de los españoles más famosos por su talento, no por el famoseo, se ha convertido en abanderado de los vinos españoles. Se trata del actor Imanol Arias, bodeguero de Cepa 21, quien me ha contado en una cena privada que acaba de estrenar un blog dedicado a ese empeño.
El título de la ventana del Alcántara de Cuéntame ya manifiesta patriotismo sano e inteligente: Un país para bebérselo. Si pudiera dirigirme a los ministros con espontaneidad -que no puedo- o hacerles sugerencias -que no debo-, al de Industria y Comercio o a la de Agricultura les sugeriría el título del blog de Imanol Arias como eslogan para promocionar nuestros vinos en el exterior.
Si como Heredero no tuviera tantas limitaciones me gustaría hacer algo parecido a lo de Carlos Windsor con los cultivos ecológicos, pero como embajador de productos españoles por todo el mundo. De los vinos y de alimentos, pues ese blog tiene otro gemelo, Un país para comérselo, del también actor Juan Echanove.
He ahí dos patriotas que habría que aprovechar al servicio de España y de su balanza comercial ahora tan deficitaria. Si para salir de la crisis nuestro país necesita entre otras cosas competitividad en sus exportaciones, ¿por qué no vender esos productos tan nuestros que están para comérselos y bebérselos?
Una estrategia así contaría con mi mejor disposición y la de la Princesa, pero me sospecho que esa forma de hacer patria no es políticamente posible.