A la hora de glosar el contenido del mensaje navideño de Su Majestad nadie o casi nadie se ha fijado en una gran novedad que a la Princesa y a Mí no nos ha pasado desapercibida. Me refiero a que por primera vez, y de forma solemne, mi Augusto Padre reconoce mi responsabilidad en el presente y habla claramente de la que me corresponderá en el futuro.
Se trata de unas palabras deslizadas en la parte final del discurso, en su penúltimo párrafo para ser más exactos, cuando tras reafirmar su dedicación a España apostilla: "Un compromiso y unos sentimientos que el Príncipe de Asturias comparte plenamente conmigo y que tienen en él la mayor garantía de porvenir".
¿Significa eso una indirecta sobre una posible abdicación? Ni se me pasa por la cabeza, porque esa no es la intención del Rey: mientras tenga capacidad física y mental seguirá en su puesto, lo cual me parece muy bien. Lógicamente, me ilusiona pensar que un día seré Rey de España, pero tal como está el patio, sobre todo el interior, prefiero esperar a que algunas cuestiones se solucionan en vida de mi Augusto Padre.
Ahora bien, lo cierto es que en ninguno de sus mensajes navideños Su Majestad, que yo recuerde, se había referido hasta ahora de forma tan clara y cercana a mi papel. Tampoco tenía porqué hacerlo. En 2006 me aludió ligeramente como garntía de futuro, pero nunca había mostrado una referencia tan explícita a lo que soy y a lo que me espera como ha hecho este año.