Como he comentado otras veces en este blog, desde mi posición de Heredero me gustaría innovar en la función de la Corona colaborando en la promoción de productos genuinamente españoles. No me refiero a hacer de agente comercial, ni mucho menos a cobrar comisiones, sino de aprovechar el prestigio de la Monarquía en estos tiempos que tan necesitada está España de competir en los mercados exteriores.
Esto no deja de ser una ilusión hasta ahora vana, porque mis intentos en ese sentido no han encontrado gran eco en la Casa. Sin embargo los medios de comunicación no paran de buscar, más en nosotros como Príncipes que en los Reyes, indicios de que contribuimos a la promoción de marcas comerciales.
Lo último es lo que algunos esperan de que mi esposa, la Princesa, se convierta en abanderada de la capa española para mujer, como novedad de la moda de nuestro país. No sé si la que le han regalado los organizadores del Certamen Nacional de la Moda la lucirá en público. Sería un puntazo, lo reconozco, pero estas cosas hemos de estudiarlas muy bien en la Casa antes de dar el paso.
Cualquier cosa vale para sacar a relucir la espinosa cuestión de los dineros. Ya sea el gasto por Patrimonio Nacional de 2,8 millones de euros para adquirir la propiedad de un cuadro de Dalí que desde hace años adorna el despacho de mi Augusto Padre cedido por su dueño. O ese recordatorio de que el Tribunal de Cuentas del Reino nunca fiscaliza la Casa de Su Majestad. Claro, que tampoco lo hace con las Cortes ni con el Consejo del Poder Judicial.
Para contrarrestar el runrún económico sobre la Corona, es por lo que me parecería oportuno como Príncipe Heredero, y con todo control y prudencia, ayudar a la economía general del país. Mientras eso sea posible, vemos cómo otros sacan provecho de la Familia Real, como con la subasta de un viejo cartel publicitario de la sidra Princesa de Asturias, promocionada como La Princesa de las sidras, con precio de salida en 22 euros.