
No había salido de Mi asombro tras conocer el fin de semana pasado la
sentencia absolutoria para los autores del escarnio a mi Augusto Padre en el periódico del PNV a propósito del oso
Mitrofán, cuando me entero del
archivo de la causa contra el presidente vasco y los dirigentes socialistas de esa comunidad por reunirse con la ilegalizada Batasuna.
Por si fuera poco, mientras escribo este post me llega la noticia de que los de la caricatura de El jueves siguen haciendo ruido en los tribunales y piensan llevar a Estrasburgo la condena que recibieron por aquella desagradable representación de la Princesa y Yo.
He pedido a los expertos de la Casa que me interpreten lo que ha decidido el Tribunal Superior de Justicia Vasco, anulando un juicio oral contra Ibarretxe, Patxi López y otros por reunirse con jefes de una Batasuna declarada fuera de la ley por sentencia judicial que le prohibía toda actividad.
Y he pedido aclaraciones por la extrañeza de que se archive la causa después de iniciado el juicio y con el argumento de que a ese sumario le faltaba "acusación legítima" pues sólo constaba la acusación popular (del Foro Ermua) y no del fiscal.
El caso es que estas cosas me parece que crean confusión en la sociedad española sobre los procedimientos y las decisiones judiciales. Algo parecido a lo que ha ocurrido con la dichosa historieta del oso borracho.
Resulta que el diario Deia aprovechó aquel asunto para publicar una caricatura de Su Majestad en plan cazador, junto al oso abatido y un barril de licor y con cara de piripi.
Lo más hiriente es que a la viñeta le siguió un artículo que tras acusar al Rey de practicar "reincidente turismo sangriento", pedía que se diera "la alarma a los ositos de peluche, incluidos los de Froilán y toda la cuchipanda no sea que el mequetrefe de su abuelo, despechado por no encontrar ejemplares en la fauna, la emprenda a tiro limpio con ellos".
Como se ve, un texto con ninguna gracia pero que ya ha quedado para la posteridad recogido en la sentencia del Juzgado nº 3 de la Audiencia Nacional, dada a conocer después de la fiesta de Reyes.
Lo que, como Heredero, se me hace cuesta arriba es la coincidencia de dos decisiones judiciales, una que no censura el reconocimiento de un gobernante a un grupo ilegalizado y otra que deja sin castigo a quienes el fiscal acusó de injurias graves al jefe del Estado.
Pero lo que me deja más perplejo es la conclusión del magistrado que absuelve a los autores de la caricatura y del artículo: considera que ejercieron una crítica "feroz y despiadada" pero "absolutamente admisible en una sociedad democrática".
Claro, que cuando la querella por este asunto fue archivada en primera instancia en la Audiencia Nacional, lo que entonces dictó el juez sobre las críticas a la Familia Real tampoco tiene desperdicio: "Siempre que no tengan una voluntad exclusiva de menosprecio, la engrandecen, haciéndola más cercana a la sociedad".