Ha tenido que ser una figura de la literatura española contemporánea quien de una vez alce la voz alta y clara contra los desmanes que perpetran contra mi Amada Esposa algunos comentaristas y muchos programas televisivos del cotilleo. A él le honra, y más nos honra a la Princesa y a Mí que el escritor Javier Marías haya dado ese paso públicamente.
Con la lucidez, valentía y compromiso que le caracterizan, conducidas por su escritura rica y directa, el novelista español actual más traducido y conocido fuera de nuestras fronteras, dedica un artículo a la perversidad de los puritanos. Los convencidos y los que se revisten de esa condición para hurgar en el pasado de toda persona relevante.
Pone Javier Marías como ejemplo de su aseveración lo que presenció en un espacio de televisión, que él define como "cenáculo de buitres" (refiriéndose a La Noria, aunque sin dar el nombre), a propósito de esa biografía sobre la Princesa que pretendía escribir el periodista Alfredo Urdaci, ahora director de comunicación de la empresa de Francisco Hernando El Pocero.
Dice textualmente Marías en un artículo publicado en El País:
"Un cenáculo de buitres debatía -es un decir- sobre la Princesa de Asturias y una supuesta biografía de ella que al parecer había iniciado otro buitre y cuya redacción éste había interrumpido no sé si por presiones de altura o por alguna extravagante prebenda compensatoria o por qué. Uno de los buitres presentes amenazaba con encargarse él del proyecto, y alardeaba de que, si se ponía manos a la obra, no era capaz de detenerlo "ni Dios". "Tiene mucho pasado", exclamaba uno, refiriéndose a la Princesa. "Si no quiere que le escriban una biografía, será que tiene mucho que ocultar", se leía en varios de los mensajes que envía la hez de los telespectadores en esta clase de programas y que aparecen sobreimpresionados en la pantalla".
Entiendo que aquellos comentarios merezcan la dura reprobación de un intelectual, pero lo que para él ha resultado una sorpresa para la Princesa lleva camino de convertirse en una desagradable rutina que soporta en silencio: el espectáculo de quienes se ganan la vida despotricando directa o indirectamente de quien está llamada a ser Reina de España. Consorte, pero Reina.