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Artículos - febrero 2009

La única vez que me he ocupado en este blog de los Caballeros Templarios, hace de esto casi un año, se desató una tormenta de comentarios en el foro que aún perdura. No imaginaba que esto del Temple levantara tantas pasiones y hubiera entre los seguidores de esa secular y misteriosa Orden divisiones tan encontradas que les lleven a cruzarse los más feos insultos y acusaciones.

Particularmente, lo del fenómeno de los templarios no me dice ni fu ni fa. En cuanto Heredero lo contemplo con distancia y cautela, pues no en vano aquella Orden nacida de los antiguos cruzados terminó siendo condenada y disuelta por el Papado en el S. XIV. Tampoco puedo olvidar que el día que suceda a mi Augusto Padre en la titularidad de la Corona ostentaré el título de Rey de Jerusalén.

Dicho todo lo cual, he de volver sobre el tema porque la Monarquía no puede estar de espalda a lo que ocurra con las Órdenes Militares, de Caballería u Hospitalarias. Y resulta que en días pasados la rama española de la Orden Soberana y Militar del Temple de Jerusalén (OSMTJ) ha anunciado la firma de un convenio con los frailes franciscanos que cuidan de los Santos Lugares, por el que el Gran Priorato español de la OSMTJ ayudará económicamente a las necesidades de los cristianos que residan en Tierra Santa y a los peregrinos.

Lo que Yo no sé es cómo reaccionará el Gobierno de Israel y los musulmanes de la zona árabe de Jerusalén, ante el hecho de que regresen allí unos templarios españoles animados por un espíritu que resumen así:

"En nuestro días, como antaño, los hombres y mujeres que ingresan en el Gran Priorato de España siguen haciendo juramento de defender el cristianismo en Tierra Santa, cierto que con otras circunstancias muy distintas a las de aquellos siglos, pero con la misma necesidad de que cualquier cristiano pueda ejercer libremente su fe en Tierra Santa y de esta tierra conserve una importante presencia cristiana".

Aprovechando ese acuerdo, el llamado Príncipe Regente de la OSMTJ, Fernando Pinto da Sousa, desveló hace poco en Salamanca que están en conversaciones con el Vaticano para normalizar las relaciones de la Orden del Temple con la Santa Sede, después de que ésta reconociera hace dos años que el Papa Pío V absolvió a los templarios de las acusaciones que les llevaron a ser considerados herejes.

Así las cosas, parece que estos seguidores de los viejos cruzados -que se rigen por un código de conducta que ordena "no emborracharse en forma ofensiva", no "ser brutal, inmoral, amoral, cobarde, ni bestial" y "no cazar a ninguna criatura ni por vanidad ni por deporte"-, están crecidos.

No hay más que ver cómo multiplican sus actividades y se dejan ver en ceremonias tan inusuales para estos tiempos como la investidura internacional celebrada en Granada. En el vídeo sobre aquellos actos se observa que no faltan túnicas, espadas, capuchas y vistosos uniformes, siempre con aire marcial.

La Princesa está molesta, y con razón, por la frivolidad con la que se trata su presunta maternidad. Tanta especulación y cotilleo de quienes hablan por hablar y se meten donde no deben, ha dado pie a lo que ha colmado su paciencia: una casa de apuestas online ha abierto un juego en torno a esta propuesta: "¿Será madre la Princesa Letizia en 2009?".

Así, como se lee. Vamos, situando la gestación de un nuevo miembro de la Familia Real al mismo nivel de un Real Madrid-Betis o un Valencia-Barça.

Una vez cometida la tropelía de organizar semejante juego para los amantes de los envites, todo lo que le sigue no es más que una sarta de disparates. De tal manera que el hagan juego, señores es una apuesta con cuatro variables que, por el momento, tienen las siguientes recompensas por euro apostado:

-          No habrá parto, a 2,50 €

-          Tendremos un niño, a 2,75 €

-          Tendremos una niña, a 3,25 €

-          Serán gemelos, trillizos o más, a 25 €

Sobran los comentarios pero, como digo, hay que entender el mosqueo de mi Amada Esposa, que no sólo ha de soportar las insinuaciones de Jaime Peñafiel sobre una presunta barriguita que se le adivinaba, sino que ahora un asunto tan íntimo como la maternidad forma parte del negocio de las casas de apuestas.

Me ha sorprendido, también desagradablemente, la escasa sensibilidad que muestra la revista Hola!, haciéndose eco de la iniciativa de esta encuesta como si se tratara de una curiosidad más en torno a la popularidad de la Princesa.

Y lo comenta en tono casi festivo, aunque reconozca que "las apuestas que se refieren a la maternidad de la Princesa de Asturias son cada vez más reiteradas y precoces. Y tiene toda la pinta de que surgirán aún infinidad de ellas hasta leer "no va más".

Como siempre, ante asuntos como éste, casi siempre relacionados con el trato que recibimos por parte de cualquiera, los miembros de la Real Ramilia tenemos que callar y aguantar. Nos ocurre con mucha frecuencia. Ahora es la apuesta, hace unos días fue la aparición de una página en Facebook atribuida falsamente a Letizia Ortiz, Princess of Asturias con un creador situado en Turquía...

Si el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña no ha visto delito en el grito Muerte al Borbón del catalanista republicano Joan Tardá porque de sus palabras no se deduce que "hiciera un llamamiento a perpetrar un magnicidio", ¿cómo extrañarse de que circulen apuestas legales sobre la maternidad de la Princesa?

Alguna vez tenía que pasar, y ha pasado.

¿El qué? Pues que en esta época de crisis donde muchos andan con el agua al cuello, alguno se lanzara a pedir ayuda a la Familia Real. Lo que no me esperaba, ni tampoco la Princesa que conoce mejor que Yo ese percal, es que la petición de dinero la hicieran los empresarios de prensa y nos la dirigieran a Mí como Heredero y a mi Amada Esposa.

Entiéndase que no nos han planteado que les demos dinero de nuestro bolsillo, sino algo más sibilino: que la Princesa y Yo traslademos al Gobierno la necesidad de ayudar económicamente a los periódicos diarios.  A lo largo de mi actividad oficial he tenido que escuchar muchas cosas, alguna vez peticiones de personas desesperadas o damnificados de catástrofes, pero hasta ahora no me había tenido que oir eso de que haga de intermediario o valedor de una patronal ante el Ejecutivo.

El asunto, lo he de reconocer, no me ha hecho demasiado gracia pese a que lo haya escuchado en boca del conde de Godó, editor de La Vanguardia y persona muy, muy cercana a mi padre, el Rey.

Y no me ha gustado por dos motivos: puede dar pie a equívocos en el orden institucional en las relaciones de la Corona con el Gobierno y, en segundo término, puede cundir el ejemplo y ver mi función de Heredero convertida en la de chico de los recados que utiliza tráfico de influencias.

Para evitar malentendidos aclaro que no solicitaban dinero contante y sonante. La cosa ha sido que en un acto de aniversario de la Asociación de Editores de Diarios Españoles, la presidenta, una señora de Zaragoza, soltó un discurso haciendo votos por los renovados apoyos de las empresas periodísticas a la Monarquía y, singularmente, a Nosotros como Príncipes.

Pero a continuación el editor catalán Javier Godó pronunció unas palabras en las que tras recordar la importancia de la prensa como factor de estabilización democrática, presentó una especie de factura: "Es por eso que los editores os pedimos que sirváis de cauce a nuestras inquietudes", unas inquietudes que inmediatamente antes había indicado que debía disipar el Gobierno que "tiene  la obligación moral de hacer un esfuerzo a fin de ayudar a la prensa para que pueda desarrollar su cometido".

¿Y ahora Yo que hago? ¿Contárselo a mi Augusto Padre y que se fume un puro? ¿Llamar por teléfono al vicepresidente Solbes? ¿Insistir al Jefe de la Casa en que le dé un toque a la vicepresidenta Fernández de la Vega?

Y todo eso, haciendo como que no me entero de lo que mucho que me ningunea de lo poco que se ocupa de mi labor como Heredero la misma prensa que me pide que le ayude a conseguir el IVA cero o subvenciones a la distribución. Esas son algunas de las inquietudes sobre las que me piden que sea cauce.

Hace tres meses me ocupé en este blog del padre dominico Bartolomé Vicens, a quien se le conocía como el confesor del Rey aunque él prefiriera llamarse su asesor religioso. Gran amigo y confidente de Su Majestad, fray Bartolomé falleció hace dos semanas y resulta que ha dejado una especie de autobiografía grabada en cintas donde desvela asuntos privados de su relación con mi Augusto Padre.

Eso, al menos, es lo que ha contado el diario El Mundo en un reportaje el pasado sábado donde recoge, entrecomilladas, lo que denomina "confesiones íntimas del confesor del Rey". Se trata de algo más serio que recuerdos anecdóticos o comentarios sobre asuntos intrascendentes.

La existencia de dichas grabaciones y que hayan visto la luz en el periódico de Pedro J. no me ha escandalizado, pero sí me ha sorprendido.

Lo más morboso de esas supuestas confesiones que ahora salen a luz es una versión del P. Bartolomé Vicens sobre el escándalo o escandalete que circuló hace diez años por los mentideros sobre una especie de chantaje de una vedette que amenazaba con destapar su relación íntima con el Rey.

Es un tema que ha salido a relucir de manera indirecta en algunos programas televisivos de cotilleo en alusión a Bárbara Rey. Y el reportaje de El Mundo ha puesto nombre y cara a aquel feo asunto, hasta el extremo de publicar la foto de la ex mujer de Ángel Cristo junto a las de personas de la Familia Real.

A lo que se ve, el confesor de mi Augusto Padre (a quien gustaba lucir esa condición) en sus grabaciones -de las que ignoro su fidelidad, cuál era su destino, ni cómo han llegado a un periódico- no da el nombre de Bárbara Rey, pero la autora del reportaje no duda en ponerlo recogiendo así el testimonio del fraile dominico:

"Un día se presentó aquí una mujer (...) Empezó a contarme lo que ella (refiriéndose a Bárbara Rey, aunque no la llame por su nombre) decía saber y tener bien documentado con fotografías, vídeos, grabaciones de voz, etc. Con 70 millones de pesetas que le dieran, se callaba. Me dijo: ‘Tengo documentos y tengo testigos'. Entoces yo fui por la directa: ‘Pues vamos ahora mismo a verlo'. Y nos fuimos en mi coche (...)".

Continúa el relato explicando que no había nada de ese material que decía tener y concluye asegurando que la vedette comentó a sus cercanos que "el padre Bartolomé lo ha jodido todo".

Ya me huelo las próximas apariciones públicas de Bárbara Rey saliendo al paso (y cobrando) de esas aseveraciones del que fuera conocedor de intimidades de Su Majestad.

Y el asunto puede liarse aún más porque se recordará otra versión sobre el caso Barbara Rey recogida por el periodista Jesús Cacho en su libro El negocio de la libertad (1999).

Dejó escrito ese analista económico, sin citar a la vedette por su nombre, que ésta a partir de 1994 recibía un millón de pesetas mensuales por guardar silencio sobre lo que ella decía que fue una larga relación. Pero que en 1996 Aznar cortó el grifo y el tema se enrareció tanto que fue necesario soltar unos 600 millones de pesetas para enterrar el escandalazo.

Lo que faltaba: en medio de la crisis, la recesión, los casos de oorrupción y las campañas electorales, un sucio cotilleo de faldas y dinero en torno al Rey.

Allá donde acudimos, la Princesa y Yo no dejamos de mostrar la mejor cara. Para eso hay que saber y hay que valer. No es fácil estar así con la que está cayendo en el país y cuando la mayoría de las autoridades que nos saludan lo que de verdad les preocupa es este feo panorama doble. El económico y el político.

¿Que los príncipes y reyes no damos un palo al agua? A ver quien es capaz, como hicimos en la inauguración de la Feria de Arte Contemporáneo (ARCO), de ir repartiendo sonrisas y palabras simpáticas a quienes sabes que no les llega la camisa al cuello por los datos de recesión o por los sumarios de Garzón.

En ARCO había lo de siempre: algo de arte, bastante creatividad, mucha ocurrencia y ganas de vender obra como sea. De todo lo que visité lo que más me sorprendió fue la oferta de una artista gallega que ha transformado en óleos 700 facturas y tickets de compra reales.

También puede ser propio del momento, o quizás premonitorio, la imagen esa del individuo pegándose un tiro en la cabeza. Pero gracia y atractivo no le veo por ningún sitio.

 

Yo no tengo, ciertamente, problemas para pagar la hipoteca ni de inseguridad laboral, pero ya he recogido aquí otras veces mi miedo a que esta situación se siga deteriorando, el clima social se convulsione y termine afectando a la Monarquía.

A la opinión pública no le está llegando toda la información de la realidad económica que pasa por mis manos, pero como los gobernantes no saben por dónde tirar empiezan a aflorar datos muy inquietantes.

El último ha sido la reciente declaración del presidente de las Cámaras de Comercio que, como grito angustiado de tantos pequeños empresarios ahogados por el cerrojazo financiero, pide abiertamente que el Gobierno ordene la intervención de bancos y cajas de ahorro para inyectarles capital y obligarles que lo destinen a créditos.

Entre esas llamadas a una cierta nacionalización de la banca y los requerimientos del gobernador del Banco de España al abaratamiento del despido, lo que Yo veo es un estado de división y desconcierto en los altos responsables de la nación. De ahí a que se extienda la inseguridad colectiva y el miedo hay poco trecho.

Como Heredero, nada puedo hacer en esta situación, salvo mantener el tipo ante la sociedad y hacerme por dentro muchas cábalas sobre qué futuro me espera.

A estas alturas es inconcebible que mi Hermana mayor anhele ser la Heredera a la Corona de España, y mucho menos que Yo albergue sospecha alguna de que pretenda desplazarme. Ni ella ha dado pie a semejante elucubración, ni nadie habrá escuchado de mi boca ningún comentario al respecto. Eso lo saben quienes nos conocen, y también quienes deben saberlo.

Pero no es un secreto que hay quienes gustan de enredar con el asunto éste de la sucesión y quienes encuentra en ello la posibilidad de hacer negocio. Hagos estas consideraciones y advertencias porque está a punto de llegar a las librerías un libro cuyo título La Infanta Elena: la reina que pudo ser, ya apunta de por dónde van los tiros. Después del éxito comercial que supuso la polémica levantada por el libro de Pilar Urbano sobre mi Augusta Madre, otros quieren seguir la estela.

El intento se sacar una biografía de mi esposa, la Princesa, ha sido felizmente anulado. No así esta otra obra presentada como biografía de la Duquesa de Lugo, pero sin su autorización.

"Esta es la biografía de una mujer que pasará a la historia por ser Infanta y la primogénita de Juan Carlos I. Y será además especialmente recordada por haber sido obviada de la sucesión de la Corona por ser mujer. Nacida durante la dictadura de Franco, en un reino sin rey, la actual Constitución de 1978 olvidó en este aspecto la igualdad de derechos entre mujeres y hombres". Así arranca la sinopsis del libro en cuestión que ya ofrece El Corte Inglés.

Para que nos entendamos: se pretende agitar un problema que nunca ha existido por un supuesto conflicto de derechos dinásticos entre mi Querida Hermana y Yo. ¡Anda que está Ella como para encabezar un pleito dinástico! Habría que oir la fresca que suelta a quien le comente el tema.

No sé si despertará algún morbo o si resultará comercial hablar por ahí de un falso enfrentamiento entre el elenismo y el felipismo. Y que ciertas tertulias televisivas y los comentaristas del corazón que todos sabemos saquen a colación la incoherencia legal que hay al respecto. Quizás me equivoque, pero me veo venir la frívola representación de un bando de elenistas frente a otro de felipistas.

Semejante espectáculo se apoyará en la ignorancia o el desprecio a la realidad jurídica. En la anterior legislatura el Gobierno de Rodríguez Zapatero ya se propuso modificar el art. 57.1 de la Constitución que determina la preferencia del varón sobre la mujer en el orden sucesorio. Pues bien, el Consejo de Estado dictaminó -¡hace ya tres años!- cómo debía redactarse ese artículo para terminar con la desigualdad. Para quienes tengan curiosidad, pueden leerlo en las páginas 35 y 36 del Informe de enero de 2006.

Pero no sólo eso. El Gobierno pidió al Consejo de Estado modificar la Constitución "sin alterar las previsiones que afectan al Príncipe de Asturias" en el orden de sucesión a la Corona. Y además, en su dictamen, el Consejo de Estado deja claro que la reforma se aplicará a los sucesores del actual Heredero, o sea, a mis sucesores.

Me llegan noticias imprecisas sobre la boda de nuestro compatriota David Bagration Zornoza, revestido de Jefe de la Casa Real de Georgia, con su pariente lejana Anna Bagrationi-Gruzinsky.

Ha sido una solemne y populosa ceremonia celebrada este domingo en la catedral de la Santísima Trinidad de Tbilisi (Georgia), presentados ambos como Altezas Reales y rodeados de la curiosidad y la ilusión de miles de georgianos.

Digo que los datos son algo confusos porque las agencias internacionales de noticias dicen que con el enlace de este príncipe español de 32 años, reconocido allí heredero al trono de la ex república soviética Georgia, con la también princesa Anna Bagrationi, de 31, se evita una posible lucha dinástica entre dos ramas de la familia que dejó de reinar en aquel país hace dos siglos.

Ya me ocupé en este blog hace días de la citada boda, a la que no asistiríamos la Princesa y Yo, en consonancia con lo que me parece que ha sido ausencia notoria en la ceremonia de representantes de otras Casas Reales de Europa.

Tal como están las relaciones de la UE con Rusia y el reciente conflicto armado de esta última con Georgia tras la invasión del verano pasado, resultaba de lo más improcedente la presencia de miembros de Monarquía reinantes en un acto cargado de simbolismo nacional para los georgianos.

Y, porqué no decirlo, protagonizado por quien es discutido en el Gotha de la realeza.

A David Bagration apenas le traté cuando vivía en España, aunque su padre, Jorge, sí tenía más relación con Su Majestad. Falleció hace un año y mientras sus hermanos permanecen en Madrid, él decidió instalarse en Georgia.

Es un propósito, o una aventura, en el que le acompañan un grupo de españoles, particularmente el conde de Guillamón y del Enebral, Guillermo Guillamón, dedicado a negocios inmobiliarios y que es el Canciller de la Orden del Águila de Georgia y la Túnica sin costuras de Nuestro Señor Jesucristo, encabeza como es natural por el español pretendiente al trono georgiano. 

Se ha propuesto muy en serio sus aspiraciones a reinar en Georgia. Tanto que ahora ha tomado el nombre de Davit Bagrationi Mukhran Batonishvili, desapareciendo su segundo apellido de nacimiento, como hijo de la española Mercedes Zornoza.

Su objetivo lo veor peor que difícil por razones obvias, y en un país tan castigado que en sus invitaciones de boda rechazaba regalos, pidiendo a cambio donativos para los damnificados tras el reciente conflicto armado con las tropas rusas.

Pero me han llamado poderosamente la atención las imágenes de la boda, tan solemne y espontánea a la vez. Reproduzco aquí algunas de ellas, donde el príncipe Davit luce su uniforme oficial en una ceremonia según el rito de la Iglesia ortodoxa, con la princesa Anna luciendo una diadema con piedras preciosas y la cara lavada, sin una pizca de maquillaje.

No obstante, tanta pompa y boato no fueron óbice para que atendieran una llamada al móvil mientras portaban los hachones encendidos ante el oficiante religioso.

Mi enhorabuena y deseos de felicidad a los Príncipes de Bagrationi que, tras la ceremonia, celebraron la boda con una fiesta en el hotel Sheraton Metekhi rodeados de 3.000 invitados, según las crónicas del evento.

A menos que nos descuidemos, herimos muchas sensibilidades. Quienes encarnamos la Monarquía ciertamente no vamos a vernos con estrecheces, pero si incurrimos en alegrías en el gasto suntuario podríamos azuzar ese sentimiento popular antimonárquico que prende con tanta facilidad.

No parecen correr tanto riesgo quienes son cargos electos. Recientemente, y sin que haya tenido reacción en la opinión pública, el Parlamento Europeo ha decidido subir los sueldos de sus diputados, que en el caso de los españoles significará un incremento de 4.000 euros mensuales a partir del verano próximo.

Como se aprecia en un reportaje de la televisión luxemburguesa, a los europarlamentarios no les agrada comentar sus nuevos ingresos de 14.727 euros mensuales repartidos en 7.339 de salario fijo, 3.408 por doce días de trabajo en el Parlamento y 3.980 de asignación específica. Gastos de viaje y asistentes aparte.

No quiero pensar la que se habría montado en España si, por ejemplo, la Princesa y Yo hubiéramos incurrido en gastos de acondicionamiento y decoración como los del presidente de la Xunta de Galicia. Incólume ante la reciente sorpresa por haber adquirido un cuarto coche blindado por 480.000 euros, en la reforma de su despacho Emilio Pérez Touriño ha incluido diecinueve sillas a 2.269 euros la unidad, aunque en la foto parezcan corrientes.

Que Yo sepa, ni en Zarzuela ni en el Pabellón del Príncipe disponemos de sillas de ese valor. Las de la Xunta salen a precio de trono regio. Pero, como digo, los políticos tienen mejor blindaje que los miembros de la Familia Real y más fácil salida ante un apuro. Como prueba, aquí está parte del diálogo que mantuvo ayer el presidente socialista gallego con un periodista en una rueda de prensa

ABC: «¿Cree usted que un estanque por 50.000 euros, un suelo de 400 euros el metro cuadrado o un ventanal de casi 30 millones de pesetas se ajusta a la austeridad que propone su gobierno?

Touriño: «Siguiente pregunta. Ya dije todo lo que tenía que decir. Compromiso con la austeridad, la transparencia y el rigor (...)».

ABC: «Dijo en Madrid que el Parlamento tenía acceso a toda la información de las obras (...). Pero su gobierno no ha remitido a la Cámara ninguna documentación...».

Touriño: «Está a disposición de que la Cámara lo solicite, como siempre se hizo. No hay restricción. ¿Acabó? ¿Quiere preguntar algo más?».

ABC: «Sí, tengo más. ¿Cree usted, como opina su conselleiro de Traballo, que hay una campaña de ABC en su contra?».

Touriño: «Siguiente pregunta».

ABC: «¿Ve conveniente gastarse cuatro millones de euros en tiempos de crisis para reformar 500 metros cuadrados en la Xunta?».

Touriño: «Siguiente pregunta. Gracias. Encantado».

ABC:(...) «¿Puede explicar cuáles son los motivos...?».

Touriño: «No voy a entrar más en ese tema, ¿vale?».

He tenido la oportunidad de asistir a uno de los almuerzos menos divertidos pero más aleccionadores de mi vida. Ha sido el ofrecido por Su Majestad al secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarsicio Bertone, con presencia del presidente Zapatero, el ministro Moratinos, el cardenal Rouco y el nuncio de Su Santidad en España.

Califico así dicho encuentro -de cuyo contenido no puedo decir ni mu-, porque ha sido la primera vez que asisto a un ejercicio real y en directo de despliegue de la finísima y astuta diplomacia que se le reconoce a la Sede Apostólica. Siento no poder describir cómo ha sido el cruce de palabras, no ha habido combate, entre el número dos del Papa y el número uno del Gobierno de España, con algún comentario engrasante de mi Augusto Padre.

Me limitaré a otro aspecto menos trascendente de la estancia en Madrid de monseñor Bertone, y es esa imagen inédita que nos ha deparado de la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, en falda.

Los españoles están acostumbrados a la número dos del Ejecutivo muy cuidadosa de su ropa y apariencia, vistiendo siempre de pantalón, una prenda muy adecuada a su conformación física. Pero hete aquí que, por primera vez desde que trabaja en la Moncloa, la señora Fernández de la Vega recibe una visita oficial luciendo un conjunto de falda. Y el visitante es un hombre consagrado a Dios, vistiendo la correspondiente sotana que sólo deja al descubierto cara, manos y calzado.

Algunos han interpretado que la Vicepresidenta Primera cumplía con el protocolo de la Curia Romana, que exige falda a las damas. Pero esa norma de etiqueta es para presentarse ante el Papa y con vestido largo y negro. No es igual el protocolo en los salones vaticanos que en los de la Moncloa. Quizás por ello Teresa Fernández de la Vega ha recibido al cardenal con un conjunto color malva de falda por la rodilla.

¿Habrá intentado mezclar los dos protocolos o se ha desprendido de su habitual pantalón como gesto de cierto desafío laicista ante un alto representante de la moral estricta y las costumbres severas?

Hablando de faldas no puedo evitar traer a colación lo que me ha señalado la Princesa. Y es que el otro día, en la inauguración de la exposición de Bacon, nos acompañó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que como se comprueba en las fotografías del acto lucía falda por encima de la rodilla, sensiblemente más corta que la de mi Amada Esposa.

Aquí no hay ningún desajuste protocolario sino la paradójica falta de correspondencia entre los largos de falda de dos damas y sus edades.

El presidente Obama ha puesto de moda la censura pública de los gigantescos ingresos de los directivos financieros, y al poco tiempo le han seguido otros gobernantes, entre ellos nuestro Jefe de Gobierno, en reclamaciones similares.

Por los informes que me pasan, tiene motivo el presidente de los Estados Unidos para una queja tan inédita, tal es el deterioro de la situación económica global. Ahora bien, observo que quienes poseen las mayores fortunas o gozan de sueldos y bonus que algunos consideran astronómicos no están en la misma onda que Barak Obama.

Me remito a lo sucedido días atrás en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza). Los más poderosos, política y económicamente, han sido incapaces de llegar más allá de un diagnóstico negativo. Pero todos ellos se fumaron un puro ante tan negro horizonte para el que nadie ofrece fórmulas de superación.

No puedo perder de vista que todas esas consideraciones se traducen en la vida real, aquí y ahora. Es decir, en nuestra España, con un Gobierno y un sistema financiero que deben cumplir sus tareas responsablemente. Pero también somos una nación representada por una Monarquía. ¿Y eso qué quiere decir?

Mi esposa, la Princesa, que aún tiene esos arranques de espontaneidad extraños a nuestra posición institucional, va y me dice ayer:

- Cariño, con el cariz que ha tomado la situación económica y los malos augurios, ¿no crees que la Corona debe ponerse las pilas y dar ejemplo?

- ¿Ejemplo de qué, si no tenemos arte ni parte?

- Pues no sé... algún gesto de comprensión o cercanía a la sociedad. Mostrar que en época de estrecheces también sabemos ser austeros. No digo una rebaja de unos sueldos que no tenemos pero, vamos, demostrar que sabemos apretarnos el cinturón.

- Sabes que en nuestra Familia y en la Casa no podemos obrar como un grupo político o una gran empresa. Esto es otra cosa, esto es muy especial...

- Ya, pero la situación se está poniendo fea y va a ir a peor. Y puede crecer el descontento social, y la gente mira a los de arriba, y en lo alto de todo está la Corona y lo último que te interesa, como Heredero, es ser la diana de las frustraciones y las acusaciones populares. Acuérdate de lo que te digo.

Doy vueltas en la cabeza a esas advertencias de mi Amada Esposa, porque olfato no le falta. ¿Qué gesto podemos tener? De entrada, ninguno que no fuera decisión propia de Su Majestad. Y en el caso improbable de que eso ocurriera, ¿dónde apretarnos el cinturón?

Sólo lo veo en los 8 millones de asignación oficial a la casa de S.M., que tampoco es nada del otro mundo. Como los gastos corrientes (incluido vivienda, servicio, viajes) corren a cuenta de Patrimonio Nacional, tampoco nos causaría un gran descalabro. Pero esa es una partida de los Presupuestos del Estado ya vigentes y dudo que a estas alturas pueda modificarse, ni para reducirla.