Me llegan noticias imprecisas sobre la boda de nuestro compatriota David Bagration Zornoza, revestido de Jefe de la Casa Real de Georgia, con su pariente lejana Anna Bagrationi-Gruzinsky.
Ha sido una solemne y populosa ceremonia celebrada este domingo en la catedral de la Santísima Trinidad de Tbilisi (Georgia), presentados ambos como Altezas Reales y rodeados de la curiosidad y la ilusión de miles de georgianos.
Digo que los datos son algo confusos porque las agencias internacionales de noticias dicen que con el enlace de este príncipe español de 32 años, reconocido allí heredero al trono de la ex república soviética Georgia, con la también princesa Anna Bagrationi, de 31, se evita una posible lucha dinástica entre dos ramas de la familia que dejó de reinar en aquel país hace dos siglos.
Ya me ocupé en este blog hace días de la citada boda, a la que no asistiríamos la Princesa y Yo, en consonancia con lo que me parece que ha sido ausencia notoria en la ceremonia de representantes de otras Casas Reales de Europa.
Tal como están las relaciones de la UE con Rusia y el reciente conflicto armado de esta última con Georgia tras la invasión del verano pasado, resultaba de lo más improcedente la presencia de miembros de Monarquía reinantes en un acto cargado de simbolismo nacional para los georgianos.
Y, porqué no decirlo, protagonizado por quien es discutido en el Gotha de la realeza.
A David Bagration apenas le traté cuando vivía en España, aunque su padre, Jorge, sí tenía más relación con Su Majestad. Falleció hace un año y mientras sus hermanos permanecen en Madrid, él decidió instalarse en Georgia.
Es un propósito, o una aventura, en el que le acompañan un grupo de españoles, particularmente el conde de Guillamón y del Enebral, Guillermo Guillamón, dedicado a negocios inmobiliarios y que es el Canciller de la Orden del Águila de Georgia y la Túnica sin costuras de Nuestro Señor Jesucristo, encabeza como es natural por el español pretendiente al trono georgiano.
Se ha propuesto muy en serio sus aspiraciones a reinar en Georgia. Tanto que ahora ha tomado el nombre de Davit Bagrationi Mukhran Batonishvili, desapareciendo su segundo apellido de nacimiento, como hijo de la española Mercedes Zornoza.
Su objetivo lo veor peor que difícil por razones obvias, y en un
país tan castigado que en sus invitaciones de boda rechazaba regalos, pidiendo a cambio donativos para los damnificados tras el reciente conflicto armado con las tropas rusas.
Pero me han llamado poderosamente la atención las imágenes de la boda, tan solemne y espontánea a la vez. Reproduzco aquí algunas de ellas, donde el príncipe Davit luce su uniforme oficial en una ceremonia según el rito de la Iglesia ortodoxa, con la princesa Anna luciendo una diadema con piedras preciosas y la cara lavada, sin una pizca de maquillaje.
No obstante, tanta pompa y boato no fueron óbice para que atendieran una llamada al móvil mientras portaban los hachones encendidos ante el oficiante religioso.
Mi enhorabuena y deseos de felicidad a los Príncipes de Bagrationi que, tras la ceremonia, celebraron la boda con una fiesta en el hotel Sheraton Metekhi rodeados de 3.000 invitados, según las crónicas del evento.