
He tenido la oportunidad de asistir a uno de los
almuerzos menos divertidos pero más aleccionadores de mi vida. Ha sido el ofrecido por Su Majestad al secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarsicio Bertone, con presencia del presidente
Zapatero, el ministro Moratinos, el cardenal Rouco y el nuncio de Su Santidad en España.
Califico así dicho encuentro -de cuyo contenido no puedo decir ni mu-, porque ha sido la primera vez que asisto a un ejercicio real y en directo de despliegue de la finísima y astuta diplomacia que se le reconoce a la Sede Apostólica. Siento no poder describir cómo ha sido el cruce de palabras, no ha habido combate, entre el número dos del Papa y el número uno del Gobierno de España, con algún comentario engrasante de mi Augusto Padre.
Me limitaré a otro aspecto menos trascendente de la estancia en Madrid de monseñor Bertone, y es esa imagen inédita que nos ha deparado de la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, en falda.
Los españoles están acostumbrados a la número dos del Ejecutivo muy cuidadosa de su ropa y apariencia, vistiendo siempre de pantalón, una prenda muy adecuada a su conformación física. Pero hete aquí que, por primera vez desde que trabaja en la Moncloa, la señora Fernández de la Vega recibe una visita oficial luciendo un conjunto de falda. Y el visitante es un hombre consagrado a Dios, vistiendo la correspondiente sotana que sólo deja al descubierto cara, manos y calzado.
Algunos han interpretado que la Vicepresidenta Primera cumplía con el protocolo de la Curia Romana, que exige falda a las damas. Pero esa norma de etiqueta es para presentarse ante el Papa y con vestido largo y negro. No es igual el protocolo en los salones vaticanos que en los de la Moncloa. Quizás por ello Teresa Fernández de la Vega ha recibido al cardenal con un conjunto color malva de falda por la rodilla.
¿Habrá intentado mezclar los dos protocolos o se ha desprendido de su habitual pantalón como gesto de cierto desafío laicista ante un alto representante de la moral estricta y las costumbres severas?
Hablando de faldas no puedo evitar traer a colación lo que me ha señalado la Princesa. Y es que el otro día, en la inauguración de la exposición de Bacon, nos acompañó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que como se comprueba en las fotografías del acto lucía falda por encima de la rodilla, sensiblemente más corta que la de mi Amada Esposa.
Aquí no hay ningún desajuste protocolario sino la paradójica falta de correspondencia entre los largos de falda de dos damas y sus edades.