Hace tres meses me ocupé en este blog del padre dominico Bartolomé Vicens, a quien se le conocía como el confesor del Rey aunque él prefiriera llamarse su asesor religioso. Gran amigo y confidente de Su Majestad, fray Bartolomé falleció hace dos semanas y resulta que ha dejado una especie de autobiografía grabada en cintas donde desvela asuntos privados de su relación con mi Augusto Padre.
Eso, al menos, es lo que ha contado el diario El Mundo en un reportaje el pasado sábado donde recoge, entrecomilladas, lo que denomina "confesiones íntimas del confesor del Rey". Se trata de algo más serio que recuerdos anecdóticos o comentarios sobre asuntos intrascendentes.
La existencia de dichas grabaciones y que hayan visto la luz en el periódico de Pedro J. no me ha escandalizado, pero sí me ha sorprendido.
Lo más morboso de esas supuestas confesiones que ahora salen a luz es una versión del P. Bartolomé Vicens sobre el escándalo o escandalete que circuló hace diez años por los mentideros sobre una especie de chantaje de una vedette que amenazaba con destapar su relación íntima con el Rey.
Es un tema que ha salido a relucir de manera indirecta en algunos programas televisivos de cotilleo en alusión a Bárbara Rey. Y el reportaje de El Mundo ha puesto nombre y cara a aquel feo asunto, hasta el extremo de publicar la foto de la ex mujer de Ángel Cristo junto a las de personas de la Familia Real.
A lo que se ve, el confesor de mi Augusto Padre (a quien gustaba lucir esa condición) en sus grabaciones -de las que ignoro su fidelidad, cuál era su destino, ni cómo han llegado a un periódico- no da el nombre de Bárbara Rey, pero la autora del reportaje no duda en ponerlo recogiendo así el testimonio del fraile dominico:
"Un día se presentó aquí una mujer (...) Empezó a contarme lo que ella (refiriéndose a Bárbara Rey, aunque no la llame por su nombre) decía saber y tener bien documentado con fotografías, vídeos, grabaciones de voz, etc. Con 70 millones de pesetas que le dieran, se callaba. Me dijo: ‘Tengo documentos y tengo testigos'. Entoces yo fui por la directa: ‘Pues vamos ahora mismo a verlo'. Y nos fuimos en mi coche (...)".
Continúa el relato explicando que no había nada de ese material que decía tener y concluye asegurando que la vedette comentó a sus cercanos que "el padre Bartolomé lo ha jodido todo".
Ya me huelo las próximas apariciones públicas de Bárbara Rey saliendo al paso (y cobrando) de esas aseveraciones del que fuera conocedor de intimidades de Su Majestad.
Y el asunto puede liarse aún más porque se recordará otra versión sobre el caso Barbara Rey recogida por el periodista Jesús Cacho en su libro El negocio de la libertad (1999).
Dejó escrito ese analista económico, sin citar a la vedette por su nombre, que ésta a partir de 1994 recibía un millón de pesetas mensuales por guardar silencio sobre lo que ella decía que fue una larga relación. Pero que en 1996 Aznar cortó el grifo y el tema se enrareció tanto que fue necesario soltar unos 600 millones de pesetas para enterrar el escandalazo.
Lo que faltaba: en medio de la crisis, la recesión, los casos de oorrupción y las campañas electorales, un sucio cotilleo de faldas y dinero en torno al Rey.