Andan la prensa y la televisión a vueltas con lo de un nuevo embarazo de la Princesa, mirando con lupa si marca más curvas que hace un mes... O se hacen eco de esa ocurrencia que ha tenido un ciudadano de buscar y encontrarle a mi Amada Esposa un antepasado regio, un reyezuelo leonés de la época de la Reconquista que se hacía llamar Fernando II.
Lo del supuesto embarazo es algo tan delicado y personal que no digo ni mu. Y sobre lo de la sangre azul en sus venas... no quiero contribuir a ciertos ridículos.
Están los medios fijándose en semejantes cuestiones y no se enteran del peso específico que va ganando la Princesa. Hay quienes no saben ver más allá de los centímetros de sus tacones o la variedad de sus vestidos, y se pierden lo sustancial. Debe ser por eso que nadie ha reparado en cómo evoluciona en su condición de esposa y madre de herederos a la Corona y, sobre todo, cuál es el perfil de Princesa de Asturias que Ella misma está forjando.
Uno de los indicativos de ese cambio y esa trayectoria está en sus discursos oficiales. No ha acumulado muchos, dieciocho en tres años contando el primero de 2009. Comparados con los setenta que Yo he pronunciado solamente en 2008, es una cantidad mínima pero suficiente para analizarlos.
Y lo que nadie ha detectado es cómo la Princesa interviene cada vez más en la confección de sus discursos. Estos no obedecen a la creatividad del Rey ni de ningún otro miembro de la Real Familia. Son preparados por la Casa de S.M. sobre los apuntes indicaciones o borradores que envía el Gobierno o el departamento ministerial competente en el área a la que corresponda el acto oficial correspondiente.
Sobre esos textos, siempre ajustados a una plantilla protocolaria, puedes hacer algún retoque pero con mucho cuidado de no meter la pata. A Mi Amada Esposa, sin embargo, siempre le gusta opinar y aconsejarme sobre los textos que me toca leer.
Pero donde más mete la mano, dicho en el buen sentido, es en el contenido de sus propios discursos, lo que obliga a más trabajo y revisiones en la Casa para evitar la falta de sintonía con el Gobierno, que es quien tiene la última palabra sobre las actuaciones públicas de la Corona.
Para comprobar cómo poco a poco la Princesa va dejando su impronta personal en los discursos, no hay más que fijarse en el primero, cuando amadrinó una bandera de la Guardia Civil. "De ahí que quiera aprovechar esta ocasión tan singular para ofrecer a todos los hombres y mujeres que integran la Guardia Civil nuestro sincero reconocimiento por el valioso trabajo que desarrollan, guiado siempre por el amor a la Patria".
Como se ve, palabras que responden al guió clásico de Zarzuela. Igual que estas otras pronunciadas en octubre de 2007 en el Congreso Internacional de la Televisión y la Infancia:
"Las estadísticas están ahí y nos muestran que los niños son grandes consumidores de televisión. Y vosotros, los expertos, hace mucho que llamáis la atención sobre el hecho de que un consumo elevado (...)".
Un año después, en octubre pasado, ya aparecía su estilo propio en la entrega del premio "Cervantes chico" de literatura infantil y juvenil, refiriéndose a la obra de su ganador: "(con sus historias) podemos seguir la pista del abuelo o averiguar qué hace la maga Colasa cuando se encuentra un socavón en la carretera".
Pero la prueba más notoria de que distingue sus alocuciones con un tono y un lenguaje muy personales y de que busca un acercamiento al auditorio que no hacemos ningún otro miembro de la Familia Real, se encuentra en el último discurso. Fue el 10 de este mes, en la celebración del Día Mundial de las Enfermedades Raras.
Tanto prepara sus textos y tanta información previa recaba, que en esa ocasión sus palabras aludían a personas concretas que acababa de saludar: "La verdad es que no sé demasiado de glocogenosis, neurofibromatosis o arteritis de Takayu (...) pero sí sé algunas cosas de Lucía, de su madre Carmen, de Santi, Ana, Marta (...) Gracias a ellos nos hemos dado cuenta de cómo sufrís (...)".