Cada equis años un miembro de la Familia Real Británica nos toca un poco las narices a cuenta de sus paseítos por Gibraltar. Ahora le toca el turno a la Princesa Ana de Inglaterra, en visita semioficial o semiclandestina, según se mire, al Peñón de nuestras desdichas.
De manera semejante a como Su Majestad el Rey conquistó la plena legitimidad de ejercicio (y gran popularidad) gracias a su actitud que frenó el golpe de estado del 23-F, alguna vez he soñado que en el futuro me gustaría protagonizar una hazaña semejante, como conseguir bajo mi reinado la reintegración de Gibraltar a la soberanía española.
Veo muy difícil que ese sueño se haga realidad, visto el altísimo interés estratégico que el Peñón tiene para el Reino Unido. Para ser más exactos, el enclave militar que alberga la Roca, fundamental para mantener la supremacía naval de los ingleses obtenida desde que nos derrotaron en Trafalgar.
Con un pedazo de tierra que es un fortín -no sabemos lo que esconde el Peñon- junto a una pequeña población llena de oficinas bancarias que conforman un paraíso fiscal para blanquear dinero negro de diversas mafias en plenas nartices de la UE, ¿qué fuerza va a esgrimir España para privar de semejante joya al Reino Unido?
Así las cosas, se entiende el "sí es no es" que rodea las visitas de los Windsor a Gibraltar y las consabidas protestas de las autoridades españolas, casi siempre con la boca pequeña.
La presencia allí esta semana de Ana Windsor, única miembro de su familia con el título de Princess Royal no ha sido anunciada por el Gobierno de Londres, y ni siquiera aparece en la web oficial de la Corona británica.
Si hacia fuera se le da ese perfil bajo para no irritar a las autoridades españolas, lo cierto es que la hija de Isabel II va a inaugurar un hospital militar que lleva su nombre y conocerá otras instalaciones civiles, siempre con máximos honores rendidos por el Gobernador y la guarnición militar.
Eso hay que interpretarlo como algo propio de los usos diplomáticos, aunque muchos lo considerarán simplemente una manifestación de hipocresía institucional, pero no quiero seguir por ese camino.
La verdad es que nuestros equivalentes de la Familia Real británica son muy suyos y Nuestra relación con ellos es correcta, pero sin familiaridades. Ahora bien, con todo lo que se critica de la imagen de esa Monarquía, tiene dos aspectos que me parecen envidiables.
Uno, la utilización de símbolos monárquicos en el adorno todo tipo de objetos, para aprovechamiento comercial del conjunto de los súbditos o ciudadanos.
Otro, la apariencia, funcionalidad y vistosidad de contenidos en su web oficial -tan distinta a la que tenemos aquí-, empezando por la claridad y majestuosidad de su nombre: The official website of The British Monarchy.