
No había más que ver la cara de mi Augusto Padre (pinchar aquí vídeo) en el acto de jura o promesa de los nuevos ministros para comprobar qué procesión llevaba por dentro. Y qué mal le ha sentado -no es para menos- tanta improvisación en el relevo de carteras ministeriales y tanta precipitación para ejecutarlo.
La mirada y el gesto de Su Majestad reflejaban la distorsión que le ha ocasionado en sus planes de vacaciones el cambio de Gobierno. Eso es competencia del Jefe del Ejecutivo, claro, pero se trata de quitar y poner a ministros del Reino de España cuyos ceses y nombramientos los firma el Jefe del Estado.
Yo siempre he visto al Rey ejemplar en el desempeño de sus funciones, aparte de ser mi único referente, aunque también es verdad que no es la primera vez que un compromiso institucional imprevisto le sorprende fuera de juego. Mejor dicho, pasando unas jornadas de ocio dentro o fuera de España.
No sólo le ocurre a Él, porque mi Augusta Madre también ha tenido que suspender sus vacaciones de Semana Santa que ya había iniciado en Palma, donde se dejó ver en un concierto de música sacra.
Conociendo a mi padre el Rey, como lo conozco, su gesto agrio del otro día no obedecía tanto a la interrupción de sus días de ocio sino a esa escasa consideración que el actual Presidente del Gobierno muestra hacia la Corona. A veces parece entender la Monarquía como un mal menor o un adorno administrativo, como cuando al anunciar el martes los cambios en su Gabinete dijo sobre el calendario de los relevos:
"Jurarán su cargo hoy en Zarzuela a las seis de la tarde".
¿Cómo que juran su cargo en Zarzuela? Será que lo hacen ante Su Majestad el Rey o, si le cuesta trabajo decirlo así, ante el Jefe del Estado. Denota cierta superficialidad o falta de respeto ningunear la mención al rey de España haciendo alusión al nombre de su residencia.