
Menos mal que hay vida y hay imagen más allá de las representaciones que de uno mismo hacen los demás. De lo contrario, estaríamos aviados.
Ese pensamiento es el que salva a la Princesa de sumirse en la más profunda decepción o mostrarse tremendamente arrepentida tras conocer la reproducción de su efigie por el Museo de Cera madrileño, por supuesto con autorización de la Casa. Personalmente no sé con qué cara quedarme, si con el rudo perfil que le sacaron hace cinco años o con este nuevo gesto vistiendo traje largo.
Seguro que con ella, igual que con otros miembros de la Real Familia, los artistas y técnicos de ese museo se han tomado especial interés por el buen resultado final de su trabajo. Pero la cera es lo que es y carece de los recursos de un buen retrato capaz de matizar el sentido profundo de una mirada.
Tanto empeño han puesto los autores en reflejar la realidad de mi Amada Esposa, recogiendo los cambios habidos en su físico desde que hicieran la anterior figura, que incluso en esta Princesa de cera se insinúa el nuevo busto que ahora luce. Lo ha conseguido con toda discreción y gradualidad desde que se arreglara aquello del tabique nasal, pero para qué nos vamos a engañar: sus líneas ya no son lo que eran.
Si a la suavización del rostro tras aquella intervención le ha seguido la aparición de unas curvas genuinamente femeninas, mejor que mejor. A mí no me parece mal porque todo redunda en una imagen pública más agradable, lo que no es poco en estos tiempos de incertidumbres.
Que ha habido y habrá quienes se dediquen a observar con lupa sus perfiles y su contorno, sobre todo ahora con la ropa de primavera y verano que realza el busto, prestos a criticarla o afearle sus cuidados físicos, es algo con lo que Ella cuenta. También cuando pasó por el quirófano para lo de la cara hubo comentarios para todos los gustos, con el paso del tiempo se ha notado el cambio a un gesto facial más dulce, y no ha pasado nada grave.
Por eso digo que lo que cuenta es la realidad, más que los sucedáneos que adornan las exposiciones de figuras de cera. Eso sí, la realidad no hay que someterla a muchos cambios porque en Nuestro caso es obligado disponer de retratos oficiales. El primero de ellos, obra de Ricardo Sanz, se terminó en 2008 poco antes de los cambios habidos en la fisonomía de la Princesa y, claro, no es cuestión de encargar otro en tan breve espacio de tiempo.