
Durante las últimas semanas me he ocupado en un par de ocasiones de la cantidad de
especulaciones y
bobadas que se están divulgando en torno a la próxima visita a España del Presidente Nicolás Sarkozy, que será ocasión para un duelo de glamour entre su esposa,
la muy fashion Carla Bruni, y nuestra Princesa.
Creo que las comadres que no paran de calentar el ambiente con ese encuentro quedarán desautorizadas por la realidad. Y, entre otras cosas, no saben interpretar la coincidencia de la detención del jefe etarra en Francia con las vísperas del citado viaje.
En primer lugar, mi Amada Esposa no está por la labor de buscar esa clase de rivalidades. Es muy consciente -y muy celosa- del papel que representa y de la dignidad que le acompaña. Busca estar a la altura de esa exigencia y sabe que eso tiene bastante que ver con la imagen que proyecta. Pero de ahí a competir con la sofisticada ex modelo Carla Bruni para dar el campanazo con un vestido, un peinado o unas joyas en una ceremonia oficial, hay un trecho.
Reconozco que cada una de ellas tiene su estilo y su empaque, pero a la Princesa no le agrada que sólo se busque la comparación entre sus peep toes y el zapato plano de la señora de Sarkozy. La coquetería es la coquetería y qué duda cabe de que entre ambas hay una considerable diferencia de estatura, por lo que mi Amada Esposa prefiere hacer valer la altura intelectual.
Pero además el matrimonio Sarkozy, aunque revestidos de su grandeur republicana, no ignoran que llegarán a Madrid cuando no se han apagado del todo los ecos por el inoportuno comentario del Presidente de la República Francesa, diciendo que "quizá Zapatero no sea muy inteligente".
No es el primer exceso verbal de nuestro vecino, y en Francia ha dado pie a que la dirigente socialista Ségolène Royal mande una carta a Rodríguez Zapatero pidiendo disculpas por las palabras injuriosas de su presidente.
No entendí porqué esa señora, que se deshace en elogios al presidente español, tomó esa iniciativa tan extraña a los usos diplomáticos y protocolarios. Tampoco lo han entendido en su país, a tenor de las reacciones que ha recogido la prensa gala. No es la primera vez que Ségolène Royal se pronuncia contra Sarkozy ante gobernantes extranjeros y dicen sus rivales políticos que esa es una forma que ha encontrado de tener protagonismo en los medios.