Nuestro presidente del Gobierno ha querido disipar cualquier nubarrón sobre la visita del presidente de la República Francesa a Madrid. Y ese afán le ha llevado casi a aplaudir ese desagradable comentario atribuido a Sarkozy en una sobremesa informal, admitiendo que Zapatero "puede que no sea muy inteligente".
Una cosa es que el señor Rodríguez Zapatero pretenda las mejores relaciones con el país vecino y otra manifestar, como ha hecho, a Le Monde: "Tengo una muy buena relación con Nicolas Sarkoy y sé que todos los comentarios que haya podido hacer sobre mí eran positivos.". Algo así como dame pan y llámame tonto.
Estas son cosas de las relaciones diplomáticas que obligan a una gran habilidad para que los ejercicios de apariencias no resulten ridículos. A las apariencias y a las formas tendrán que aplicarse monsieur Sarkozy y su llamativa esposa, Carla Bruni, durante su estancia en Madrid.
Como se trata de una visita de Estado, sus anfitriones y a quienes deben presentarse es a Sus Majestades los Reyes de España. Y en todos los actos donde participen y a los que asistan miembros de la Familia Real, el presidente francés y señora habrán de adapartarse al protocolo borgoñón.
¿Y qué es el protocolo borgoñón? Pues las normas sobre usos, modales y organización en toda actividad oficial de la Corona. Es un protocolo introducido en España en tiempos de Carlos I, que Felipe II desarrolló en toda su amplitud.
Se trata de un conjunto de reglas muy estrictas en lo que se refiere al orden, la disciplina y la jerarquía. En esas costumbres me educaron desde pequeño, y aunque no se mantienen exactamente igual que hace cuatro siglos, reconozco que el protocolo borgoñón es muy severo, contribuye a magnificar la persona regia y a mantener la distancia entre reyes y súbditos.
Por lo tanto, si la dinastía reinante en España, la Casa de Borbón, procede de Francia y también allí se sitúan el origen remoto de los usos de la Monarquía española, lo adecuado sería que el presidente Sarkozy, aunque Jefe del Estado, salude a Su Majestad el Rey en posición firme y con ligera inclinación de cabeza (nodel torso) y que Mme. Sarkozy flexione también levemente su rodilla al saludarle.