El debate sobre la propuesta de que el Congreso de los Diputados repruebe las manifestaciones del Papa en torno al preservativo y la propagación del sida, es la punta del iceberg de un malestar de fondo del Vaticano con el Estado español. Y en ese frente de tensión está atrapada la Corona.
¿Puede terminar esto en una confrontación Iglesia-Estado? El embajador de España ante la Santa sede, el socialista Francisco Vázquez, se ha dirigido muy alarmado al Congreso de los Diputados. ¿Corren peligro las tradicionales y sólidas relaciones diplomáticas entre el Reino de España y la Santa Sede?
Este asunto afecta a los cimientos de aquellas relaciones, por la sencilla razón de que se trata de poner en entredicho de manera solemne e institucional a Su Santidad.
Tal como en la Casa, si prosperara esa iniciativa parlamentaria no se trataría de un desafío a la infabilidad del Papa. Sólo es infalible cuando se pronuncia en cuestiones de fe. Y examinando sus polémicas palabras se encuentra motivo para que -como previsiblemente ocurrirá- la propuesta de reprobación reciba el voto en contra del PP y del PSOE.
¿Pero qué fue lo que dijo? A mediados de marzo, durante un vuelo a Camerún, país azotado por el sida y donde es común la promiscuidad sexual, según recoge la proposición no de ley de ERC, IU e ICV, el Papa afirmó que "no se puede superar (el SIDA) con la distribución de preservativos, al contrario aumentan el problema". Para ese grupo parlamentario "estas declaraciones suponen un atentado incuestionable contra la salud pública".
Benedicto XVI dijo eso dentro de una intervención más amplia, aunque es conocida la posición de la Iglesia contraria al uso del preservativo. En su alarmante mensaje al Congreso de los Diputados, el embajador ante la Santa Sede asegura que "En España se está generando un debate sobre algo que el Papa no dijo. Se ha tergiversado la intencionalidad de las palabras del Papa."
Por la información que Yo tengo, a una pregunta sobre la actitud tan ineficaz de la Iglesia ante el sida en África, estas fueron las palabras textuales de Su Santidad:
"Yo diría que el problema del sida no se puede resolver tan sólo con dinero, que es importante, pero si no hay un alma, si no hay gente que sepa cómo usarlo, el dinero sólo no ayuda. Si no hay un alma, si los africanos no se ayudan entre ellos, no se puede resolver ese flagelo con la distribución de preservativos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema".
El presidente de la Conferencia Episcopal ha presentado protesta formal, el cardenal Antonio Cañizares, ahora destinado en Roma, ha manifestado que es "una ofensa a España misma". Y el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, habla de unos fundamentalistas laicos "empeñados en buscar, con razón o sin ella, el punto flaco y el lado débil de Iglesia y acusar, denunciar, torturar psicológicamente y, si se tercia, reducir a quien interese a las cenizas de la infamia".