
Otra vez nos amenaza la polémica de si miembros de la
Familia Real nos prestamos a publicidades encubiertas o expresas. Es uno de esos problemas que saltan cuando menos te lo esperas, como le ha pasado este domingo a mi esposa, la Princesa, que gentil y desinteresadamente presidió
la salida de la Carrera de la Mujer, en Madrid.
¿Cómo imaginar que mientras coreaba en voz alta con las participantes la cuenta atrás para iniciar la prueba deportiva iba a ser fotografiada bajo unos enormes logotipos de Central Lechera Asturiana?
Esa firma láctea es la organizadora de la citada carrera, dentro del V Circuito
Central Lechera Asturiana, uno de cuyos objetivos es recaudar fondos para Asociación de Lucha contra el Cáncer, concretamente uno de los 6 euros cobrados por cada inscripción.
Ya hace años, la prensa que siempre anda buscándonos las vueltas quiso hacer escándalo de algo que Yo no le daba demasiada importancia: que durante las regatas de verano en Palma luciéramos ropa o complementos deportivos que nos regalaban los organizadores de la competición o los patrocinadores de las embarcaciones.
Mi padre, el Rey, no hace demasiado caso a
esas quejas, pero mi Amada Esposa y Yo debemos tener mucho cuidado con esta obligación de mantener las apariencias, es decir, que tenemos que serlo y parecerlo.
La Princesa es muy consciente de ello, no en vano ha trabajado profesionalmente con la imagen, pero ante un acto tan sencillo y popular como esa carrera de mujeres, con una finalidad saludable, no supo calcular que la legítima exhibición de cartelones del patrocinador terminaría engulléndola como imagen de marca lechera.