¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? En un debate tan inútil como ese pero más peligroso por el enconamiento que genera se ha enfrascado la opinión pública a causa de la desafortunada declaración de la
ministra Bibiana Aído en el sentido de que
un feto de trece semanas es un ser vivo, pero no un ser humano.
Si la titular de Igualdad tuviera razón, ¿mis Queridas Hijas, las infantitas, existieron sin pertenecer a la especie humana? Me produce tremenda desazón que este Gobierno alumbre tantos asuntos polémicos que dividen, que no responden a necesidades y que distraen de lo importante: frenar la crisis económica y prepararnos para remontarla.
La acumulación de decisiones discutibles en materia de salud sexual y reproductiva ha calentado mucho los ánimos provocando fricciones incluso dentro del Gobierno y del PSOE.
La dispensación de la píldora del día después sin receta y sin límite de edad es una medida de impacto, sobre todo en familias con hijos adolescentes. Las dos opiniones más solventes y serenas que he leído al respecto coinciden en los riesgos de esa decisión que, para colmo, exime a los varones de medidas precautorias. Corresponden al secretario del Colegio de Médicos de Barcelona y a la vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid y me sorprende que los ministerios correspondientes hayan dado ese paso sin las necesarias consultas a los expertos.
Más ampollas levanta la propuesta de que las adolescentes no necesiten permiso paterno para abortar a partir de los 16 años. ¿Es un señuelo colocado en el proyecto de ley para que atraiga toda la discusión y, una vez retirado en el Parlamento, se apruebe el resto de la ley sin problemas?.
Todo es posible, pero no sé, no sé... Hasta el presidente Zapatero defiende ese punto para evitar lo que llama interferencia de los padres. Lo que no obsta para diferencias entre socialistas, con posiciones distintas del presidente del Gobierno y su ministro José Blanco, aparte de manifestaciones críticas de importantes dirigentes socialistas e incluso del primer candidato a las europeas, Ramón Jáuregui.
Pero como decía al principio, todo se ha enrarecido más cuando la ministra de Igualdad ha llevado la polémica, quizás sin saberlo, a los terrenos de la filosofía moral y la biología. Su pretenciosa diferencia entre ser vivo y ser humano según las semanas de un feto, la va a convertir en blanco de toda clase de sátiras.
Me consta que Su Majestad ve con preocupación semejantes meteduras de pata de miembros del Gobierno. Y califico así aquella manifestación, porque fue rectificada rápidamente por la presidenta del Comité de Bioética y socialista de corazón, Victoria Camps. Esta profesora priva de fundamento científico a las palabras de Bibiana Aído porque la ciencia habla en términos biológicos, no se mete a decir cuándo un feto se convierte en persona.
También el Colegio de Médicos de Barcelona se ha permitido aclarar que la ministra de Igualdad no es quién para definir qué es o deja de ser un feto "porque ni siquiera hay consenso entre la comunidad científica". Hasta el académico Gregorio Salvador ha salido al paso de la distinción establecida por la titular de Igualdad.