
¡Algo tenía que pasar! Cada vez que estoy de viaje fuera de España se multiplican las posibilidades de que surja en la prensa algo que me afecta, siempre más desagradable que amable. Ahora ha sido esa presunta
filtración de las fotografías privadas del almuerzo familiar que celebramos con ocasión de la petición de mano de la Princesa, hace cinco años.
A mí este asunto no me quita el sueño, porque las fotos recogen escenas de lo más convencional, como no podía ser de otro modo. Sí resulta curioso que un reportaje gráfico de una reunión privada, del que se supone que sólo tendrían copia los familiares asistentes, al cabo del tiempo aparezca publicado con gran despliegue y a toda página... en Hola!, cómo no.
Aquellas fotos realizadas en el Palacio de El Pardo no fueron, desde luego, robadas, sino realizadas por profesionales que trabajan para la Casa. Pero quienes hayan ojeado el reportaje en la revista, seguro se habrán lanzado a pesquisas semejantes a las del juego del Cluedo. Y más de uno creerá tener identificado algún sospechoso o alguna sospechosa de haber hecho públicas esas imágenes. ¿Habrá sido por dinero? Prefiero no pensarlo.
Cuando en este viaje a Colombia y El Salvador, el que más tiempo me ha tenido fuera de España junto a mi Amada Esposa, tuvimos ocasión de ver las fotos publicadas, enseguida pedí aclaraciones al personal de la Casa. Pero no debo entrar en más detalles sobre este tipo de gestiones internas.
A la Princesa lo que menos le ha gustado, aparte de la deslealtad del o la responsable de la filtración, ha sido que el texto de Hola! se empeña en denominar aquella ceremonia como "la pedida de la Princesa". Ese acto social, Me ha insistido, "se denomina petición de mano, no pedida de mano", aunque muchos periodistas hayan copiado a la revista del corazón reincidiendo en su error lingüístico.
Esa apreciación de mi esposa, la Princesa, me ha recordado un dicho popular algo escatológico que, por lo visto, antiguamente era común en algunos bailes populares. Cuando un mozo se acercaba a una joven a proponerle bailar y ésta no lo deseaba, a la pregunta clásica "¿Está usted pedida?", respondía ella: "No, estoy cagada".
Espero que este debate en la prensa haya desaparecido cuando volvamos a Madrid tras la toma de posesión del Presidente de El Salvador, la 48ª investidura presidencial a la que asisto en Iberoamérica. Aquí siempre nos tratan cariñosamente y con gracejo, como un columnista del diario El Tiempo, Luis de Noé, que se refiere a Mí como "Su altura real" o "Su alteza altísimo".