He dejado constancia otras veces en este blog de cuán satisfactorias resultan mis frecuentes visitas a Iberoamérica, aunque a la vez exijan el esfuerzo adicional a todo viaje de recorrer grandes distancias, respecto a España y entre los mimos países de aquel continente.
En el último de esos periplos, la semana pasada, al que me acompañó la Princesa, se nos han notado los efectos de tanto ajetreo. Pero, cosas de la espontaneidad y cariño que en América muestran hacia la Monarquía española, el pasado sábado un diario de Venezuela publicó el siguiente testimonio:
" (...) me tocó almorzar junto a la princesa Leticia, la esposa del príncipe de Asturias: muy sencilla, muy cordial, muy cariñosa (...) La invité a descansar un poco, porque también es gente muy sufrida... No se imaginan ustedes lo que sufre la familia; por ejemplo, Letizia y Felipe tienen que viajar por todo el mundo representando a España en los actos protocolarios, cambios de mando, etcétera, y tienen dos niñitas de tres años y de un año y medio, que las tiene que dejar con los abuelitos".
¿A quién corresponden esas palabras? Pues no a algún comentarista pelota de la prensa rosa sino al presidente de la República del Ecuador, Rafael Correa, que no es precisamente un bananero sino el representante más solvente del socialismo popular e indigenista que va conquistando poder últimamente.
Ahí está el mérito, no solamente en la sensibilidad del presidente Correa al observar a la Princesa, durante el almuezo con todos los invitados a la toma de posesión presidencial en El Salvador. También hay que valorar que semejantes muestras de respeto y consideración a la Familia Real española salgan de un gobernante prestigioso y de izquierdas.
Y, por si ni fuera suficiente, que el propio Rafel Correa presuma de su gesto ante sus conciudadanos, porque lo aquí reseñado lo contó tal cual en su última alocución semanal a los ecuatorianos.
Aunque mi Amada Esposa no recuerda que la conversación con el presidente de Ecuador discurriera exactamente como él la cuenta, en lo esencial sí se ajusta a la realidad. También la proposición final, tal como la ha narrado a sus conciudadanos:
"Entonces, se los veía cansados, agotados y les dije: Vénganse a Ecuador a descansar. Así que ojalá puedan venir y podamos visitar Morona con los príncipes de Asturias, para que puedan descansar aquí, un poco, los compañeros".