
Yo mismo, pese al ambiente en el que discurrió mi infancia y la
estricta educación y costumbres que me inculcaron, no he sido ajeno a la tentación de dar un
manotazo a una mosca. O terminar con su existencia si resultaba particularmente molesta.
Eso lo puedo recordar en este blog personal como anécdota del pasado, pero jamás se me ocurriría perseguir a un insecto así en público, hasta terminar con él. Y mucho menos, hacerlo ante unas cámaras de televisión durante una entrevista, como el presidente de los Estados Unidos.
Después de ver repetidas veces esos segundos de vídeo durante el que Barack Obama, con todo aplomo y naturalidad, espanta una mosca que le distrae, aprovecha que se deposita en su mano izquierda para golpearla con la derecha y, finalmente, aparta el diminuto cadáver con el zapato solicitando al cámara que le tome un primer plano como testimonio de su final, se acrecienta mi admiración por el comportamiento de grandes personajes públicos en los EE.UU.
Ese gesto de quien es considerado el hombre más poderoso del planeta ha dado la vuelta al mundo, es observado y comentado en los cinco continentes con toda simpatía e incluso es probable que al presidente estadounidense le granjee más popularidad e influencia.
Todo eso seguro que ocurre, ¿pero cómo reaccionaría la oponión pública en España si aquí protagonizara una anécdota semejante Su Majestad? ¿O si lo hiciera Yo en una entrevista especial como Heredero?
Los miembros de la Realeza no somos equiparables a otros personajes, aunque sean Jefes de Estado, ni por el origen (ellos son elegidos) ni por el aire de solemnidad y grandeza a Nosotros nos envuelve. Por eso, pese a casos excepcionales de cierta campechanía, como el de mi Augusto Padre, reyes y príncipes hemos de compatibilizar cierta naturalidad con la indispensable distancia.
Por eso, aunque seguro que a Obama le saldrán imitadores cazamoscas de todo rango y condición, no Me veo, ni mucho menos al Rey, a manotazo limpio contra una mosca en público. Y a la Princesa, no digamos.