
Sigo teniendo presentes a los nacionalistas. Hoy, aunque me encuentre en Girona, también se hacen notar los del Partido Nacionalista Vasco. Por fin el senador de ese grupo
Iñaki Anasagasti ha presentado su libro Una monarquía protegida por la censura. Deseo que venda muchos ejemplares porque, de lo contrario,
igual nos acusa a la Real Familia de boicotear su promoción.
Las 327 páginas de la obra de Anasagasti me parecen muchas para las escasas novedades que ofrece. En realidad, ese libro es un alegato populista contra la institución monárquica, echando mano de artículos publicados anteriormente por el mismo autor o refiriendo lo que ya han dicho otros.
En el acto de presentación, su compañero y portavoz del PNV en el Congreso, Josu Erkoreka, dijo que "Iñaki se empeña en sacar a la monarquía de las tinieblas predemocráticas y situarla bajo los focos de la democracia a fin de comprobar si es capaz de sobrevivir por sí misma". Que cada uno vea las cosas como quiera, faltaría más.
Eso sí, sin olvidar que el antimonárquico y casi antiespañol Iñaki Asagasti es senador electo del Reino de España, un puesto por el que, entre picos y azadones, ingresa mensualmente casi 7.000 euros, con parte de esa cantidad exenta de tributar, más 250€/mes para taxi y dietas de 150€/día cuando viaja al extranjero como miembro de la Comisión de Exteriores del Senado del Reino de España.
En los ambientes políticos y de los medios de comunicación ya no llaman la atención los malos gestos o desprecios de los nacionalistas vascos hacia todo lo español. Pero no sé cómo habrán visto los profesionales de la milicia el escándalo que ha suscitado el PNV porque el otro día unos militares, al término de sus maniobras en el monte Gorbea, colocaron durante un rato una bandera española al pie de una estructura que hay en la cima, coronada por una cruz de hierro.
Ya han organizado para el primer sábado de julio una marcha al Gorbea, en desagravio por el gesto de nuestro Ejército, para sembrar el monte de ikurriñas. ¡Qué pueril lo de la guerra de banderas!, pero estaría feo que las Fuerzas Armadas recibieran el mensaje de que la bandera de España no puede ondear en cualquier rincón de España.