
Se acerca el segundo aniversario de la
publicación, seguida de secuestro, de aquel número de
El jueves con una caricatura grotesca y de muy mal gusto que nos representaba a la Princesa y a Mí, y alguna advertencia me llega de que en las próximas semanas
podría aparecer algo en la misma línea.
Aquella infausta viñeta y la desafortunada decisión de secuestrar judicialmente una revista prácticamente vendida, no han significado un antes y un después en el tratamiento crítico de la Familia Real.
Ha sido el paso del tiempo, y no aquella revista que se regodeó con la reacción judicial, lo que ha hecho que cada vez se trate en los medios con más atrevimiento a la Monarquía y a quienes la encarnamos. Lo que menos me agrada es que se pase de la adulación a la grosería, sin más. Eso desconcierta a la opinión pública y perjudica a la institución.
Sigo con bastante atención, gracias al escaneo permanente que mi Amada Esposa hace de lo que se dice, se ve y se publica, el hecho de que la Monarquía sea cada vez más objeto de observación irónica, de tratamiento satírico o de parodia. Así se aprecia en columnistas de prensa, en la radio o en programas como el de Wyoming. Y me dicen que acaba de aparecer una web satírica, lavinagreta, que se ocupa de la Corona con bastante intención.
Por lo que he visto en esa página (de autoría muy familiar a este blog) no hay contenido lesivo en el caso de un consultorio sentimental que atiende la petición de quien guarda un traumático recuerdo de una amiguita del colegio de Oviedo, llamada Letizia. Ni en el supuesto anuncio de oferta de empleo, aquí reproducido, para trabajar como contable de la Familia Real.
Esta clase de publicaciones me interesan por su amplia difusión vía internet y porque siempre intento averiguar donde pondrán el límite. Yo me he hecho duro, y soy consciente de lo que hay que aguantar en un puesto como el de Heredero. Pero una cosa es provocar la risa con talento, parodiando o caricaturizando detalles de personalidades, y otra bien distinta es deslizarse por lo grotesco buscando la carcajada fácil a costa del honor o la intimidad de miembros de la Real Familia.